Geopolítica de consumo rápido: El peligro de reducir una intervención militar a un video de 60 segundos

«He conversado con muchos amigos venezolanos y algo que me decían constantemente es: ‘No estamos de acuerdo con que bombardearan nuestro país, pero algunos lo vemos como la única forma de remover al dictador del poder‘. Muchos dicen que se intentó por la vía legal, política y electoral sin resultados; solo una intervención directa logró derrocarlo. Obviamente, como mexicano externo a la situación, no comparto ese dolor porque no lo viví», explica Teca Tecayahuatzin Mancilla.“Pero también están los venezolanos a favor del régimen, que denuncian esta intervención como una violación a su soberanía. Hay mucha polaridad y ambas opiniones son válidas porque cada quien tiene su ideología, perspectiva y vivencias. Es válido que unos digan: ‘No apoyamos el intervencionismo, pero no veíamos otra salida’. Y que otros afirmen: ‘Violaron nuestra soberanía y tememos lo que sigue’. Porque Trump ha dicho que no habrá elecciones y que controlarán el país hasta lograr una transición adecuada. Hay miedo al futuro, pero también alivio porque una crisis terminó”
Para el doctor en Comunicación, Julio Juárez “Hay una mezcla de celebración y euforia”, adoptando la lógica triunfalista de Trump: «Yo los liberé», «tomé una decisión valiente», «fue una operación militar impecable». “Es una parte muy propagandística que le conviene mucho en el contexto actual de Estados Unidos frente a una elección intermedia; le sirve para enviar una señal a la región y al mundo”, explica el académico.
«El gran desafío es la calidad de los contenidos, pues hay mucho ruido, desinformación y banalidad. Sin embargo, confiamos en que los usuarios tengan la capacidad de consumir y compartir contenidos de fuentes confiables», explica Rafael Uzcátegui, codirector de Laboratorio de Paz. «La discusión política pública está totalmente vetada en Venezuela. Incluso los espacios privados de conversación política han desaparecido casi por completo debido al miedo. Sabemos que la gente sigue consumiendo contenidos, pero con el cuidado de no dejar rastro digital: sin retweets, sin likes. Las redes sociales son el último espacio donde las personas pueden acceder a información sobre la situación real del país».
Uzcátegui añade: «Los espacios de confianza se han reducido drásticamente. En el caso venezolano, los chats de WhatsApp son donde más se comparte información, como lo evidenció la experiencia de las elecciones presidenciales de 2024. El desafío ahora es alimentar con contenidos de calidad esos archipiélagos, esos espacios de confianza donde la gente se ha recluido debido a la delación comunitaria y la persecución».
El desafío para las redes, el orden
El gran desafío para las redes como la nueva plaza pública es precisamente el orden, afirma Juárez. “¿Cómo organizas esta conversación? No solo distinguir lo verdadero de lo falso, sino lidiar con las burbujas informativas, los memes de Maduro como DJ, y la transformación de significados que va desde lo chusco hasta la propaganda política dura. ¿Quién pone orden?”, se pregunta. «Creo que los medios aún tienen un rol fundamental. Son los más calificados para, al menos, ordenar la conversación; no para decirnos qué pensar, sino para decir: «miren, esto pasó, estas son las implicaciones, de esto se está hablando y hay que tener cuidado con esto otro». Alguien tiene que encargarse de ordenar la fiesta porque si vas al timeline de TikTok, X o Instagram, lo que encuentras es un caos. Pasamos del género de la noticia dura al discurso de odio sin filtros», explica.
Para Teca, de Historia para Tontos, en las redes hay mucho eco de la desinformación. “Las redes sociales han provocado recientemente un cierre al diálogo. Noto que la gente a veces tiene miedo al diálogo porque tienen miedo de no tener la razón. Se quedan estancados en una idea. Ya no hay diálogo donde puedas decir: «Entiendo tu punto, escucha el mío». Eso se ha perdido en las redes; todo se encuadra en blanco o negro. No hay matices», sostiene. «Una persona se siente respaldada por 10,000 más y cree que tiene la razón, cerrándose a cualquier apertura. Todos tenemos ideales, pero deberíamos estar abiertos a escucharnos, incluso si no estamos de acuerdo. Ese es el objetivo del diálogo. En la carrera de Relaciones Internacionales nos decían que el diálogo es complementario y es muy bueno cuando ninguna de las partes está de acuerdo, porque significa que hubo un buen debate; no hubo ganadores, simplemente se compartieron ideas. Las redes ya no tienen esa apertura”.
Para el doctor en Comunicación Política, el factor principal tras la disrupción digital es la desintermediación. Básicamente significa que ahora cada uno de nosotros es su propio medio de comunicación. “Es la venta que nos han hecho estas plataformas: tú eliges de qué informarte y te quedas en tu entorno. Eso implica que eliges información para validar lo que ya sabías o pensabas. Si crees que lo de Venezuela fue bueno, buscarás lo que sostenga eso, y viceversa. Es generar una caja de resonancia donde solo escuchamos lo que queremos oír”, explica Julio Juárez.
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