Una década después de empezar a criar coral en laboratorio, estas científicas mexicanas ya lo ven reproducirse solo en el Caribe

Durante casi dos décadas, unas científicas mexicanas hicieron algo que requiere una paciencia poco común: esperar a que un coral criado en laboratorio creciera lo suficiente para dejar de necesitarlas. Primero esperaron a que diminutas larvas crecieran, después, a que las pequeñas colonias pudieran regresar al mar y luego tuvieron que comprobar que fueran capaces de sobrevivir a las condiciones reales del Caribe mexicano.
Ahora algunas de esas colonias están haciendo exactamente lo que el equipo esperaba desde el principio: se están reproduciendo por sí mismas en el arrecife. El proyecto comenzó en 2007 en la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, en Puerto Morelos, Quintana Roo, según Mongabay.
El grupo encabezado por la científica Anastazia T. Banaszak desarrolló técnicas para reproducir corales mediante reproducción sexual, criarlos en laboratorio y devolverlos al océano para restaurar arrecifes degradados. La diferencia es que ahora ya no se trata solamente de conseguir que sobrevivan; algunos llegaron a la edad suficiente para tener nuevas generaciones.
El Caribe mexicano perdió cerca del 60% de su cobertura coralina
Antes de entender por qué estas científicas llevan casi dos décadas criando corales, hay que entender qué están intentando recuperar. Entre 1980 y 2015 se perdió cerca del 60% de la cobertura coralina a lo largo del Caribe mexicano, de acuerdo con investigaciones de la UNAM.
Otro análisis difundido por la propia universidad permite dimensionar el cambio de una forma todavía más sencilla: mientras décadas atrás alrededor del 50% del fondo arrecifal estaba cubierto por corales, actualmente la cifra ronda apenas el 10%. Y no se trata simplemente de que ahora haya menos animales bajo el agua.
Los corales construyen buena parte de la estructura física del arrecife. Cuando mueren, sus esqueletos quedan expuestos a la erosión y la estructura comienza a perder volumen y complejidad.
Eso afecta a todo lo que depende de ella. Los arrecifes sirven como refugio y zona de alimentación para numerosas especies y también ayudan a proteger las costas frente al oleaje y las tormentas.
En Quintana Roo, además, están directamente relacionados con actividades como el turismo y la pesca. Por eso recuperar coral no significa simplemente recuperar un animal, significa intentar reconstruir parte de la estructura de todo un ecosistema.
Criar un coral empieza en el mar
Los corales pueden parecer rocas cuando los vemos desde lejos, pero son animales. Las colonias están formadas por miles de pequeños organismos llamados pólipos y, en muchas especies, la reproducción sexual ocurre cuando liberan sus gametos al agua. El equipo mexicano aprendió a aprovechar precisamente ese momento.
Durante las noches de reproducción, las científicas y sus colaboradores se meten al mar para recolectar óvulos y espermatozoides de los corales. Para hacerlo utilizan redes especiales colocadas sobre las colonias, de manera que pueden capturar los gametos sin dañarlas.
Después comienza la parte que ocurre lejos del arrecife. Los gametos llegan al laboratorio, donde son fecundados, y de ahí aparecen embriones y posteriormente larvas que, si todo sale bien, se fijan a un sustrato y comienzan a formar pequeñas colonias.
En otras palabras, el proceso hace algo curioso: empieza en el Caribe, pasa por un laboratorio y después vuelve al Caribe. La propia UNAM describe el proyecto como un ciclo que comienza en el mar, continúa en tierra y termina nuevamente en el arrecife.

