La credencial física en empresas ¿tiene vigencia?

La credencial física en plena era digital responde a criterios operativos concretos de compatibilidad con infraestructura existente, verificación inmediata sin dependencia de red, y de resiliencia ante fallas sistémicas.
En organizaciones que buscan optimizar sus inversiones en seguridad, por ejemplo, la credencial física es la solución más accesible para garantizar la autenticación de las personas. Con tan solo mostrarla, un guardia, un supervisor o un funcionario puede verificar la identidad de manera directa, sin depender de dispositivos externos, plataformas en la nube ni conectividad activa.
Esto es especialmente relevante en sectores de América Latina con infraestructura tecnológica heterogénea, como manufactura industrial, instituciones de salud pública o redes educativas rurales — donde la credencial impresa de alta seguridad es una solución más pragmática y escalable.
Según el Informe 2026 sobre el Estado de la Seguridad y la Identidad de HID, basado en una encuesta a más de 1.500 profesionales de seguridad, integradores y socios tecnológicos a nivel global, el 32% de las organizaciones sigue prefiriendo credenciales físicas frente a alternativas móviles, y el 80% proyecta operar con un entorno mixto físico–digital en los próximos cinco años. La credencial impresa no está en declive, está en transición hacia un rol más estratégico dentro del ecosistema de identidad.
Cabe mencionar también que las identificaciones físicas tienen la capacidad de trascender los límites de una organización. A través de convenios, pueden convertirse en medios de acceso a beneficios externos, por ejemplo, una persona puede usar su carnet de estudiante para acceder al sistema de transporte público de la ciudad o ingresar a un museo.
En el entorno corporativo, el gafete del empleado no solo evidencia que hace parte de la organización, sino que puede servir como llave de acceso a comedores industriales, cafeterías, tiendas internas o sistemas de autoservicio, consolidando su papel como herramienta multifuncional.
Finalmente, hay que señalar a la seguridad como otro de los pilares que sostienen la vigencia de las credenciales físicas. Una tarjeta puede ser verificada visualmente en cualquier momento y lugar, incluso sin conexión a internet o energía eléctrica activa.
Pero su nivel de seguridad depende directamente de la calidad de su proceso de emisión. Las impresoras de credenciales de última generación son capaces de incorporar hologramas personalizados, laminados de seguridad, marcas de agua, códigos QR y codificación de chip/RFID simultánea en una sola pasada de impresión.
El resultado es una credencial difícil de falsificar y fácil de autenticar en cualquier punto de control.
A continuación, analizaremos algunos escenarios donde la vigencia y el futuro de las credenciales físicas sigue más latente que nunca.
- Aeropuertos e infraestructura crítica: En las terminales aéreas el tipo de credencial define si un trabajador tiene la autorización de estar en un área específica, y ahora con los sistemas de videovigilancia modernos, las autoridades cuentan con una herramienta efectiva para verificar estas
irregularidades en tiempo real por medio de analíticas que distinguen gafetes y brazaletes.
Esta dinámica aplica también para cualquier ambiente de infraestructura crítica. Pero la credencial solo es confiable si fue emitida de forma centralizada y auditable. - Plataformas basadas en la nube garantizan trazabilidad completa: desde la solicitud hasta la entrega, con registro de quién imprimió, cuándo, qué perfil de acceso fue asignado y si la credencial sigue activa. Esta cadena de custodia es lo que convierte una tarjeta impresa en un documento de seguridad con respaldo institucional.
- Licencias de conducción: Las licencias de conducción físicas son insustituibles, no solo permiten identificar al conductor, sino que garantizan la seguridad en la gestión de multas e infracciones para
los gobiernos. Las autoridades necesitan verificar credenciales físicas para validar la identidad de un infractor y emitir sanciones, además, en muchos países las licencias incorporan datos relevantes como el grupo sanguíneo del portador, convirtiéndola en una herramienta rápida y confiable en situaciones de emergencia vial. Su validez legal y operativa no tiene equivalente digital consolidado en la región. Asimismo, en procesos como el alquiler de vehículos, las licencias físicas son requisito indispensable. En los Estados Unidos, por ejemplo, la mayoría de las compañías de renta de automóviles exigen una licencia física compatible con estándares. - Sector salud: En hospitales y clínicas, portar una credencial visible permite corroborar rápidamente la identidad de personal médico y pacientes, incluso en situaciones de emergencia donde la validación digital puede ser lenta o limitada.En ese contexto, la ausencia de credenciales visibles podría facilitar el ingreso de personas no autorizadas a áreas sensibles, generando escenarios de riesgo. La implementación de sistemas de credencialización física, con colores diferenciados para personal médico, administrativo y visitantes, se convirtió en la primera línea de defensa, permitiendo constatar rápidamente quién pertenece a cada área sin necesidad de infraestructura tecnológica compleja. Las soluciones de emisión centralizada permiten gestionar este ciclo de vida sin interrumpir las operaciones clínicas.
- Industria farmacéutica: donde la dependencia exclusiva de identidades digitales sería altamente compleja, la mayoría de las farmacias no cuentan con recursos para implementar lectores ni plataformas para usar sistemas virtuales de autenticación y en cambio, una tarjeta física de alta calidad puede ser aceptada como un documento que certifica que el usuario se encuentra afiliado al sistema de salud, facilitando el acceso a medicamentos y servicios.
- Educación: En universidades y colegios, las credenciales físicas cumplen una doble función: son símbolo de pertenencia y, al mismo tiempo, llave de acceso a bibliotecas, laboratorios y espacios restringidos. Más allá de la identificación visual, refuerzan la confianza institucional y permiten a estudiantes y docentes confirmar su identidad en actividades académicas y administrativas. Incluso con la incorporación de sistemas móviles de control de acceso móvil, las credenciales impresas coexisten como complemento visible y verificable.
Plataformas de emisión integradas con soluciones One Card universitarias permiten administrar ambas modalidades desde una misma consola, reduciendo complejidad operativa sin sacrificar ninguna de las dos.
Identidad tangible: confianza que perdura
En definitiva, la credencial física no es un legado del pasado, y si es la interfaz de identidad más interoperable disponible hoy: funciona sin red, es verificable a simple vista y puede portar chip o RFID para integrarse con lectores digitales cuando la infraestructura lo permita.
Las tarjetas físicas son más que llaves para abrir puertas, son documentos de autenticación que confirman que “usted es usted”. Su valor radica en la capacidad de adaptarse a distintos escenarios, desde el transporte público hasta el sector salud, pasando por aeropuertos, universidades y corporativos.
La digitalización avanza y las credenciales virtuales ofrecen comodidad y practicidad. Pero la credencial física sigue siendo el pilar de confianza más verificable del ecosistema de identidad. En un entorno donde la gestión de identidad es la prioridad estratégica número uno del sector seguridad para 2026, las organizaciones no tienen que elegir entre lo físico y lo digital: deben que elegir el socio que les permita administrar ambos con la misma plataforma, la misma confianza y el mismo respaldo global.
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