Trump dinamita la arquitectura climática global al retirar a EE UU de 66 organismos

Estados Unidos abandona 66 organizaciones internacionales. Se trata del último movimiento intempestivo de la administración estadounidense, liderada por Donald Trump, para romper con la cooperación internacional, incluso en el seno de las Naciones Unidas. Una cooperación construida laboriosamente desde el final de la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de encontrar soluciones comunes a los problemas globales.
En la extensa lista publicada en el sitio web de la Casa Blanca figuran organizaciones vinculadas al sistema de la ONU, así como otras creadas para abordar cuestiones medioambientales, económicas y sociales en ámbitos regionales. No obstante, lo que generó mayor conmoción fue la decisión de cortar todos los lazos con iniciativas relacionadas con la protección del clima y el desarrollo de energías limpias.
Clima y medio ambiente en el punto de mira
Si la segunda salida del Acuerdo de París había sido una señal de alarma, ahora Washington ha decidido retirarse de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992 (CMNUCC), firmada y ratificada bajo la presidencia de George H.W. Bush y que luego dio origen también al Protocolo de Kioto.
La CMNUCC es uno de los tres grandes acuerdos para la protección de nuestro planeta que alumbró la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro junto con el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD) y la Convención de Lucha contra la Desertificación (UNCCD).
Por otro lado, entre las organizaciones afectadas se encuentran el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que reúne a científicos de todo el mundo y proporciona periódicamente a los gobiernos herramientas clave para la toma de decisiones fundamentadas. También figura la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), la principal plataforma internacional dedicada a promover el sistema energético mundial.
«No seguiremos gastando recursos ni capital diplomático participando en instituciones que son irrelevantes o que entran en conflicto con nuestros intereses. Estamos a favor de la cooperación cuando esta sirve a nuestro pueblo», expresó el secretario de Estado, Marco Rubio, en un comunicado.
La salida formal
Las modalidades de las distintas retiradas siguen sin estar claras. El anuncio de la Casa Blanca adopta la forma de un memorando dirigido a los departamentos y agencias pertinentes, y no de una orden ejecutiva. «Trump se limita a invocar de manera genérica las facultades constitucionales del presidente, sin citar ningún artículo ni disposición legal concreta. Por lo tanto, nos encontramos ante un texto de difícil interpretación jurídica», comentó Jacopo Bencini, analista político y presidente de la Red Italiana del Clima, en declaraciones a Wired Italia. Además, es importante subrayar que el documento se refiere tanto a la «retirada» como a la «interrupción de la financiación», dos opciones con implicaciones muy distintas.
«En la COP30 de Belém se percibió con claridad el peso del poder estadounidense: no estaban, pero era como si estuvieran. La ausencia de Trump se convirtió en una presencia. Normalmente, cuando un actor hostil no participa en una asamblea, las decisiones se adoptan con mayor facilidad. En este caso ocurrió lo contrario: las negociaciones se complicaron precisamente por la falta de EE UU», señaló Riccardo Valentini, profesor de Ecología Forestal en la Universidad de Tuscia.
Lo que más preocupa es el futuro de la ciencia, su imparcialidad y su libertad
Valentini fue también autor principal y coordinador del tercer y quinto informes del IPCC sobre impactos climáticos y adaptación, por lo que le preguntamos cuáles podrían ser las consecuencias de esta decisión desde el punto de vista científico. «Gran parte de la información que recibimos sobre el clima, la atmósfera, los gases de efecto invernadero y el estado de los océanos procede del enorme esfuerzo de Estados Unidos en la financiación de grandes redes de observación», explicó. Añadió que EE UU desempeña un papel clave, junto con Europa, en la creación y el mantenimiento de redes de observación oceánicas, terrestres y atmosféricas.
Esto supone, por tanto, un enorme paso atrás, con graves perjuicios tanto para la comunidad científica como para la calidad y continuidad de los datos disponibles. Sin embargo, según Valentini, el efecto más peligroso de esta decisión es «el abandono total de la voluntad de estudiar el cambio climático y de proporcionar datos». Es como si se prefiriera no tener datos antes que enfrentarse a una realidad que está cambiando de forma tan dramática. En este contexto, ocultar datos se convierte en la mejor estrategia. Por su parte, Bencini teme que el IPCC quede a merced de los intereses particulares de los países árabes.
Aun así, ambos expertos intentan mirar más allá. Aunque Valentini aún cree «en la economía real, en el desarrollo tecnológico y en la investigación», reconoce que estos avances beneficiarán principalmente a China, dejando a Europa en una posición secundaria; Bencini considera que dos factores serán determinantes para la resiliencia del orden mundial tal como lo hemos conocido hasta ahora: en primer lugar, «cuántos países seguirán a Trump en su destrucción gradual del sistema de gobernanza global» y, en segundo, «qué grado de oposición interna logrará desafiar estas decisiones en los frentes jurídico y político», de cara a las elecciones presidenciales de 2028, que, al fin y al cabo, no están tan lejos.
Artículo originalmente publicado en WIRED Italia. Adaptado por Alondra Flores.
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