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La obsesión por mejorar el esperma tiene mucho de pseudociencia, pero detrás hay una verdad incómoda

Los suplementos son “como una religión” para Pachi Paris, un joven de 29 años de Miami que trabaja en el sector financiero. Por eso, cuando él y su mujer empezaron a intentar tener un hijo el año pasado, le pareció totalmente natural empezar a tomar pastillas destinadas a potenciar su fertilidad, con un gasto de 250 dólares al mes.

La baja calidad del esperma

Seis meses después, “nos pareció extraño que ella aún no estuviera embarazada”, explicó Paris. “Los dos nos hicimos un reconocimiento médico y resultó que yo era el que tenía algunos problemas de salud relacionados con el esperma”. Fue toda una sorpresa, teniendo en cuenta que Paris es joven, hace ejercicio y lleva una dieta saludable, pero no es el único en esta situación.

Más allá de tomar suplementos para la fertilidad, los hombres están llegando a extremos cada vez mayores para optimizar la salud de su esperma. Se enfrían los testículos con hielo, evitan la pornografía y controlan los “índices de vitalidad” de su semen como parte de la llamada tendencia del “sperm-maxxing”.

Aunque muchos influencers del sperm-maxxing difunden la típica desinformación sobre el bienestar (no, no hace falta que cambies todos tus calzoncillos por boxers de algodón orgánico para mantenerte fresco ahí abajo) y muchos biohackers se basan en métricas sin demostrar, la tendencia tiene un aspecto positivo inesperado: una amplia audiencia masculina se ha interesado recientemente por su salud reproductiva. Esto llega justo cuando los investigadores están demostrando que el bienestar de los hombres desempeña un papel clave en la fertilidad, así como en la salud durante el embarazo y el desarrollo infantil temprano.

“Me anima cada vez que la atención se centra en la fertilidad masculina”, expresa Michael Eisenberg, catedrático de urología en la Universidad de Stanford. “Creo que se ha subestimado durante mucho tiempo… [y] la fertilidad es un deporte de equipo”.

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La infertilidad, o la incapacidad de concebir tras un año de intentarlo, afecta a aproximadamente una de cada seis personas en todo el mundo. La salud reproductiva se ha considerado durante mucho tiempo un ámbito exclusivamente femenino, dado que son las mujeres las que soportan la carga física del embarazo. Aunque algunos estudios sugieren que los factores masculinos causan entre el 30% y el 50% de los casos de infertilidad, los hombres no son evaluados en aproximadamente uno de cada cuatro casos.

La salud de los hombres influye en que un embarazo termine en aborto espontáneo, en que la madre padezca preeclampsia (una complicación del embarazo potencialmente mortal) o en que el bebé nazca con malformaciones congénitas, aunque los riesgos generales son bajos. Los espermatozoides llevan marcas epigenéticas que son sensibles al entorno del hombre antes de la concepción, lo que significa que las elecciones de estilo de vida pueden afectar a la salud de los espermatozoides.

Ahí es donde entran en juego los «sperm-maxxers», que realizan un seguimiento de su recuento espermático, su motilidad (la capacidad de los espermatozoides para nadar hasta el óvulo), su morfología (la forma y el tamaño de los espermatozoides) y la fragmentación del ADN. Un espermatozoide nuevo tarda aproximadamente entre dos y tres meses en madurar por completo, por lo que los cambios en el estilo de vida destinados a mejorar la salud espermática pueden dar resultados rápidamente.

Cómo mejorar el esperma

Aunque algunas cuentas virales sugieren que los hombres consuman mucha carne de vacuno, mantequilla y leche cruda, los estudios demuestran que las dietas ricas en grasas saturadas están relacionadas con un recuento espermático más bajo, lo que reduce las probabilidades de embarazo. La dieta mediterránea, rica en ácidos grasos omega-3, antioxidantes y fibra, se asocia con una mejor calidad del esperma, incluyendo el recuento, la motilidad y la morfología.

Las investigaciones también señalan a las toxinas ambientales, como los disruptores endocrinos y los microplásticos, como posibles causantes de la infertilidad masculina. La exposición prolongada puede provocar estrés oxidativo (un desequilibrio en el organismo entre los antioxidantes y las moléculas inestables conocidas como radicales libres, que provoca daño celular), lo que puede reducir la motilidad y la viabilidad de los espermatozoides.

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