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Con qué frecuencia debes cambiarte los calcetines, según la ciencia

¿Con qué frecuencia deben cambiarse los calcetines? Esta pregunta es el eje de una investigación dirigida por la microbióloga Primrose Freestone, de la Universidad de Leicester, publicada en la revista The Conversation, que expone las razones científicas por las que conviene cambiarlos con mucha frecuencia.

Que los culpables sean los microbios no es una casualidad

La cuestión de la higiene está estrechamente ligada a los efectos de la presencia de microorganismos en el pie y, por extensión, en los zapatos y los calcetines. El pie es una región del cuerpo ideal para la proliferación de hongos y bacterias, tanto por su temperatura como por su nivel de humedad, hasta el punto de que se calcula que puede albergar hasta mil especies diferentes.

Estos microorganismos proliferan en los pies alimentándose del sudor y de las células muertas de la piel, y pasan con facilidad a los calcetines y al calzado, donde también pueden permanecer durante largos periodos, desprendiendo los típicos malos olores. Pero nosotros también podemos contribuir a favorecerla. ¿Cómo? En primer lugar, reutilizando los calcetines, pero también lavándolos a bajas temperaturas, lo que dificulta la eliminación de los microorganismos; usando calcetines sintéticos, que favorecen el arraigo de las bacterias; no secándolos al aire libre ni planchándolos; y utilizando con frecuencia el mismo calzado. Las altas temperaturas y la radiación solar pueden ayudar a eliminar los microorganismos residuales, al igual que los calcetines antibacterianos y de bambú. «Teniendo en cuenta todos estos factores, no hay discusión: los calcetines deben cambiarse a diario. Y no solo para garantizar una limpieza adecuada», indica Freestone. La investigadora puntualiza que las condiciones de humedad y calor propias del pie pueden favorecer el desarrollo de infecciones como el pie de atleta, una micosis que se manifiesta con enrojecimiento de la piel, ampollas y descamación, y que puede ser contagiosa, especialmente cuando se comparten espacios como piscinas y gimnasios, donde es habitual caminar descalzo.


Entre clips virales y gimnasios abarrotados, esta nueva disciplina de carreras de fitness se está convirtiendo en el reto del momento, compartido y probado incluso por aquellos que entrenan más en redes sociales que en la caminadora.


¿Cómo puedo eliminar las infecciones en los pies?

Garantizar la limpieza de los pies, del calzado y de cualquier otro elemento que entre en contacto con pies potencialmente infectados, especialmente en zonas públicas y compartidas, puede resultar complicado. Por ello, los expertos recomiendan recurrir a lavados a altas temperaturas, desinfectantes, luz solar y textiles antimicrobianos. No obstante, una higiene adecuada de los pies no se limita únicamente a las prácticas de limpieza, como los lavados frecuentes o el cambio diario de calcetines.

Tal como explican los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), para reducir el riesgo de infección también es importante cortar las uñas con regularidad y vigilar el aspecto de los pies, tratando a tiempo cualquier problema que afecte a la piel o a las uñas. Conviene prestar atención no solo a la higiene personal, sino también a la de los centros de cuidado y belleza que se frecuentan. Los CDC hacen especial hincapié en el controvertido recurso de la pedicura con peces.

No solo cambies tus calcetines, también tus sábanas

Del mismo modo, mantener una correcta higiene de la cama es también una cuestión de salud. La microbióloga señala que no solo se acumulan las células muertas de la piel, el sudor y la microbiota cutánea en la cama, sino también los contaminantes y alérgenos con los que hemos estado en contacto durante el día. Los ácaros, pequeños artrópodos que provocan alergias y se alimentan de nuestra piel, también se alojan y se multiplican en la ropa de cama, al igual que ciertos hongos que prosperan en las almohadas y que pueden desencadenar problemas respiratorios e infecciones. La recomendación es lavar la ropa de cama al menos una vez por semana.

Más allá de las consideraciones higiénicas, la frecuencia con la que se cambian las sábanas y el resto de elementos de la cama, desde edredones hasta almohadas, también responde a cuestiones de bienestar. Además de los efectos desagradables del sudor, la saliva y la acción de microorganismos y ácaros, los materiales acaban por degradan y pierden forma, consistencia y volumen, lo que acaba afectando a la calidad del sueño.

Artículo originalmente publicado en WIRED Italia. Adaptado por Alondra Flores.

DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://es.wired.com/articulos/con-que-frecuencia-debes-cambiarte-los-calcetines-segun-la-ciencia

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