Pagaron a campesinos por dejar de cortar árboles hace dos décadas; hoy la Sierra Gorda recuperó el bosque de niebla y el jaguar volvió a caminar por ahí

En la Sierra Gorda de Querétaro hay propietarios que reciben dinero por conservar sus bosques. La idea puede sonar extraña al principio: pagarle a alguien para que no corte los árboles que tiene en su terreno, pero detrás hay una lógica bastante sencilla. Si un bosque puede generar ingresos mientras permanece en pie, talarlo deja de ser la única manera de obtener valor de la tierra.
El modelo lleva más de dos décadas funcionando en distintas partes de la región y sus resultados no se pueden medir solamente en hectáreas. Hay reservas privadas que antes estaban bajo presión, terrenos que han comenzado a regenerarse y, entre los árboles, cámaras trampa que siguen registrando a uno de los animales más exigentes del ecosistema: el jaguar.
No significa que estos felinos hayan sido reintroducidos por el proyecto. Tampoco que cada fotografía sea consecuencia directa de los pagos. Lo interesante es precisamente lo contrario: el jaguar ya estaba ahí y todavía encuentra las condiciones necesarias para moverse por estos bosques.
La Sierra Gorda tiene un problema que no se resuelve con una declaratoria
La Reserva de la Biósfera Sierra Gorda ocupa 383,567 hectáreas, poco más del 32% del territorio de Querétaro. Dentro de ella hay selvas bajas, bosques templados, bosques de galería y fragmentos de bosque de niebla que aparecen entre las montañas. Pero conservar un territorio de ese tamaño tiene una dificultad que no siempre se ve a simple vista: la mayor parte de la tierra no pertenece al gobierno.
Dentro de esos espacios viven alrededor de 100 mil habitantes en 638 localidades; también la Secretaría del Bienestar destaca que los servicios ambientales representan una fuente de beneficios para los propietarios que conservan bosques y selvas.
No basta con colocar una zona en el mapa y decir que está protegida. Si quienes viven ahí necesitan obtener ingresos de sus terrenos, también hay que encontrar una manera de que conservarlos tenga sentido económico y ahí es donde comenzó la apuesta de la región.
La idea fue pagar por mantener los árboles en pie
El Grupo Ecológico Sierra Gorda comenzó a trabajar en la zona en 1989 y posteriormente desarrolló distintos mecanismos de pago por servicios ambientales y compensaciones económicas para propietarios rurales.
El concepto es sencillo: un bosque produce beneficios incluso cuando nadie corta sus árboles. Captura carbono, ayuda a infiltrar agua, protege el suelo, regula condiciones ambientales y proporciona refugio y alimento para numerosas especies. El problema es que esos beneficios no necesariamente se convierten en dinero para quien posee la tierra.
Los programas de pago intentaron cambiar precisamente eso. Desde 2003, la organización comenzó a gestionar esquemas de pago por servicios ambientales hidrológicos y de biodiversidad junto con instituciones como la Conafor, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, la Fundación Gonzalo Río Arronte y el Banco Mundial.
De acuerdo con la propia organización, estos mecanismos llegaron a abarcar más de 48,000 hectáreas de bosques y selvas pertenecientes a más de 150 propietarios rurales; también reportó una reducción de 24% en la fragmentación forestal y la recuperación de unas 13,000 hectáreas entre 1996 y 2006. La ecuación que buscaban cambiar era muy concreta: si conservar también genera ingresos, el bosque puede valer más vivo que talado.

