Las «fichas vivas»: cómo la IA devuelve la voz a 125 mil desaparecidos en México

Jalisco encabeza la lista como la entidad con más desaparecidos: más de 15,300 casos, de los cuales casi 7,000 corresponden a hombres entre 15 y 34 años. La situación en la zona metropolitana de Guadalajara es particularmente grave: en un solo año se descubrieron 28 sitios de exterminio, algunos en pleno centro de la ciudad. Estos lugares salieron a la luz después de que varios cautivos lograran escapar, aún desnudos y maniatados, como reveló Zona Docs.
En este contexto, las «Fichas vivas de búsqueda» representan una apropiación disruptiva de las herramientas digitales que extiende la lucha de los espacios físicos a los entornos onlife —esa dimensión híbrida donde convergen la vida en línea y fuera de línea.
“No es lo mismo enfrentarse a interfaces que entregan un diagnóstico médico que hacerlo cuando se trata de encontrar a un hijo que no está. Para muchas madres en México, la alfabetización digital no fue un curso en línea: fue aprender en la marcha, con otras, compartiendo saberes en redes informales, grupos de WhatsApp, encuentros en plazas y espacios comunitarios donde la tecnología se vuelve herramienta de búsqueda antes que de eficiencia”, explica José Luis Lugo, en un artículo escrito para WIRED en Español.
La síntesis de la presencia: Más allá del deep learning
El proyecto de las «Fichas vivas» no se limita a un uso instrumental de la tecnología. Consiste en la creación de retratos animados donde el desaparecido «habla» utilizando su propia historia, narrada por sus familiares y procesada mediante modelos de deep learning especializados en visión por computadora y síntesis de voz.
“Las fichas de búsqueda vivas son vídeos breves —generalmente de unos dos o tres minutos— producidos por las propias familias con herramientas de generación de imagen y voz. Técnicamente combinan modelos de visión por computadora, síntesis de voz y animación facial. Políticamente, hacen aparecer al desaparecido en un espacio público saturado de información, donde la mirada sobre la violencia estructural suele dispersarse”, explica José Luis Lugo, Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM.
“Pero más allá de su formato técnico, lo que estas fichas hacen es restituir agencia narrativa a quienes han sido borrados de los circuitos oficiales. Es la familia quien decide qué decir, cuándo y cómo. No hay intermediación narrativa de empresas tecnológicas ni de discursos institucionales distantes. Esto es clave: el relato no es sobre un algoritmo que “predice” una identidad futura, sino sobre una voz que reclama presencia aquí y ahora”, sostiene el investigador.
Desde una perspectiva técnica, este proceso implica una resignificación del código: herramientas diseñadas originalmente como innovaciones del capitalismo digital se convierten aquí en tecnologías de esperanza.
La diferencia con el activismo tradicional es crucial: mientras los carteles de búsqueda físicos son arrancados sistemáticamente por el gobierno para «limpiar» la imagen urbana —borrando con ello la evidencia del problema—, las reconstrucciones digitales no pueden ser silenciadas tan fácilmente.
Circulan en TikTok y Facebook, evaden la censura física y han generado un impacto internacional que alcanza países como Rusia y Estados Unidos.
De la parálisis a la potencia de actuar
El estudio subraya una transición psicológica y social fundamental en los colectivos de buscadoras. Citando a Melucci y Reguillo, los autores explican cómo las familias atraviesan un proceso que comienza con el dolor paralizante de la pérdida, continúa cuando encuentran a otros que comparten la misma ausencia y culmina en la acción colectiva mediante el uso de la IA, transformando así la tristeza en una fuerza de actuación pública.
Esta «búsqueda en vida» no asume la muerte. Por el contrario, utiliza la animación digital para materializar una presencia. Al ver a una persona desaparecida explicar quién es y a quién extraña, se rompe el letargo del espectador. La IA aquí no engaña; humaniza.
El estudio subraya una transición psicológica y social fundamental en los colectivos de buscadoras.
Brechas, género y el riesgo de la «responsabilidad»
A pesar de la innovación, el camino está minado de desigualdades estructurales. El estudio de la UNAM es tajante al analizar las brechas digitales: en México, solo el 25% de las mujeres tiene alfabetización en IA.
Que un colectivo liderado mayoritariamente por madres buscadoras logre superar esta barrera constituye un acto de soberanía tecnológica.
Sin embargo, esta exposición conlleva peligros. Los autores identifican una brecha de responsabilidad y riesgos de seguridad críticos que van desde la vigilancia estatal —los colectivos han reportado espionaje en sus telecomunicaciones por parte de gobiernos locales— hasta la extorsión digital, donde grupos criminales utilizan herramientas similares de IA para crear deepfakes y extorsionar a las familias con pruebas de vida falsas o detenciones simuladas.
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