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Tardarte más de 10 minutos bañándote no es buena idea

Hay personas que convierten la ducha en uno de los mejores momentos del día. Entran cinco minutos y terminan saliendo media hora después convencidas de que, entre más tiempo permanezcan bajo el agua, más limpia quedará su piel.

Pero la dermatóloga Michelle Gatica asegura que ocurre justo lo contrario. Permanecer demasiado tiempo en la regadera, sobre todo si el agua está muy caliente, puede terminar eliminando parte de la protección natural de la piel.

Y no es solo una opinión. La American Academy of Dermatology (AAD) recomienda que las duchas duren entre cinco y diez minutos, se hagan con agua tibia y sin frotar la piel con demasiada fuerza. La idea no es bañarse menos, sino hacerlo de una forma que realmente ayude a cuidar la piel.

La piel no necesita que la dejes «rechinando»

Durante mucho tiempo pensamos que la piel era simplemente una cubierta que protegía músculos y órganos. Hoy sabemos que hace mucho más que eso.

Además de actuar como una barrera física contra bacterias, virus y otras sustancias potencialmente dañinas, ayuda a conservar la humedad del cuerpo, participa en la regulación de la temperatura y forma parte del sistema inmunológico. Y aquí está la clave de toda la historia.

La superficie de la piel está protegida por una fina capa de agua, lípidos y millones de microorganismos beneficiosos conocida como barrera cutánea. Es esa capa la que mantiene la hidratación, evita que entren irritantes y permite que la piel funcione correctamente todos los días.

El problema no es el agua. Es todo lo que hacemos durante la ducha

El agua, por sí sola, no suele ser el problema. Lo que realmente afecta a la piel es la combinación de duchas muy largas, agua demasiado caliente y un uso excesivo de jabón.

Michelle Gatica explica que, cuando permanecemos mucho tiempo bajo agua caliente, parte de los aceites naturales que mantienen hidratada la piel comienzan a desaparecer. Como consecuencia, después del baño la piel puede sentirse seca, tirante o más sensible de lo habitual.

La American Academy of Dermatology coincide con esta explicación. Señala que el agua muy caliente elimina parte de los lípidos que protegen la superficie de la piel y puede empeorar problemas como la resequedad, el eccema o la psoriasis.

Por eso los dermatólogos suelen repetir la misma recomendación: duchas cortas, agua tibia y una crema hidratante inmediatamente después de secarse.

Ducharse

Otro mito: la piel no necesita que la talles con fuerza

Hay otro hábito muy común que tampoco ayuda demasiado. Muchas personas creen que una buena higiene implica usar fibras o esponjas ásperas hasta que la piel quede completamente limpia. En realidad, la piel ya tiene su propio sistema de limpieza.

Todos los días elimina células muertas mediante un proceso llamado renovación celular, que suele completarse aproximadamente cada cuatro semanas en adultos jóvenes.

Eso significa que, salvo que exista suciedad importante —por ejemplo, después de trabajar con tierra, grasa o barro—, no hace falta tallar la piel con fuerza. La propia AAD recomienda limpiarla suavemente con las manos o con limpiadores delicados, ya que el uso constante de fibras abrasivas puede irritarla y afectar su barrera protectora.

Más espuma tampoco significa más limpieza

Otro de los mitos que Michelle Gatica intenta desmontar tiene que ver con el jabón. Muchas personas piensan que todo el cuerpo necesita abundante jabón todos los días. Sin embargo, explica que normalmente basta con aplicarlo en las zonas donde se acumulan más sudor, grasa y bacterias, como las axilas, las ingles y los pies.

El resto del cuerpo suele limpiarse adecuadamente con el agua que escurre durante el baño, sobre todo cuando no hay suciedad visible. Los dermatólogos también recomiendan utilizar limpiadores suaves para evitar eliminar más grasa natural de la necesaria.

Banarse
Banarse

La piel nunca estuvo sola

Y todavía hay algo más que solemos olvidar. La piel no es un lugar estéril ni debería serlo.

En su superficie viven millones de microorganismos beneficiosos que forman parte del llamado microbioma cutáneo, un ecosistema que ayuda a impedir el crecimiento de microorganismos dañinos, participa en la respuesta del sistema inmunológico y contribuye a mantener la barrera protectora de la piel.

Cuando abusamos del agua caliente, del jabón o de una limpieza demasiado agresiva, parte de ese equilibrio también puede alterarse. Por eso la dermatología moderna ya no busca eliminar toda la grasa o todas las bacterias de la piel. Busca conservar el equilibrio que le permite protegernos.

Y todo esto también cobra sentido en México

El consejo de tomar duchas más cortas no solo beneficia a la piel. También tiene sentido en un país donde el agua se ha convertido en un recurso cada vez más valioso.

En los últimos años, distintas regiones de México han enfrentado periodos de sequía que han reducido el nivel de almacenamiento en presas y aumentado la presión sobre el abastecimiento de agua potable.

De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua), una regadera convencional puede consumir entre 10 y 20 litros de agua por minuto, dependiendo del flujo. Eso significa que una ducha de diez minutos puede utilizar entre 100 y 200 litros de agua, mientras que una de veinte minutos prácticamente duplica esa cantidad.

Es decir, reducir unos minutos el tiempo bajo la regadera no resolverá por sí solo los problemas de disponibilidad de agua en el país, pero sí representa un hábito sencillo que beneficia tanto a la piel como al consumo responsable de un recurso limitado.

Entonces, ¿hay que bañarse menos?

No necesariamente. La frecuencia ideal del baño depende de factores como el clima, la actividad física, el tipo de piel y las necesidades de cada persona.

Lo importante no es únicamente cuántas veces nos bañamos, sino cómo lo hacemos. Una ducha breve, con agua tibia, limpiadores suaves y una crema hidratante al terminar suele ser suficiente para mantener una buena higiene sin alterar la barrera natural de la piel.

Ducha
Ducha

La piel ya sabe hacer buena parte del trabajo

Durante años pensamos que una mejor higiene significaba más tiempo bajo el agua. Más jabón, más espuma, más fuerza al tallar y hoy la dermatología propone una idea completamente distinta.

La piel ya cuenta con mecanismos para protegerse. Produce aceites naturales, se renueva constantemente y convive con millones de microorganismos que forman parte de su sistema de defensa.

Nuestra tarea no consiste en eliminar todo eso. Consiste en ayudar a que siga funcionando y quizá por eso una ducha más larga no siempre deja la piel más limpia. Muchas veces, simplemente elimina parte de la protección que ella misma construye todos los días.

Además, si esa ducha también consume menos agua en un país donde este recurso enfrenta cada vez más presión, el beneficio va mucho más allá del cuidado personal.

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