¿Tienes hambre? Cómete un robot

Lo primero que probablemente te venga a la cabeza al hablar de robots y comida es algún autómata moviéndose por las salas de los restaurantes haciendo de mesero, o de máquina expendedora. Pero seguramente no habrás pensado en comerte al robot.

Sin embargo, esta es la extraña idea de Robofood, un proyecto financiado por la Unión Europea (UE) en el que también participa elInstituto Italiano de Tecnología (IIT); robots que se pueden comer, pero también comida que se comporta como un robot. Uno de los protagonistas del proyecto, sobre todo por la parte electrónica, es Mario Caironi, un investigador que se hizo famoso el año pasado por haber dirigido el equipo de científicos que firmó el desarrollo de la primera batería comestible italiana, celebrada por Time como uno de los mejores inventos de 2023. Un dispositivo a base de quercitina, riboflavina, cera de abeja, carbón activado, alga nori y oro comestible, y que, según sus creadores, podría utilizarse para alimentar dispositivos de bajo consumo. ¿Con qué fin? Quizá para sustituir las pilas de los juguetes destinados a los más pequeños, que corren el riesgo de ser ingeridas. Pero la idea de Caironi es ir mucho más allá de esa pila, imaginando robots que se puedan comer y alimentos que también puedan ser robots. ¿Por qué?

Por qué crear robots comestibles

En cuanto al uso de robots comestibles, una de las posibles aplicaciones podría ser la alimentación de personas en situaciones difíciles”, explica Caironi a WIRED Italia, “con la creación de drones comestibles, por ejemplo. El dron es un vehículo para transportar material, pero solamente puede cargar material hasta cierto peso. Si parte de los drones se hiciera comestible podríamos tener más comida para transportar. Por ejemplo, podríamos sustituir las alas y otras partes mecánicas por materiales comestibles que cumplan unos requisitos nutricionales precisos”. Otra aplicación podría ser el uso de robots comestibles como vehículos para transportar medicamentos a animales salvajes, prosigue Caironi: “Algunos animales no comen alimentos que no se mueven, y en este caso podríamos utilizar los robots para crear un efecto de presa. El mismo efecto podría repetirse en el caso de los alimentos utilizados para alimentar las granjas de acuicultura, evitando que los alimentos no consumidos se esparzan por el lecho marino”. Menos revolucionario en este contexto parece el uso de robots para el desarrollo de píldoras comestibles, un proyecto en el que trabaja actualmente el equipo de Caironi.

La otra gran vertiente de Robofood apunta a la creación de alimentos robóticos. En este caso, las motivaciones tienen sin duda un aspecto lúdico, recordando la posibilidad de jugar con la comida para crear efectos especiales, admite el investigador. “Pero tampoco podemos excluir la posibilidad de que la comida robótica favorezca un nuevo tipo de interacción con los alimentos que sería útil con fines educativos o en contextos en los que se observa una relación problemática con la comida”. De todo ello hablan Caironi y sus colegas, dirigidos por Dario Floreano, de la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL), en las páginas de Nature Review Materials.

Encontrar propiedades de interés en los alimentos

La clave, escriben los autores y reitera Caironi, es buscar entre los alimentos, entre las sustancias comestibles, aquellas que tengan las propiedades de interés para las distintas partes de los robots, considerando también parámetros como la densidad y la elasticidad. ‘Así, por ejemplo, como sensores podríamos imaginar explotar el poder de la col, que gracias a los flavonoides cambia de color en función del pH, o los polvos de carbón vegetal como conductores, o incluso los carotenoides, ‘colorantes’ vegetales, como semiconductores’.

La lista es larga, y cuenta también las gelatinas, el almidón, los mucílagos, el chocolate y la goma arábiga como pegamentos comestibles, para atrapar algo, explican los expertos, o la cera de abejas y las hidrofobinas (proteínas derivadas de los hongos) como cuerpos y recubrimientos hidrófobos, para tolerar ambientes húmedos, cuando se requiera. Las pectinas, por su parte, podrían utilizarse como sensores de temperatura, los hidrogeles como sensores de presión, pero también como actuadores, junto con las gelatinas que se deshidratan y luego se rehidratan cuando es necesario. Todo más o menos procesado, integrado en sistemas complejos, para intentar conseguir las propiedades y las prestaciones deseadas, resume Caironi. “Uno de los mayores retos que tenemos por delante es precisamente este, encontrar el compromiso adecuado entre el aspecto comestible y nutricional y el rendimiento, porque tenemos que satisfacer ambos. Porque si bien es cierto que existen materiales interesantes, los retos que esperan a los investigadores son muchos, como explican en su artículo. Desafiantes siguen siendo sobre todo la parte computacional, con el desarrollo de circuitos que puedan interpretar la información y luego dirigirla hacia acciones, y la parte energética. Para hacer funcionar un circuito, nuestra batería podría ser suficiente, pero para crear movimiento mecánico, las energías implicadas son mucho mayores y normalmente tienen que ver con el uso de bombas hidráulicas”, resume Caironi, “tenemos que encontrar alternativas. Podríamos aprovechar el efecto creado por el vinagre y el bicarbonato mezclados. Producen gas y pueden aprovechar esta reacción para realizar un movimiento, por ejemplo”.

Robots comestibles y comida robótica

Ya existen algunos ejemplos de componentes individuales de robots comestibles, al menos en parte. Desde EPFL mencionan los proyectos realizados con socios en la materia, como el robot volador con alas comestibles, o la pinza robótica con brazos gelatinosos.

Incluso algunos alimentos robóticos ya han hecho su debut: hay cubos que se abren en presencia de jugo de limón, revelando su contenido, o pasta plana que florece en formas tridimensionales solo cuando se cocina. “En un futuro próximo esperamos integrar cada vez más los distintos componentes. Una vez identificados los componentes mecánicos y electrónicos adecuados, los dos aspectos del proyecto, robots que comen y comida robótica, estarán menos distantes”, concluye Caironi, “por ahora nos estamos divirtiendo mucho”.

Artículo publicado originalmente en WIRED Italia. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.

Esta información pertenece a su autor original y se encuentra disponible en: https://es.wired.com/articulos/tienes-hambre-comete-un-robot-comestible

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