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Venezuela en la jaula digital: el reto de informarse entre censura, detenciones y bloqueos

El estruendo de los bombardeos fue el aviso contundente del ataque militar de Estados Unidos para los adormilados vecinos de La Carlota, en Caracas, una urbanización adyacente a la base aérea donde cayeron algunos de los proyectiles lanzados por la «Operación Determinación Absoluta” la madrugada del sábado 3 de enero de 2026 en Venezuela.

Lo primero que pensó Marina G. fue que se trataba de un terremoto, por la vibración de los pisos, paredes y ventanas de su apartamento ubicado en un segundo piso. Su gata pegó un brinco y se escondió durante varias horas, mientras que los perros de los vecinos no paraban de ladrar. Pero la persistencia de un extraño zumbido de motor en el aire (aeronaves militares sobrevolando la ciudad a poca altura, lo supo más tarde), así como la imagen de un grupo de cadetes en camiseta y pantalones cortos huyendo de la comandancia del Ejército, le indicaron que algo distinto estaba pasando.

Marina no tenía forma de verificarlo por canales que en otros países serían de fácil acceso. Por eso ni se molestó en prender la televisión o la radio para buscar información cuando comenzaron, en simultáneo, los asaltos en 11 puntos de interés militar en Caracas y otros tres estados del país. La televisora estatal Venezolana de Televisión (VTV), por ejemplo, retransmitía a esa hora la visita del ministro de Cultura a Rusia. Al confirmar que su celular sí tenía señal, comenzó a recibir por WhatsApp decenas de mensajes alertando: “¡Están bombardeando Caracas!”.


EE UU tumba a Maduro del poder pero impone una “transición tutelada” que mantiene al madurismo, prioriza el petróleo y deja la democracia en segundo plano. Sin un plan concreto hacia una transición democrática, Venezuela enfrenta el riesgo de una continuidad autoritaria con el visto bueno de Donald Trump.


En la hora más oscura de la incertidumbre colectiva, ningún equipo de reporteros de medios independientes pudo salir a registrar lo que estaba pasando en la calle. Después de años de acosos judiciales y físicos, encarcelamientos y censura a los periodistas por parte del gobierno, hoy lo que hay son redacciones desmanteladas, recursos diezmados y una inseguridad completa, que pesaron al momento de poder informar a la población en un evento crucial.

El miedo que sienten los periodistas es similar al de la gente común. El miedo a una detención arbitraria, a ser encarcelados sin motivo, torturados o extorsionados, un miedo que ha llevado a los ciudadanos en Venezuela a practicar la profilaxia digital como mecanismo de supervivencia. Han aprendido a restringir chats, mover material sensible a carpetas ocultas y activar el borrado automático de mensajes “comprometedores”. En la medida de lo posible dejan el celular en casa. Si no, antes de salir, eliminan todas las fotos, stickers y memes en el celular que puedan prestarse a ser interpretados como mensajes terroristas. Este estado de paranoia colectiva también ha servido para mantenerse informados sin sucumbir a la dictadura.

Son, en gran parte, los ciudadanos quienes han tejido esta red de información. Tras los bombardeos del 3E (3 de enero), comenzaron a circular los primeros videos grabados por personas que presenciaron en directo explosiones desde sus ventanas y balcones, o desde la playa quienes aún festejaban la llegada del Año Nuevo. Incluso excursionistas que acampaban en la cima del Cerro Ávila, en el Parque Nacional Waraira Repano, lograron tomas panorámicas de las bombas estallando sobre el Valle caraqueño. Poco después, las cadenas internacionales confirmaron la noticia.

En el interior del país, la conectividad resultaba aún más enrevesada. En San Rafael de Mucuchíes, un pueblo apacible de la cordillera andina, en el estado Mérida, un grupo de excursionistas intentaba pedalear al frenético ritmo de los acontecimientos con un internet intermitente a 3 140 metros sobre el nivel del mar. Se enteraron de las noticias por las llamadas recibidas a través de operadoras telefónicas como Movistar (Telefónica) y Digitel, no por la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp. Al final, atravesaron el páramo informativo gracias a una antena portátil de internet satelital Starlink que llevaba uno de los viajeros en su equipaje. En la crisis, el servicio desarrollado por SpaceX prestó el servicio de manera gratuita para los venezolanos.

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