Los espermatozoides tienen un «GPS» y cuando se enfrentan a microgravedad, este falla; un problema para el futuro espacial

Un estudio que analizó el comportamiento de los espermatozoides humanos en escenarios de microgravedad encontró una nueva barrera para la reproducción en el espacio: las células reproductoras se desorientan y pierden su capacidad de navegar por un canal rumbo a un óvulo, como si hubieran “perdido su GPS”.
La investigación, publicada en Communications Biology, señala que el esperma se mantiene “funcional” en sus características clásicas como motilidad o morfología. Sin embargo, en circunstancias de gravedades cercanas a cero, hay una clara disminución de células que consiguen llegar a la meta. El hallazgo, señalan los autores, podría complicar la fecundación natural o asistida en misiones espaciales de larga duración.
El equipo empleó un clinostato 3D, una herramienta que simula condiciones de microgravedad, y microcanales que imitan el tracto reproductivo femenino para observar cómo se comportan los gametos cuando la gravedad casi desaparece. Para sus pruebas emplearon espermatozoides de seres humanos, de ratones y de cerdos. En los tres casos, el fenómeno de la desorientación se repitió.
La vida se abre paso, con dificultades
De acuerdo con el reporte publicado esta semana, a pesar de estos tropiezos para “ubicarse”, la fecundación in vitro sí pudo ocurrir. En ratones, la tasa de fertilización cayó alrededor de 30% cuando espermatozoides y óvulos coincidieron durante cuatro horas en microgravedad. En cerdos también disminuyó el número de embriones que avanzaron hasta el blastocisto, el primer signo de un embrión.
En los pocos blastocistos que lograron formarse, los investigadores detectaron un patrón inusual: las células no se distribuyeron como lo hacen en condiciones normales. En la Tierra, el embrión temprano reparte sus células entre la masa interna, que dará origen al feto, y el trofoectodermo, que formará la placenta, siguiendo proporciones relativamente estables.
Bajo microgravedad, esa arquitectura básica cambió. En los embriones de cerdo, por ejemplo, aumentó de forma notable el número de células destinadas a la masa interna y disminuyó la proporción del trofoectodermo, una señal de que el entorno alteró decisiones celulares fundamentales desde las primeras horas de desarrollo.
Una posible vía para compensar la falta de gravedad
El equipo exploró si señales químicas podían compensar la ausencia del tirón gravitacional que la Tierra ejerce sobre las células. Cuando aplicaron progesterona, una hormona que el óvulo libera para atraer espermatozoides, la navegación mejoró y los gametos recuperaron parte de su capacidad para avanzar por el microcanal. Aunque las dosis utilizadas superaron las que produce un organismo de manera natural, el resultado abre la puerta a intervenciones químicas o tecnológicas que podrían facilitar la reproducción en entornos espaciales.
Este estudio se une a la lista creciente de desafíos biológicos para la reproducción fuera de la Tierra. La evidencia dice que la microgravedad altera la función inmunológica de las células humanas y modifica la distribución de fluidos corporales. A esto se suma la radiación espacial, capaz de dañar el ADN de gametos y embriones, comprometer la fertilidad y aumentar el riesgo de malformaciones. La ausencia de ciclos circadianos estables y el estrés fisiológico prolongado también pueden alterar hormonas clave para la ovulación, la implantación y el embarazo.
En conjunto, estos factores muestran que la reproducción humana en el espacio no será imposible, pero sí exigirá entornos controlados y nuevas estrategias biomédicas.
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