Por qué Jeff Bezos tiene en el salón de su casa un motor de la misión Apolo 11, el primer viaje a la Luna

Al igual que otros magnates de la tecnología, Jeff Bezos creció leyendo obras de ciencia ficción, como las novelas ambientadas en el espacio de Robert Heinlein o Isaac Asimov. También es un reconocido trekkie que se sabe de memoria los episodios antiguos de Star Trek.

Pero cuando le preguntan en entrevistas por su motivación para fundar Blue Origin —la empresa aeroespacial a la que dedica más tiempo desde que dejó de ser CEO de Amazon—, suele mencionar el 16 de julio de 1969. Ese día, un Bezos de tan solo cinco años vio en directo por televisión el lanzamiento de la misión Apolo 11 a la Luna. Cuatro días después, Neil Armstrong se convertiría en la primera persona en pisar la superficie lunar ante la atenta mirada de 600 millones de telespectadores.

Los cinco motores del Saturno V


La misión Apolo 11 a la Luna despegó a bordo de un poderoso cohete Saturno V de la NASA. La primera etapa del cohete, construida por Boeing, tenía cinco grandes motores F-1 fabricados por Rocketdyne.

Estos motores de casi 4 metros de diámetro en la parte más ancha de su tobera generaban cada uno un empuje de 6,7 millones de newtons, suficiente para elevar el cohete de 2.800 toneladas desde la plataforma de lanzamiento hasta una altitud de 67 kilómetros, donde la primera etapa se separaría de la segunda a una velocidad de 8.600 km/h.

Con el combustible agotado, la primera etapa, denominada S-IC, caería a plomo en el océano Atlántico, donde se hundiría tras el impacto sin que estuviera previsto recuperarla. Pasaron 44 años hasta que alguien decidió ir a buscarla al fondo del océano. Y ese alguien fue Jeff Bezos.

Expedición al fondo del Atlántico

Cámara de combustión recuperada por el equipo de Bezos

En 2012, ya convertido en una de las personas más ricas del mundo gracias a sus acciones de Amazon, pero aún lejos del patrimonio que ha acabado amasando, Jeff Bezos hizo caso a su niño interior y financió el rescate de los motores F-1 que habían lanzado las misiones Apolo.

La idea le vino en el salón de su casa mientras navegaba por internet. Bezos se topó con las coordenadas de impacto de aquel Saturno V y pensó: “esto va a ser pan comido”.  A través de su fondo Bezos Expeditions, el fundador de Amazon puso en marcha un equipo de recuperación, el F-1 Engine Recovery Project. Pero no fue pan comido.

Hicieron falta 60 personas, tecnología de vanguardia y tres semanas complicadas en alta mar, pero en marzo de 2013, el equipo logró sacar varios componentes de los motores de la misión Apolo 11 del fondo del océano Atlántico. Estaban a una profundidad de 4.300 metros.

En el barco, hasta los padres de Jeff Bezos celebraron. “Mi madre era la única mujer en un grupo de 60 hombres”, contaría Bezos más adelante, añadiendo que el capitán noruego de la embarcación había retirado por respeto todo el material pornográfico de las paredes.

De Apolo 11 a la mansión Bezos

Una pieza de motor del Apolo 11 recuperada por el equipo de Jeff Bezos

Entre los componentes recuperados había cámaras de empuje, generadores de gas, inyectores, intercambiadores de calor, turbinas, colectores de combustible y decenas de otros elementos. Tanto de la misión Apolo 11 como de otras misiones Apolo.

Si bien no estaban en el estado prístino que tienen las piezas de museo de los cohetes Saturno V que nunca volaron, eran los auténticos motores que nos llevaron a la Luna; con permiso de Yuri Gagarin, las misiones al espacio que más profundamente han cambiado nuestro mundo.

Los artefactos recuperados aquellas semanas de 2013 se han exhibido en numerosos museos, pero Bezos se quedó con algún souvenir. En una urna del salón de su mansión de Washington D. C. hay parte de un motor de Apolo 11. Sin duda algo de lo que solo Jeff Bezos puede presumir cuando tiene invitados en casa.

Esta información pertenece a su autor original y se encuentra disponible en: https://www.xataka.com/espacio/que-jeff-bezos-tiene-salon-su-casa-motor-mision-apolo-11-primer-viaje-a-luna

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