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Un nuevo cálculo borra de un plumazo la posibilidad de vida compleja en el 80% de sistemas estelares del universo

Para que un planeta alguna vez desarrolle vida compleja tal como la conocemos no basta con que sea rocoso, o que se ubique a la distancia ideal de su estrella, o que forme una atmósfera capaz de conservar agua líquida; también necesita recibir el tipo correcto de luz para que los organismos más simples produzcan su propio alimento y oxigenen el planeta.

Aunque los requisitos para replicar un escenario parecido al de la Tierra son numerosos, resulta fácil imaginar que se cumplen con frecuencia en algún punto del universo observable. Sin embargo, cada nueva investigación parece reducir las probabilidades de encontrar un mundo capaz de sostener biología compleja.

Una nueva estimación científica menciona que los planetas que se forman en las estrellas más comunes del universo, las enanas rojas (tipo M), no reciben la energía necesaria para que los microorganismos inicien una explosión de oxígeno que transforme la atmósfera y permita la evolución de seres más complejos durante millones de años.

Este cálculo, aún pendiente de revisión para ser publicado en una revista académica, resulta crucial. Hoy, los planetas rocosos que giran alrededor de soles rojos ultrafríos, como los del sistema TRAPPIST‑1, figuran entre los principales candidatos a mundos habitables.


Marte podría albergar a los primeros humanos en los 2030 usando recursos locales. Una propuesta clave: domos de hielo marciano tipo iglú, que protegerían de la radiación, dejarían pasar la luz y elevarían la temperatura.


El oxígeno importa más de lo que parece

La Tierra no nació con atmósfera ni con el oxígeno libre que hoy respiramos. La explicación clásica del origen apunta al Gran Evento de Oxidación, cuando las primeras cianobacterias aprendieron a realizar fotosíntesis hace 2,500 millones de años. Ese mecanismo masivo absorbió el dióxido de carbono abundante en la Tierra primitiva y lo transformó en oxígeno, cambiando para siempre la historia del planeta.

Con el tiempo, los gases se combinaron y formaron la atmósfera actual, que también estabilizó la temperatura global. Solo después de esa oxidación masiva surgió la vida compleja. Las células desarrollaron nuevas rutas metabólicas y evolucionaron hasta formar núcleos, mitocondrias y redes internas. Una vez establecida esta plataforma, la evolución siguió tres grandes caminos: plantas, hongos y animales.

Fotones únicos del Sol

Para que ocurra un evento similar, la estrella debe emitir un tipo particular de luz: los fotones PAR (photosynthetically active radiation). Estos fotones permiten una fotosíntesis sostenida y eficiente, capaz de detonar un evento de oxidación global.

El estudio calcula que los planetas que orbitan enanas rojas reciben muy pocos fotones PAR. Según el paper, el Sol emite hasta un 22% de sus fotones en ese rango, mientras que una estrella roja ultrafría apenas alcanza el 0.15%. Esta enorme diferencia dispara el tiempo necesario para que ocurra un evento de gran oxidación.

En el peor escenario, un planeta rocoso en TRAPPIST‑1 necesitaría 63,000 millones de años para alcanzar niveles de oxígeno libre comparables a los de la Tierra. En el mejor, unos 10,000 millones de años. Para ponerlo en contexto, la Tierra tardó entre 200 y 400 millones de años.

“Concluimos que en un planeta hipotético (similar a la Tierra en tamaño, pero girando alrededor de una enana roja), el oxígeno nunca alcanzaría niveles significativos en la atmósfera, y mucho menos una explosión cámbrica”, sentenciaron los autores.

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Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://es.wired.com/articulos/un-nuevo-calculo-borra-de-un-plumazo-la-posibilidad-de-vida-compleja-en-el-80-de-sistemas-estelares-del-universo

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