“Cártel”, la trampa semántica que prepara el terreno para la intervención de EE UU en México

Para Donald Trump, narcotráfico y México son sinónimos. A horas de iniciar su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, designó a los cárteles del narcotráfico como organizaciones terroristas. La Casa Blanca justificó la decisión argumentando que «los cárteles controlan funcionalmente, mediante asesinatos, terror, violaciones y fuerza bruta, casi todo el tráfico ilegal a través de la frontera sur de Estados Unidos. En ciertas zonas de México operan como entidades cuasi gubernamentales, controlando casi todos los aspectos de la sociedad».
Trump insiste: los cárteles controlan México
Trump ha repetido esta narrativa en múltiples ocasiones. El 18 de febrero, en una rueda de prensa en Palm Beach, Florida, aseguró que México está gobernado en gran medida por los cárteles.
El 23 de octubre de 2025, durante una mesa redonda sobre seguridad, reiteró: «México está gobernado por los cárteles. Siento un gran respeto por la presidenta, una mujer que considero extraordinaria y muy valiente. Pero México está gobernado por los cárteles. Y tenemos que defendernos de eso».
Poco después, ocurrió la intervención en Venezuela.
El paralelismo con Venezuela
Para Oswaldo Zavala, investigador sobre seguridad en México y docente del Graduate Center de la City University of New York, lo que sucedió en Venezuela fue un ensayo del guion de intervención que Estados Unidos ahora aplica a México.
«Primero se creó un contexto en el que Estados Unidos manifiesta enorme descontento por el supuesto avance de lo que llaman narcoterrorismo, de forma muy falaz», explica Zavala.
Para el autor de Los Cárteles No Existen, obra que analiza críticamente la guerra contra las drogas iniciada por Felipe Calderón en 2008, la narrativa de Trump sobre los cárteles es una reedición del discurso usado contra Nicolás Maduro y el Cártel de los Soles.
En 2020, el Departamento de Justicia acusó a Maduro de liderar el Cártel de Los Soles. En noviembre de 2025, el Departamento de Estado de Rubio designó a esta presunta organización como terrorista.
Sin embargo, tras la captura de Maduro, el Departamento de Justicia no lo presentó como líder del cártel, sino que lo acusó de encabezar la corrupción del Estado venezolano y usar sus instituciones para transportar cocaína a Estados Unidos.
La preocupación de Zavala es que, al validar el lenguaje de guerra contra los cárteles, México permite que se aplique el mismo guion usado para intervenir en Venezuela.
«Estados Unidos no es serio en el combate al narcotráfico, es solo un pretexto. No hay ninguna preocupación real sobre el tráfico de fentanilo», sentencia Zavala.
La ironía, señala, reside en la hipocresía semántica: si existiera un narcoestado definido por su capacidad de distribución y consumo masivo de drogas, ese sería Estados Unidos.
El Caballo de Troya semántico
Zavala profundiza en cómo las palabras se convierten en armas de dominación. El término «cártel», aceptado sin crítica por el gobierno mexicano, los medios y la sociedad, actúa como un caballo de Troya. «Aceptar la palabra cártel es como invitar el caballo de Troya a las puertas de la ciudad», explica.
¿Por qué? Porque el término no solo define a traficantes de drogas. «Cártel» implica una organización que disputa la soberanía del Estado, controla territorio y justifica una intervención extranjera para «liberar» a la sociedad.
Bajo este marco, las palabras de Trump sobre un México gobernado por los cárteles no son casuales. «Nosotros hemos repetido esa idiotez, esa fantasía por años y ahora nos la vienen a cobrar», lamenta Zavala.
Al insistir en mapas de control territorial de grupos como el Cártel Jalisco Nueva Generación o el Cártel de Sinaloa, México ha construido el pretexto perfecto para su propia invasión.
Reescribir el guion
La política de negociación del gobierno de Claudia Sheinbaum frente a Donald Trump ha caducado, según Zavala. «Lo que toca hacer ahora es mostrar cómo el intervencionismo de Estados Unidos es tan peligroso que podría detonar un conflicto verdaderamente costoso para ambos países», argumenta.
La única salida para la administración Sheinbaum es replantear radicalmente la estrategia: dejar de servir a la narrativa de la guerra y comenzar a disputar el lenguaje.
Debe denunciar la presión estadounidense no como una exigencia de seguridad, sino como una construcción discursiva hostil diseñada para vulnerar la soberanía. Mientras México no rompa con la semántica de Washington, seguirá atrapado en un relato donde su única función es ser el culpable.
«Mientras sigamos fingiendo que esto es sobre el narcotráfico, mientras sigamos fingiendo que el presidente quiere más acciones y hay que darle más, vamos a estar atrapados en esa lógica de extorsión», concluye Zavala.
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