La catástrofe del sumergible Titán conmocionó al mundo, pero la historia exclusiva es más inquietante de lo que imaginas

El edificio de Ciencias Oceánicas de la Universidad de Washington, en Seattle, Estados Unidos, es una estructura de cuatro plantas brillantemente moderna, con grandes ventanales de cristal que reflejan la bahía al otro lado de la calle.

En la tarde del 7 de julio de 2016, se estaba cerrando lentamente.

Las luces rojas empezaron a parpadear en las entradas mientras estudiantes y profesores salían bajo un cielo nublado. Finalmente, solo quedó un puñado de personas en el interior, preparándose para desencadenar una de las fuerzas más destructivas del mundo natural: el peso aplastante de unos 3.5 kilómetros de agua oceánica.

En la instalación de pruebas de alta presión del edificio, una cápsula negra en forma de píldora colgaba de un elevador en el techo. De un metro de largo, era un modelo a escala de un sumergible llamado Cyclops 2, desarrollado por una nueva empresa local llamada OceanGate. El director ejecutivo de la empresa, Stockton Rush, la había cofundado en 2009 como una especie de servicio de alquiler de submarinos, anticipándose a la creciente necesidad de viajes comerciales y de investigación al fondo del océano. Al principio, Rush adquirió submarinos más antiguos, con casco de acero, para las expediciones, pero en 2013 OceanGate había empezado a diseñar lo que la empresa denominaba “un nuevo y revolucionario sumergible tripulado” Entre las innovaciones del submarino estaba su casco ligero, construido con fibra de carbono y con capacidad para más pasajeros que las cabinas esféricas utilizadas tradicionalmente en el buceo de profundidad. En 2016, el sueño de Rush era llevar a clientes de pago hasta el naufragio más famoso de todos: el Titanic, a 3,800 metros bajo la superficie del océano Atlántico.

Los ingenieros introdujeron cuidadosamente el modelo Cyclops 2 en el tanque de pruebas con el morro por delante, como si se cargara una bomba en un silo, y luego atornillaron la tapa del tanque, de 1,600 kilos. Entonces empezaron a bombear agua, aumentando la presión para imitar la inmersión de un sumergible. A nivel del mar, el peso de la atmósfera ejerce una presión de 14.7 libras por pulgada cuadrada (psi). A mayor profundidad, mayor es la presión; a la profundidad del Titanic, la presión es de unos 6,500 psi. Pronto, el manómetro del tanque de pruebas de la UW marcó 1,000 psi, y siguió subiendo: 2,000 psi, 5,000 psi. Alrededor de los 73 minutos, cuando la presión del tanque alcanzó los 6,500 psi, se oyó un rugido repentino y el tanque se estremeció violentamente.

“Lo sentí en el cuerpo”, escribió un empleado de OceanGate en un correo electrónico más tarde esa noche. “El edificio se sacudió y mis oídos pitaron durante mucho tiempo”.

“Asustó a todo el mundo”, añadió.

El modelo implosionó violentamente

El modelo había implosionado miles de metros por debajo del margen de seguridad para el que OceanGate lo había diseñado.

En el arriesgado y costoso mundo de los sumergibles tripulados, la mayoría de los equipos de ingeniería habrían vuelto a la mesa de dibujo, o al menos habrían pedido más modelos para probar. La empresa de Rush no hizo ninguna de esas cosas. En lugar de eso, en cuestión de meses, OceanGate empezó a construir un Cyclops 2 a escala real con base en el modelo que había implosionado. Este diseño de sumergible, más tarde rebautizado como Titán, llegó hasta el Titanic en 2021. Incluso regresó al lugar para realizar expediciones los dos años siguientes. Pero hace casi un año, el 18 de junio de 2023, Titán se sumergió en el infame naufragio e implosionó, matando instantáneamente a las cinco personas que iban a bordo, incluido el propio Rush.

El desastre horrorizó al mundo

Expertos en aguas profundas criticaron las decisiones de OceanGate, desde la construcción de Titan con fibra de carbono hasta el desdén público de Rush por las normativas del sector, que en su opinión ahogaban la innovación. Organizaciones que habían trabajado con OceanGate, entre ellas la Universidad de Washington y la empresa Boeing, publicaron declaraciones en las que negaban haber contribuido a Titan.

Un conjunto de decenas de miles de correos electrónicos, documentos y fotografías internos de OceanGate proporcionados en exclusiva a WIRED por fuentes anónimas arroja nueva luz sobre el desarrollo de Titán, desde su diseño y fabricación iniciales hasta sus primeras operaciones en aguas profundas. Los documentos, validados por entrevistas con dos proveedores externos y varios antiguos empleados de OceanGate con un profundo conocimiento de Titán, revelan detalles nunca antes divulgados sobre el diseño y las pruebas del sumergible. Demuestran que Boeing y la Universidad de Washington participaron en las primeras fases del proyecto del submarino de fibra de carbono de OceanGate, aunque su trabajo no llegó a integrarse en el diseño final de Titán. El hallazgo también revela una cultura empresarial en la que los empleados que cuestionaban el enfoque de alta velocidad y las decisiones de sus jefes eran tachados de excesivamente cautelosos o incluso despedidos. Los antiguos empleados que han hablado con WIRED han pedido que no se les nombre por miedo a ser demandados por las familias de los que murieron a bordo de la nave. Sobre todo, los documentos muestran cómo Rush, cegado por su propia ambición de ser el Elon Musk de los fondos marinos, exageró repetidamente los progresos de OceanGate y, al menos en una ocasión, mintió abiertamente sobre problemas significativos en el casco del Titán, de los que no se había informado anteriormente.

Esta información pertenece a su autor original y se encuentra disponible en: https://es.wired.com/articulos/catastrofe-sumergible-titan-conmociono-mundo-pero-historia-exclusiva-mas-inquietante-de-lo-que-imaginas

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