Milei está llevando el sistema científico argentino al borde del colapso

El sector privado no está exento de dificultades. Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, entre noviembre de 2023 y agosto de 2025 cerraron 19,164 empresas, un promedio de casi 30 por día.
Planes científicos bajo fuego
Por todas partes hay planes científicos paralizados; es el caso del pequeño reactor modular CAREM-25. Diego Hurtado detalla que por más de 15 años, Argentina había buscado competir en esta área. Para 2023, el país tenía un prototipo con el 64% de avance y apuntaba a completarlo hacia 2029.
Esta tecnología, al no emitir CO2, pretende ser limpia, constante y segura. Es considerada una pieza clave para la transición energética: su mercado está en conformación, tiene un alto potencial como negocio futuro y también como plataforma de autonomía tecnológica e industrial, anotó Hurtado en un artículo en Anfibia.
“La Agencia de Energía Nuclear de la OCDE en 2024 evaluó 56 proyectos de pequeños reactores modulares alrededor del mundo y el prototipo argentino estaba entre los cuatro primeros”, dice el exfuncionario. Hoy existen más de 120 iniciativas globales en marcha, y retomar su lugar en la lista exigiría recomponer equipos y capacidades de varios años. La carrera luce perdida.
Algo similar ocurre en el sector satelital. Argentina colocó en órbita dos satélites geoestacionarios nacionales, ARSAT-1 y ARSAT-2, en 2014 y 2015, respectivamente. El ARSAT-3 debía lanzarse en 2018, pero el gobierno de Mauricio Macri detuvo el proyecto y buscó asociarse con la empresa estadounidense Hughes para acordar el negocio de banda ancha, algo que la oposición en su país no permitió.
La tecnología de ARSAT-3 fue actualizada y el programa se reorientó a un nuevo satélite llamado ARSAT-SG1, al cual se le dio una nueva fecha para su puesta en órbita: 2026. El país incluso proyectaba exportaciones de satélites, con acuerdos preliminares con Turquía, pero desde 2023 volvió a estar paralizado.
El campo de la radioastronomía también enfrenta trabas. En 2025 el gobierno decidió no renovar el convenio para la instalación del Radiotelescopio Argentino-Chino (CART, por sus siglas en inglés) en El Leoncito, provincia de San Juan.
El proyecto CART es gestionado por la Universidad Nacional de San Juan en cooperación con la Academia China de Ciencias (CAS) e incluye una antena de 40 metros de diámetro, el radiotelescopio más grande de Sudamérica. Este se sumaría a una red mundial de radiotelescopios que utiliza interferometría de línea de base muy larga; en una primera etapa, el radiotelescopio tendría fines astrométricos y geodésicos y, más adelante, objetivos astrofísicos.
La astrónoma, docente universitaria y científica de datos Carolina del Valle Garay ha trabajado en el software que monitorea las condiciones meteorológicas en la ubicación de la antena y en la programación del back-end digital del radiotelescopio. En noviembre, publicó una carta abierta dirigida al presidente argentino para pedirle que no frenara el proyecto.
Con sus más de 300 noches despejadas y clima seco, San Juan es un sitio ideal para la instalación del radiotelescopio. China había decidido invertir fondos y desarrollar colaboraciones científicas, por ejemplo, para estudiar la formación de nuevas estrellas y la detección de formaldehído en nubes estelares chocadas por supernovas.
No renovar el convenio se alinea con la política exterior de Estados Unidos respecto a China. En entrevista para Fox News, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, indicó que Javier Milei se comprometió a sacar a China de la Argentina.
Del Valle destaca que perder el proyecto significa perder la innovación y formación de recursos humanos que representa desarrollar un sistema de posicionamiento y uno de procesamiento de datos que este requiere. “Le escribo para defender un sueño colectivo, uno que nació mucho antes de mí y que no pertenece a ningún gobierno, sino al pueblo argentino”, escribió la científica. “El radiotelescopio CART no es un símbolo político: es la demostración de que la Argentina puede construir conocimiento de frontera, puede cooperar con el mundo sin perder soberanía, puede inspirar a los niños de los pueblos más pequeños a estudiar y a creer que también ellos pueden llegar lejos”.
La incertidumbre de la carrera científica
Las becas de la agencia se ubican por debajo de la línea de pobreza. Al exigirles dedicación exclusiva, el sistema pone a la comunidad científica en un dilema complicado: buscar ingresos adicionales, lo que infringe las normas de la beca, o abandonar la carrera científica.
Quienes persisten enfrentan un bloqueo administrativo sin precedentes en Conicet: primero demoraron en comunicar los ingresos, ahora en hacer efectivos los cargos. “La última convocatoria en la que ingresó gente fue en 2022. Hay investigadores seleccionados, pero pasó un año y medio o dos sin ser designados y no cobran, por lo tanto tienen que hacer otra cosa”, explica Morón.
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