También compraron bosques para evitar que terminaran transformados
El modelo no se limitó a entregar pagos. Otra parte de la estrategia consistió en adquirir terrenos especialmente importantes para evitar que fueran transformados. Uno de los ejemplos es La Hierbabuena, una reserva natural privada ubicada en el extremo noreste de la Reserva de la Biósfera Sierra Gorda.
World Land Trust y el Grupo Ecológico Sierra Gorda aseguraron 124 acres, unas 50 hectáreas, de bosque de niebla para crear esta reserva. El lugar se encuentra aproximadamente a 1,500 metros sobre el nivel del mar, cerca del límite entre Querétaro y San Luis Potosí. Y ahí existe una imagen que ayuda a entender lo que estaba en juego.
Desde las partes altas de La Hierbabuena se puede observar el contraste entre el bosque conservado del lado de Querétaro y las laderas desnudas de San Luis Potosí, donde la vegetación había sido eliminada. Un lado conserva el ecosistema; el otro muestra lo que ocurre cuando la cobertura vegetal desaparece.
El bosque de niebla es pequeño, pero está lleno de vida
Los bosques de niebla ocupan una superficie relativamente reducida, pero pueden concentrar una enorme diversidad de especies. En La Hierbabuena, encinos, liquidámbares y cedros blancos forman el dosel. Debajo crecen aguacatillos, naranjillos, nogales, moras, higueras y otras plantas, y todo eso está conectado.
Los frutos alimentan a las aves; las aves dispersan semillas; los mamíferos encuentran refugio; los anfibios dependen de la humedad y los depredadores utilizan el bosque para desplazarse y encontrar alimento.
Por eso, conservar un fragmento de bosque no significa simplemente conservar árboles; también significa mantener funcionando una red completa de relaciones entre especies. Ahí aparece uno de los habitantes más llamativos de la Sierra Gorda.
El jaguar necesita que muchas piezas funcionen al mismo tiempo
El jaguar (Panthera onca) es uno de los mejores ejemplos para entender qué significa conservar un ecosistema completo. Un felino de este tamaño necesita presas suficientes, agua, cobertura vegetal y territorio conectado para desplazarse; si cualquiera de esas condiciones desaparece, mantener una población estable se vuelve mucho más complicado.
Por eso encontrar un jaguar mediante una cámara trampa no es solamente conseguir una fotografía espectacular. Es una señal de que el lugar todavía puede ofrecerle las condiciones necesarias para vivir.
Además, la Conanp considera al jaguar una especie paraguas. Esto significa que proteger el hábitat que necesita también puede beneficiar a muchas otras especies que comparten el mismo territorio.
En otras palabras, conservar el bosque para el jaguar también significa conservar el espacio donde viven sus presas, las plantas de las que dependen otros animales y los cuerpos de agua que necesita todo el ecosistema.


México tiene alrededor de 4,800 jaguares, pero la cifra está por actualizarse
El último censo oficial de la Conanp, realizado en 2018, estimó unos 4,800 jaguares en México. Sin embargo, datos de monitoreo de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar estimaron más de 5,300 ejemplares para 2024.
La diferencia no significa necesariamente que aparecieran 800 animales nuevos. La Conanp también relacionó el aumento con una mayor cobertura forestal, la expansión de áreas naturales protegidas y un mayor esfuerzo de monitoreo.
Además, hay que tomar el dato con cierta cautela: 4,800 no es una cifra actual. La Conanp ya puso en marcha un Tercer Censo Nacional del Jaguar para actualizar la estimación y conocer mejor cómo ha cambiado la población mexicana desde el último conteo. Mientras tanto, los registros mediante fototrampeo siguen siendo una herramienta fundamental para saber por dónde se mueve la especie.
Y el jaguar también apareció en la Sierra Gorda de Guanajuato
En marzo de 2026, la Conanp confirmó mediante fototrampeo la primera presencia documentada de un jaguar dentro de la Reserva de la Biósfera Sierra Gorda de Guanajuato. El registro provino de un proyecto de investigación realizado entre agosto de 2024 y mayo de 2025.
Hay que hacer una precisión: esta reserva y la Reserva de la Biósfera Sierra Gorda de Querétaro son áreas distintas, pero el registro resulta interesante porque muestra que el monitoreo continúa encontrando evidencia de que el jaguar utiliza diferentes zonas de la Sierra Madre Oriental cuando existen condiciones adecuadas para la especie.
Cada fotografía, además, ayuda a entender mejor por dónde se mueve y qué espacios todavía puede utilizar.
Pagar por conservar no fue una idea que quedó en el pasado
El modelo tampoco terminó con los primeros proyectos. En octubre de 2025, el Grupo Ecológico Sierra Gorda reportó que propietarios de los municipios de Landa de Matamoros y Jalpan de Serra recibieron pagos por conservar más de 2,500 hectáreas de bosque mediante un programa de servicios ambientales por captura de carbono.
Ese mismo año, beneficiarios del programa Carbono Biodiverso recibieron pagos por conservar más de 4,500 hectáreas en Arroyo Seco, Landa de Matamoros, Jalpan de Serra y Pinal de Amoles. Eso demuestra que la idea sigue vigente y tiene sentido en una región donde la mayor parte de la tierra está en manos privadas, ejidales o comunales.


