El desastroso modelo inmobiliario que duplicó la mancha urbana mexicana sin transporte ni servicios

Durante tres décadas, las ciudades mexicanas crecieron llevando vivienda cada vez más lejos de sus centros. Con esa expansión aumentó la distancia entre las personas y lugares cotidianos como el trabajo, las escuelas, los hospitales y otros servicios. En muchas zonas, además, el crecimiento ocurrió antes de que existieran suficientes opciones de transporte público.
El resultado son ciudades en las que recorrer distancias mayores se ha vuelto parte de la vida cotidiana y donde dejar de usar el automóvil es cada vez más difícil. Un estudio publicado en Nature Communications permite dimensionar cómo ocurrió ese cambio. Investigadores del Tecnológico de Monterrey, junto con el Complexity Science Hub de Viena, analizaron la distribución de la población en 69 áreas metropolitanas en México entre 1990 y 2020.
En este tiempo, la población urbana casi se duplicó, pero el crecimiento se concentró cada vez más lejos de las zonas centrales. En conjunto, los centros perdieron 2.5 millones de habitantes y disminuyó la proporción de población que vivía ahí, pues pasó de más del 40% en 1990 a 22% en 2020.
El equipo desarrolló un modelo para comparar esa distribución con un escenario en el que las ciudades hubieran crecido conservando la densidad de 1990 y encontró que las distancias respecto del centro son, en promedio, 28% mayores. El estudio relaciona las mayores distancias con trayectos más largos, menor disponibilidad de transporte público, más emisiones vehiculares y dificultades para acceder a servicios esenciales.
“Yo no diría que es un problema de largo plazo. Hoy mismo ya es insostenible en prácticamente todas las ciudades que analizamos”, dice Alberto Meouchi, líder de la sede Ciudad de México del Centro para el Futuro de las Ciudades del Tecnológico de Monterrey, en entrevista con WIRED en Español.
La infraestructura quedó en un lugar y la población se fue a otro
Entre 1990 y 2020, las zonas centrales perdieron alrededor de 1,000 habitantes por kilómetro cuadrado en promedio, mientras las áreas más alejadas siguieron ganando población. Con la gente moviéndose hacia las periferias, también creció la necesidad de llevar servicios e infraestructura hasta esas zonas.
“Hay que llevar agua a donde muchas veces no la hay, además de saneamiento, recolección de basura, hospitales y transporte, porque no podemos vivir en zonas desconectadas”, dice Meouchi.
El estudio señala que parte del crecimiento de vivienda en las periferias ocurrió sin suficiente transporte, agua, drenaje y escuelas. En Monterrey, por ejemplo, los investigadores encontraron una distribución desigual de la infraestructura educativa: mientras en algunas zonas centrales hay escuelas con capacidad disponible, en las periferias hacen falta más espacios.
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