No querían fabricar copias de los corales
Aquí hay una diferencia importante. Una de las técnicas utilizadas para restaurar arrecifes consiste en tomar fragmentos de una colonia que ya existe y hacer crecer esas piezas en viveros. Es una manera relativamente rápida de obtener nuevos ejemplares, pero esos fragmentos son genéticamente muy parecidos o incluso idénticos a la colonia de origen.
La reproducción sexual funciona de otra manera. Cuando los gametos de dos corales se encuentran, las nuevas larvas reciben una combinación de material genético de ambos. Es decir, no son copias de un coral que ya existía: cada nueva colonia puede tener una combinación genética diferente.
Y esa diversidad importa. Si una población está formada por individuos demasiado similares y aparece una enfermedad o una condición ambiental que afecta a esa genética, muchas colonias pueden ser vulnerables al mismo tiempo.
La reproducción sexual permite recuperar diversidad genética y crear nuevas combinaciones que podrían ser importantes para la supervivencia de las poblaciones restauradas; por eso las científicas no estaban intentando simplemente producir más corales: estaban intentando producir nuevas generaciones de corales.
Después del laboratorio venía la parte realmente difícil
El laboratorio permitía controlar muchas variables y el Caribe no. Una vez que las pequeñas colonias regresaban al arrecife, tenían que enfrentarse a todo aquello que actualmente pone en problemas a los corales: temperaturas elevadas, enfermedades, tormentas y cambios en las condiciones del océano.
El grupo de Banaszak ha trabajado durante años con reclutas sexuales de diferentes especies y los ha sembrado en arrecifes degradados o dañados. En un proyecto documentado por la UNAM desde 2015, los corales producidos mediante este método ya eran colocados en estructuras instaladas en el mar, incluyendo sitios del Parque Nacional Arrecifes de Xcalak y la Reserva de la Biósfera de Sian Ka’an.
Y ahí comenzaba la prueba de verdad, porque producir un coral en un laboratorio es una cosa. Conseguir que sobreviva durante años en el Caribe es otra completamente distinta.
Algunos incluso resistieron el blanqueamiento de 2023
Los corales producidos mediante reproducción sexual han tenido que enfrentarse a algunas de las condiciones que actualmente amenazan a los arrecifes del Caribe, además de que existe evidencia científica de que algunos de estos reclutas tuvieron una respuesta particularmente interesante frente al calentamiento.
Un estudio publicado en PLOS ONE en 2024 analizó corales producidos mediante reproducción sexual asistida después del evento de blanqueamiento masivo de 2023 en el Caribe.


Los investigadores encontraron una alta tolerancia térmica en los reclutas estudiados, y eso no significa que los corales criados en laboratorio sean inmunes al cambio climático, tampoco significa que puedan sobrevivir a cualquier temperatura. Significa algo más concreto: algunos de los individuos utilizados en restauración pudieron soportar las temperaturas que provocaron el blanqueamiento de 2023.
Para un proyecto que comenzó criando pequeñas larvas en laboratorio, era una señal importante. Había que averiguar si esos organismos podían sobrevivir después de ser devueltos al océano y algunos lo hicieron.
El momento que las científicas estaban esperando
Aquí está la parte que explica por qué este proyecto ha tardado tanto. Los corales necesitan años para crecer. No se puede acelerar el tiempo simplemente porque el proyecto necesite resultados.
Algunas colonias de Acropora palmata producidas mediante este programa tienen alrededor de 14 años y ya alcanzaron la madurez reproductiva. Según la información publicada sobre el proyecto, algunas incluso han producido gametos durante eventos de reproducción sincronizados con colonias silvestres del mismo arrecife.
Y aquí aparece el detalle que cambia por completo la historia. Las científicas ya no tienen que recolectar los gametos de esas colonias para llevarlos al laboratorio.
Mientras algunas ya pueden producirlos por sí mismas en el arrecife. El coral está haciendo solo aquello para lo que originalmente necesitó ayuda humana y eso es justamente lo que las científicas querían conseguir.
La diferencia parece pequeña, pero no lo es
Un arrecife restaurado que necesita intervención humana constantemente sigue dependiendo de las personas que lo están recuperando. En cambio, un lugar donde los corales restaurados alcanzan la madurez y producen nuevas generaciones tiene la posibilidad de comenzar a sostenerse por sí mismo, y ese es uno de los objetivos de la reproducción sexual asistida.
No se trata de fabricar corales para reemplazar los que desaparecieron. Se trata de ayudar a que nazca una nueva generación y esperar que, con el tiempo, esa generación pueda continuar sin el laboratorio. Y llegar hasta ese punto requiere algo que pocas veces aparece en las historias sobre ciencia: muchísima paciencia.