El objetivo no es simplemente decirle a la gente que no tale
Aquí está una de las partes más importantes de este modelo. Decirle a un propietario que no aproveche su bosque significa pedirle que renuncie a posibles ingresos. Si no existe una alternativa, la conservación puede convertirse en un costo para quien posee la tierra.
Los programas de compensación intentan cambiar esa situación. Carbono Biodiverso, por ejemplo, utiliza mecanismos de compensación de emisiones para financiar la conservación y regeneración de bosques. Los recursos llegan a propietarios que mantienen sus terrenos bajo esquemas de conservación y regeneración.
La organización señala que estos mecanismos también permiten que terrenos anteriormente sometidos al pastoreo o a actividades de mayor impacto tengan oportunidad de regenerarse de manera natural. Así, la conservación deja de plantearse únicamente como una prohibición; se convierte en una actividad que también puede tener un valor económico.
El resultado no se puede medir solamente en hectáreas
Es fácil contar esta historia utilizando números: 50 hectáreas de bosque de niebla protegidas, 48,000 hectáreas dentro de programas, miles de hectáreas que reciben pagos, pero las hectáreas solamente cuentan una parte.
Después de que un bosque deja de ser talado, los árboles siguen creciendo. La vegetación vuelve a ocupar espacios, el suelo puede recuperar materia orgánica, las plantas producen alimento y los animales encuentran nuevamente refugio.
En La Hierbabuena, por ejemplo, se han documentado especies como puma, ocelote, margay, puercoespín mexicano de árbol, armadillo y coatí, además de otras especies.
Es ahí donde la conservación deja de ser una cifra y empieza a convertirse en algo que se puede observar. Un bosque protegido puede volver a ser utilizado por animales que necesitan precisamente ese tipo de ecosistema.
Eso no significa que la Sierra Gorda ya esté a salvo
Sería exagerado contar esta historia como si los problemas de la Sierra Gorda hubieran desaparecido. El cambio climático, las sequías, los incendios y la presión sobre los ecosistemas siguen siendo amenazas para la región, pero el modelo sí modificó una parte importante del problema.
Hace décadas, algunos propietarios podían enfrentarse a una decisión bastante complicada: obtener ingresos mediante actividades que transformaban el bosque o conservarlo sin recibir necesariamente una compensación por los beneficios ambientales que generaba.
Los programas de pagos intentaron cambiar esa ecuación. Hoy existen propietarios que reciben ingresos por conservar sus terrenos, reservas privadas donde el bosque permanece en pie y nuevos programas que siguen financiando la regeneración de ecosistemas.
Y hay algo más que resulta especialmente llamativo: las cámaras trampa siguen encontrando jaguares. No porque alguien los haya llevado hasta ahí, ni porque el proyecto los haya soltado. Sino porque todavía existen lugares donde encuentran agua, presas, vegetación y suficiente espacio para desplazarse.


El jaguar es la prueba de que el bosque vale más que sus árboles
La historia de la Sierra Gorda no trata solamente sobre cuánto dinero reciben los propietarios ni sobre cuántas hectáreas han sido protegidas. Trata de cambiar una decisión económica.
Si un bosque solamente tiene valor cuando sus árboles se convierten en madera, conservarlo siempre tendrá un costo para quien posee la tierra, pero si también puede generar ingresos por capturar carbono, proteger agua, conservar biodiversidad y mantener un ecosistema funcionando, la ecuación empieza a cambiar.
Y entonces aparece una imagen que resume todo el proyecto bastante mejor que cualquier cifra: una cámara trampa escondida entre los árboles y un jaguar pasando frente a ella. El felino no regresó porque alguien lo plantara como si fuera un árbol.
Sigue ahí porque el bosque todavía puede sostenerlo y esa es la señal más interesante de todas: después de décadas de pagar para conservar árboles, la recompensa no termina siendo solamente tener más bosque. Es conseguir que todo lo que depende de él también tenga un lugar donde seguir viviendo.
Imágenes | Pexels, Grupo Ecológico Sierra Gorda
En Xataka México | Castrado, sin colmillos y sin garras, así fue como la Profepa encontró a un jaguar en un domicilio de Cuernavaca
En Xataka México | Arqueólogos descubren la “Tierra del jaguar blanco”, la ciudad maya que fue refugio de los últimos lacandones rebeldes en Chiapas
DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://www.xataka.com.mx/ecologia-y-naturaleza/pagaron-a-campesinos-dejar-cortar-arboles-hace-dos-decadas-hoy-sierra-gorda-recupero-bosque-niebla-jaguar-volvio-a-caminar-ahi




