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Robots más cerca de los humanos: cómo hacer segura la convivencia con máquinas autónomas

Parte del trabajo del proyecto consiste en romper con esa rigidez, permitiendo que los robots actualicen su mapa, ajusten su comportamiento y reaccionen sin necesidad de reprogramación. “Queremos que el propio robot sea capaz de reasignar y remapear el entorno de forma dinámica, sin intervención manual”, comenta García.

Los robots deben adaptarse al entorno, no al contrario

La palabra “autoadaptativo” se ha vuelto común en robótica, pero no siempre se entiende en profundidad. Para RoboSAPIENS, adaptarse no significa simplemente corregir un error, sino responder de forma abierta a cambios estructurales, tanto del entorno como del propio robot.

García lo explica con claridad: “Si el robot detecta que se mueve más lento por desgaste de componentes, debería decidir por sí mismo ir a una estación de mantenimiento; si ocurre una evacuación, debe entender que su tarea deja de ser prioritaria y que no puede bloquear una salida de emergencia”.

La adaptación, insiste, nunca puede poner en peligro a las personas. Este enfoque se apoya en arquitecturas de aprendizaje continuo como el ciclo MAPE-K, que permite al robot monitorear, analizar, planificar, ejecutar y aprender de cada interacción, construyendo conocimiento a partir de la experiencia.

“La verdadera autoadaptación no es simplemente recuperarse de un error. Un robot realmente autoadaptativo debe ser capaz de realizar una adaptación abierta, lo que llamamos open-ended self-adaptation”, asegura el experto.

Máquinas diseñadas para convivir, no para imponer reglas

La convivencia humano-robot introduce un reto que la robótica industrial clásica evitaba: el contacto. A diferencia de los grandes brazos industriales, rápidos y, en muchos casos, encerrados, los robots colaborativos deben moverse cerca de personas, ser tocados y reaccionar de forma segura.

“Los humanos tienden a probar al robot, a empujarlo, a ver qué hace”, señala García. “Eso hay que anticiparlo desde el diseño”.

Por eso, la seguridad ya no depende solo del software, sino también de factores físicos y de comportamiento como limitar velocidades, crear distancias dinámicas de seguridad, evitar conductas peligrosas y garantizar que incluso un movimiento inesperado no cause daño.

Aquí el verdadero desafío no es solo técnico, sino cultural. Para que los robots se integren en espacios humanos, deben generar confianza. Esa confianza no se logra con promesas de eficiencia, sino con comportamientos predecibles y respetuosos del entorno humano.

García lo vincula con un cambio más amplio. La transición hacia la Industria 5.0, un modelo en el que la tecnología deja de exigir que el humano se adapte a ella. “No es la persona la que debe ajustarse al robot, sino el robot el que tiene que entender al humano”, afirma.

Ese enfoque explica por qué la inteligencia artificial, aunque central, no se concibe como una capa que sustituye al control humano, sino como una herramienta para interpretar el entorno, aprender del comportamiento real y facilitar interacciones más naturales.

Una nueva normalidad

La normalización es el último paso. En hospitales asiáticos, donde flotas de robots ya circulan por pasillos y ascensores, la reacción inicial de sorpresa da paso rápidamente a la indiferencia. El robot deja de ser novedad y se convierte en parte del paisaje, como ocurrió con las aspiradoras autónomas.

Ese futuro solo es viable si la convivencia es segura. RoboSAPIENS parte de una premisa clara: si los robots van a compartir nuestro espacio, deben entender nuestras reglas, no al revés.

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Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://es.wired.com/articulos/robots-mas-cerca-de-los-humanos-como-hacer-segura-la-convivencia-con-maquinas-autonomas

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