Las científicas también están creando un archivo genético
El proyecto tiene otra pieza que podría ser importante para el futuro. El equipo participa en la conservación de material reproductivo de corales, incluido un banco de esperma de especies amenazadas.
La idea es: si una población continúa disminuyendo, conservar su material genético mantiene abiertas algunas posibilidades para futuras investigaciones y programas de reproducción. En su trabajo sobre restauración en el Caribe mexicano, el equipo también documenta un biorepositorio de corales con muestras y genotipos procedentes de diferentes sitios.
Es una especie de archivo biológico. No sustituye a los arrecifes vivos, pero puede convertirse en una herramienta para conservar parte de la diversidad que existe actualmente antes de que algunas poblaciones desaparezcan.
El proyecto mexicano ya cruzó fronteras
El trabajo tampoco se ha quedado en Puerto Morelos. Las científicas han capacitado a personas de otros países en técnicas de reproducción coralina. De acuerdo con la información publicada sobre el programa, más de 200 personas de 23 países han recibido capacitación relacionada con estas técnicas.
Los corales no entienden de fronteras. Una enfermedad puede afectar arrecifes de distintos países y el aumento de la temperatura del océano tampoco se detiene frente a una línea imaginaria en el mapa. Por eso una técnica desarrollada en el Caribe mexicano puede terminar utilizándose en otros lugares.
Pero esto no significa que los arrecifes estén salvados
Aquí conviene bajar un poco el entusiasmo. Que algunas colonias criadas en laboratorio hayan sobrevivido y comenzado a reproducirse no significa que los arrecifes del Caribe mexicano estén recuperados.
La restauración coralina tiene límites. El propio trabajo científico desarrollado por el equipo mexicano señala retos importantes: seleccionar adecuadamente los corales reproductores, encontrar sitios apropiados para restaurarlos, conseguir sustratos estables y determinar qué individuos tienen mejores posibilidades de sobrevivir en las condiciones actuales.
Y existe un problema todavía mayor. Criar corales no detiene el calentamiento del océano. Tampoco elimina las enfermedades ni mejora por sí mismo la calidad del agua.
La restauración puede ayudar a recuperar poblaciones, pero no sustituye la necesidad de proteger los arrecifes y reducir las presiones que están provocando su deterioro. Por eso este proyecto no es una máquina para fabricar arrecifes: es una herramienta para intentar darles una segunda oportunidad.


Casi 20 años después, el laboratorio empieza a quedarse atrás
En 2007, el proyecto comenzó con una pregunta científica relacionada con la reproducción y el desarrollo de los corales. Con los años se convirtió en una estrategia de restauración que combina el mar, el laboratorio y nuevamente el mar y, desde entonces, las científicas han tenido que hacer algo que desde fuera puede parecer poco espectacular: esperar.
Esperar a que una larva creciera, esperar a que una colonia sobreviviera, esperar a que alcanzara la madurez, esperar a que llegara una noche de reproducción y, finalmente, esperar a que ocurriera aquello que durante años habían buscado: que los corales criados por ellas comenzaran a reproducirse en el arrecife.
Ese es quizá el mejor resultado que podía tener el proyecto. Porque significa que la intervención humana no tiene que durar para siempre, y las científicas mexicanas comenzaron ayudando a los corales a nacer.
Ahora algunas de esas colonias ya están produciendo una nueva generación en el Caribe mexicano. El laboratorio fue el principio. La idea siempre fue que algún día el arrecife pudiera continuar solo.
Imágenes | Pexels, Mongabay
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