La IA nos alcanzó en América Latina sin estar listos (otra vez)

Lo voy a escribir con claridad: ya hemos vivido casi 30 años desde que Internet llegó a nuestras vidas. Para los que vivimos su adopción, evolución y maduración, la gran fotografía que tenemos es de “progreso” pero nunca logramos “democratizar” ese progreso. Y la razón es una muy simple: nunca invertimos en el desarrollo de una verdadera “cultura digital”. Es decir, en América Latina todos nos convertimos en “usuarios/consumidores” pero una parte mínima en “creadores conscientes”, que lograron aprovechar el potencial verdadero de cada disrupción tecnológica.
Hoy estamos frente a una nueva disrupción, la más potente de toda la historia de la humanidad: la Inteligencia Artificial. Y la pregunta más importante en este momento, es respondernos cómo queremos entenderla, aprovecharla pero sobre todo, liderarla. Porque la IA es un potenciador de todo lo que hemos hecho y dejado hacer en la fase previa “digital-conectada”.
Mientras escribo este artículo, se está desarrollando el Congreso Futuro en Chile. Uno de los temas centrales del evento ha sido la prohibición de teléfonos inteligentes en las aulas chilenas, luego de que la Cámara de Diputados ratificara el proyecto el 2 de diciembre de 2024 con amplia mayoría. El ministro de Educación, Nicolás Cataldo, calificó esta medida como una respuesta a la «pandemia» de celulares en las escuelas. Los establecimientos educacionales tendrán plazo hasta junio de 2026 para actualizar sus reglamentos internos.
La ley aprobada prohíbe el uso de teléfonos móviles y dispositivos electrónicos similares en las aulas de todos los niveles educativos, desde parvularios hasta secundaria. La medida busca reducir distracciones y mejorar el rendimiento académico, la convivencia y la salud emocional de los estudiantes.
El mismo debate se está llevando en ciudades como Medellín en Colombia, en donde compañías como COMFAMA han abierto el debate público respecto a una pregunta: qué tal si sacamos el teléfono móvil del aula. Como parte de una campaña o iniciativa de reflexión sobre el uso de celulares en entornos educativos, más que una política o servicio específico que se pueda «sacar» mediante un proceso administrativo.
La campaña busca promover la concentración y reducir las distracciones en las aulas.
Por ahora en Colombia no existe una política nacional que elimine por completo los teléfonos móviles de todas las escuelas. La Ley 2170 de 2021 regula su uso adecuado en entornos educativos, dejando la decisión de restricciones a cada institución mediante acuerdos de convivencia escolar.
En la ciudad en la que habito, Querétaro, su Congreso aprobó por unanimidad en 2025, una reforma que prohíbe el uso de celulares en clases y endurece penas por grooming y delitos digitales contra menores.
En específico, la “Ley para la Protección de Niñas, Niños y Adolescentes en el Entorno Digital”, establece medidas para regular el uso de celulares en escuelas y restringir el acceso de menores a redes sociales en horario de clases, con el objetivo de prevenir delitos digitales como el grooming y el sexting.
La secretaria de Educación del estado, Martha Elena Soto, informó que se están aplicando encuestas en niveles de educación básica y media superior para evaluar el impacto de estas medidas.
¿Prohibir es la solución?
Lo cierto es que históricamente nunca hemos resuelto nada tomando la postura de la “prohibición”. No podemos solo prohibir el Internet, las redes sociales, los smartphones o la IA solo porque tenemos evidencia que tienen efectos negativos en una generación.
El problema no radica en la tecnología per se, sino en la forma en que la utilizamos y comprendemos, una vieja conclusión que nunca terminamos de interiorizar.
No podemos darnos el lujo de volver a ser ingenuos frente a nuestra tecnología. Lo que necesitamos es entender profundamente por qué experimentamos esos efectos negativos. Descubriremos entonces que existe un vacío en la manera en que hemos desarrollado nuestra «cultura digital» en torno a estas herramientas.
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