Defensa Nacional a 205 años

Cuando Antonio de Medina Miranda asumió el 4 de octubre de 1821 la responsabilidad de organizar los asuntos militares del México independiente, el país tenía apenas unos días de existencia. La Regencia había creado cuatro secretarías de Estado y a este veracruzano, veterano de la batalla de Trafalgar, le correspondió encabezar la Secretaría de Guerra y Marina. México había conquistado su independencia, pero todavía tenía que construir las instituciones para defenderla.
A 205 años, la historia de la Defensa Nacional corre prácticamente paralela a la construcción del Estado mexicano. Pocas instituciones pueden explicar tanto de nuestra historia y, al mismo tiempo, haber experimentado una transformación tan profunda en los últimos años.
De Guerra y Marina a Defensa Nacional. El Ejército actual nació del Ejército Constitucionalista creado el 19 de febrero de 1913. En 1937 la Secretaría de Guerra y Marina cambió su denominación por Secretaría de la Defensa Nacional. Dos años después se creó el Departamento Autónomo de Marina y, en 1940, durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho, nació la Secretaría de Marina, encabezada por el general Heriberto Jara Corona. Después de 119 años, los asuntos militares de tierra y mar quedaron bajo secretarías distintas.
La Segunda Guerra Mundial representó otro momento decisivo. Después de haber sido presidente, el general Lázaro Cárdenas regresó al servicio activo. Primero asumió responsabilidades en la defensa de la región del Pacífico y en 1942 fue nombrado secretario de la Defensa Nacional para organizar la defensa del país ante una guerra que ya había alcanzado nuestras costas. México participaría finalmente con la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana y el Escuadrón 201.
La mayor transformación reciente. Considero que estamos frente a la reorganización más importante de Defensa en décadas. En 2021 se creó la Comandancia del Ejército Mexicano. La decisión permitió separar con mayor claridad las funciones político-administrativas de la Secretaría de aquellas relacionadas con la conducción, administración y desarrollo de la fuerza terrestre.
En 2022 se constituyó el Estado Mayor Conjunto de la Defensa Nacional. No fue solamente un cambio de nombre. Significó avanzar hacia una concepción conjunta de la planeación militar y contar con un órgano capaz de articular inteligencia, logística, operaciones y adiestramiento. La conducción militar moderna exige pensar y operar de manera conjunta.
La incorporación de la Guardia Nacional profundizó esta transformación. La reforma constitucional le otorgó el carácter de Fuerza Armada permanente y la integró a Defensa con su propia Comandancia. Hoy el secretario ejerce el Alto Mando sobre Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional. Esta nueva arquitectura tendrá que demostrar en los próximos años que una mayor capacidad institucional también se traduce en profesionalización, coordinación y mejores resultados.
Mujeres y educación militar. La incorporación plena de las mujeres es otro cambio histórico. La primera mujer causó alta oficialmente en 1934 y en 1938 abrió la Escuela Militar de Enfermeras. Durante décadas su participación estuvo concentrada principalmente en los servicios.
El cambio se aceleró en este siglo. Desde 2007 las mujeres ingresaron al Heroico Colegio Militar y otros planteles. Posteriormente se abrieron Artillería y Zapadores y, desde 2021, Infantería, Caballería y Arma Blindada. Hoy pueden incorporarse a todas las armas y servicios. Lo verdaderamente importante no es solamente que haya más mujeres uniformadas. Se abrieron las rutas profesionales para que nuevas generaciones alcancen las más altas responsabilidades de mando. Esta será una de las transformaciones más importantes de las próximas décadas.
También considero acertada la evolución hacia una Universidad de Defensa Nacional impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. No se trata solamente de cambiar el nombre de la actual Universidad del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional. Significa colocar a la defensa nacional en el centro de la formación profesional militar. México necesita militares preparados para entender no solamente la guerra, sino inteligencia, tecnología, ciberdefensa, inteligencia artificial y los nuevos riesgos a la seguridad nacional.
Diplomacia militar. Aquí existe una oportunidad que México debe aprovechar mejor. La defensa de un país ya no termina en sus fronteras. Las agregadurías militares y aéreas, los intercambios académicos, las reuniones de Estados Mayores, el adiestramiento y los ejercicios internacionales son instrumentos para generar confianza, conocer otras doctrinas y mantener canales directos entre Fuerzas Armadas.
La relación con EU tiene un peso particular. Defensa y el Comando Norte han construido mecanismos institucionales de comunicación y cooperación. Frente a una agenda bilateral marcada por narcotráfico, tráfico de armas, organizaciones criminales transnacionales y seguridad fronteriza, necesitamos más comunicación, intercambio de información, capacitación y confianza. La cooperación militar funciona cuando existe reciprocidad y respeto a la soberanía.
También considero correcta la decisión de regresar en 2015 a las Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU después de décadas de ausencia. Desde entonces, militares mexicanos, incluyendo una creciente participación de mujeres, han servido en misiones internacionales. Estas operaciones permiten adquirir experiencia multinacional, fortalecer capacidades y proyectar el profesionalismo de nuestras Fuerzas Armadas.
La diplomacia militar tiene además un rostro humanitario. El Plan DN-III-E trascendió desde hace años nuestras fronteras. Desde 1996 México ha desplegado 98 operaciones militares de asistencia en 30 países. En 2026, el agrupamiento “Yumare” participó en Venezuela en tareas de búsqueda, rescate y asistencia. Estas misiones proyectan capacidades mexicanas, generan confianza y constituyen una de las mejores expresiones de nuestra diplomacia militar.
El general Ricardo Trevilla Trejo encabeza hoy una Defensa muy distinta a la que recibió Antonio de Medina Miranda en 1821. El reto hacia adelante no es hacerla solamente más grande. Es consolidar una institución más profesional, conjunta, tecnológica, con mayor participación de las mujeres y más abierta al mundo. Esa debe ser la ruta de la Defensa Nacional después de sus primeros 205 años.
Por Gerardo Rodríguez
PAL
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