El extraño hongo que te hace ver gente diminuta y el misterio químico detrás de los duendes asiáticos

Uno de los géneros de hongos más enigmáticos que se conocen es Lanmaoa. Sus especies tienen aspecto de champiñones robustos, con sombreros carnosos y tallos gruesos que no delatan nada fuera de lo común. Sin embargo, una de ellas, Lanmaoa asiatica, originaria de Oriente, esconde una rareza notable. En regiones como la provincia china de Yunnan se consume como alimento, y cuando no se cocina lo suficiente, puede desencadenar en quien la come una alucinación muy particular: la sensación de ver personas diminutas.
Durante décadas, las propiedades alucinógenas de L. asiatica fueron poco más que una curiosidad conocida por comunidades locales y un puñado de científicos. Sus efectos, sin embargo, son difíciles de ignorar. Horas después de ingerir el hongo, algunas personas comienzan a ver figuras humanoides de entre 3 y 30 centímetros de altura. Los relatos coinciden en describir seres parecidos a elfos o payasos, vestidos con ropa colorida, que se mueven e interactúan con los objetos de su entorno como si fueran parte real del espacio que ocupan.
La explicación más intuitiva apuntaba a que L. asiatica no debía ser muy distinta de otros hongos alucinógenos. Sustancias ya conocidas, como la psilocibina, parecían sospechosas razonables. Sin embargo, las visiones de personas diminutas no son exclusivas de este hongo: la medicina las conoce como «alucinaciones liliputienses» y los científicos han documentado experiencias similares en culturas distintas y bajo circunstancias muy diferentes entre sí. Esto ha llevado a algunos investigadores a considerar una hipótesis alterna, que exista cierta predisposición psicológica, propia de quien alucina, a producir este tipo particular de imágenes.
Pero conforme los científicos fueron investigando L. asiatica, encontraron algo difícil de explicar: los relatos vinculados con el hongo describían, una y otra vez, la visualización de gente pequeña. Algo en este hongo parecía provocar, de forma insistente, la misma clase de alucinación.
Los investigadores, además, se han topado con dos obstáculos importantes. El primero: los análisis no detectan ninguno de los compuestos psicoactivos conocidos que pudieran explicar sus efectos. El segundo resultaba todavía más de fondo, los científicos ni siquiera tenían del todo claro qué hongos pertenecían realmente a Lanmaoa, cómo se relacionaban entre sí y hasta dónde se extendían sus distintas especies.
Para resolver este último problema, había que mirar mucho más profundamente dentro de los hongos. Un equipo de investigadores de la Universidad de Utah reunió decenas de especímenes de Lanmaoa procedentes de distintas partes del mundo y secuenció sus genomas, con el fin de reconstruir, por primera vez con ese nivel de detalle, el árbol genealógico del género.
«Un hongo para verlos a todos»
Los resultados, que el equipo publicó en la revista Mycologia, finalmente pusieron orden en el género. Los investigadores reconocieron 17 especies de Lanmaoa, cuatro de ellas nuevas para la ciencia. De todas, L. asiatica es, hasta ahora, la única especie psicoactiva conocida del grupo.
Sin embargo, cuando los investigadores analizaron su ADN, tampoco encontraron la maquinaria genética que esperaban detrás de sus alucinaciones. Buscaron los genes asociados con la producción de sustancias alucinógenas conocidas, pero, una vez más, no los hallaron. Para los autores, esa ausencia de respuesta, incluso a este nivel de detalle, constituye en realidad la clave: L. asiatica debe producir su propio compuesto psicoactivo, todavía desconocido, capaz de provocar visiones de criaturas diminutas.
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