la Generación Z no tiene problemas con comprar en línea, pero en persona es un tormento

Comprar en línea es una de las formas más comunes de adquirir productos hoy en día. A tan solo un par de clics de distancia puedes encontrar un sinfín de artículos y hasta disfrutar de la comodidad de recibir la despensa en la puerta de tu hogar. La Generación Z, no tiene ningún problema con esta práctica. El verdadero tormento está en otro lado: acudir a establecimientos tradicionales.
A la fecha, los nacidos a principios de los 2000 ya forman parte del sector poblacional que trabaja, paga impuestos o pone dinero para los servicios en casa. No obstante, aunque se autodenominen bajo la etiqueta de «adultos chiquitos«, comprar en tiendas físicas se ha convertido en una ardua tarea. Todo parece indicar que no saben cómo hacerlo: «Mi mayor miedo como semiadulta es no saber comprar en una carnicería».
No es un trend, es una realidad. El cambio generacional ha permeado la realización de actividades comunes entre los jóvenes, en este caso poder comprar un kilo de carne. Como testimonio se encuentra el video compartido en TikTok por una joven veinteañera de Zaragoza, España: expresó su temor al no saber qué hacer en una carnicería.
Sin embargo, en lugar de recibir burlas por parte de otros usuarios, los comentarios respaldan ese sentir. Decenas de personas compartieron sus anécdotas sobre la vergüenza que pasan al entrar a un local o bien, el hecho de no saber cómo interactuar en un mercado. Sea cual sea el lugar, se les dificulta qué hacer o qué pedir.

«En la pescadería no sabía que el salmón se vendía por pieza entera. Pedí un salmón pensando que era un kilo, me entregó el salmón entero (64 €). Como me dio vergüenza no le dije nada y me lo llevé»
«Una vez vi a una abuelita comprar un cuarto de chorizo, me pareció bien la cantidad y desde entonces compro un cuarto de todo«.
Como si fuesen infantes, pareciera que aprenden por imitación. Aunque también haya quienes simplemente cometen errores y se los guardan para evitar situaciones incómodas. A estos testimonios se suma el de un joven que al momento de pedir 50 gramos de queso, solo recibió una rebanada: «Me fui con mi loncha de queso callado de vergüenza».
Ante el desconocimiento de comprar en lugares físicos, los jóvenes se han resguardado detrás de sus dispositivos para realizar esta tarea. Tan es así que cerca del 50% de su gasto total lo destinan en compras en línea. Una marcada diferencia con adultos mayores y su menos del 10%.
Otro patrón que se repite en su forma de comprar es la fidelidad a las marcas. Un 43% prefiere comprar directamente en compañías ya conocidas por que les infunde confianza y seguridad. Tendencia que, queramos o no, es el reflejo de un problema aún mayor que acecha a esta generación: falta de comunicación.
Paradójicamente, los jóvenes están acostumbrados a pasar horas en pláticas, pero solo con mensajes de texto y evitan llamadas telefónicas. Ello ha dado pie a que encuentren dificultades incluso para preguntar a los vendedores en tiendas sobre la cantidad adecuada de un producto.
Si bajamos esta situación en México, también se puede encontrar esta nueva normalidad del consumo. Como explica un estudio realizado por el Tecnológico de Monterrey, la Generación Z destina en promedio 3,000 al mes para comprar alimentos en línea. Al menos así lo hacen el 51% de los jóvenes.
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