Entre el aplauso y la aprobación: La encrucijada del liderazgo

No soy fan del futbol ni experta en el tema, pero en estos días de la justa deportiva es prácticamente imposible desconectarse. Y teniendo un esposo que en su juventud fue parte de esta disciplina, el tema llega solo a la mesa. Me contaba estos días una de las decisiones que más se estaban comentando en sus programas deportivos, y una me quedó rondando en la cabeza. No por el futbol, sino por lo que dice del liderazgo.
La decisión que nadie aplaudió
Thomas Tuchel, entrenador de Inglaterra, dejó fuera del torneo a Phil Foden. Para quienes no siguen este deporte, el jugador es una de las grandes estrellas del Manchester City y uno de los mejores de Europa en los últimos años. Dejarlo fuera generó crítica inmediata de los fans, medios y analistas. Como siempre, todos opinaron. Nadie entendió.
Tuchel explicó que no encajaba con la estructura táctica que había diseñado para el torneo. Defendió su postura sin dar más explicaciones y siguió adelante. Eso es exactamente de lo que quiero hablar hoy.
El líder que dirige y el líder que administra el malestar
Hay dos tipos de líderes que he visto trabajando con equipos directivos. El primero toma decisiones con criterio y convencimiento. Sabe que no todas van a ser populares, que algunas van a generar fricción, incomodidad, incluso molestia en personas que aprecia. Pero las toma igual, porque su responsabilidad no es el aplauso sino el resultado.
El segundo también toma decisiones. Pero antes de tomarlas, calcula cuánto va a molestar, mide la opinión interna, posterga para el momento menos incómodo. Suaviza tanto la decisión que cuando finalmente sale, ya no sirve para lo que tenía que servir. Este líder no dirige un equipo, administra… su malestar.
La diferencia no siempre es visible desde afuera. Los dos hablan de estrategia. Los dos tienen reuniones. Los dos dan resultados, pero solo por un tiempo. Porque cuando llega el momento que exige una decisión de verdad, dejar fuera a alguien que todos esperan que esté, cambiar una estructura que ya no funciona, decirle a un colaborador valioso que su rol ya no existe, ahí es donde se separan.
Lo que no ven
Cuando Tuchel anunció su lista, la reacción fue predecible. La afición vio una ausencia, no vio la lógica táctica detrás ni las semanas de análisis. No vio las conversaciones difíciles que probablemente hubo antes de esa decisión.
Los seguidores nuncan ven eso. Y un entrenador que toma decisiones pensando en ellos ya perdió antes de jugar. Lo mismo pasa en las organizaciones. Hay decisiones que desde afuera parecen injustas, abruptas o incomprensibles. Reorganizaciones que generan ruido, promociones que sorprenden, salidas que nadie esperaba.
Y detrás de cada una de ellas, hubo un líder que tuvo que sostener su criterio frente a la presión de que todos entendieran, todos aprobaran, todos aplaudieran. Ese sostenerse no es frialdad ni distancia. Es exactamente lo que le da valor a un liderazgo de verdad.
Si eres líder, ya viviste esto
Estoy segura de que si estás leyendo esto y tienes gente a tu cargo, ya enfrentaste ese momento. Esa decisión que sabías que era la correcta pero que ibas a tener que defender. Esa conversación que postergaste una semana, dos semanas, un mes, no porque no supieras qué hacer, sino porque no querías el costo de incomodar.
No te lo digo como juicio. Te lo digo porque es uno de los patrones más comunes que veo en líderes que tienen todo para dar más y que se frenan exactamente ahí. El futbol tiene algo que las organizaciones a veces olvidan: el resultado no miente. Al final del enfrentamiento, ganaste o perdiste. No hay forma de administrar ese resultado. Solo hay forma de prepararte mejor para la siguiente decisión.
¿Tú diriges, o solo evitas que se molesten?
Pily Martinez
Managing Partner en Arancione
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