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El ICE llega a Milán para los Juegos Olímpicos de Invierno; los italianos no están contentos

Falta menos de una semana para el inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán-Cortina y el tema que acapara los titulares no es el deporte, sino la seguridad. Desde hace días, el Gobierno, la Región de Lombardía, el Ayuntamiento de Milán, embajadas, consulados y medios de comunicación nacionales e internacionales intercambian declaraciones sobre la supuesta presencia, durante el evento deportivo, del ICE. Sí, escuchaste bien, la agencia federal antiinmigración que bajo la administración Trump está sembrando más caos, violencia y muertes que nunca en Estados Unidos.

Entre anuncios, desmentidos y aclaraciones, al final el embajador de EE UU en Italia, Tilman J. Fertitta, intervino directamente para confirmar que sí, que habrá funcionarios de Homeland Security Investigations, el brazo investigador del ICE, durante las Olimpiadas. No llevarán a cabo operaciones de orden público, ni patrullarán, sino que trabajarán en el ámbito de la inteligencia, como es habitual en eventos internacionales de este tipo. Pero algo ha cambiado en la percepción internacional de ICE y esto abre nuevos escenarios para el futuro, como está demostrando el caso italiano. Para empeorar el ánimo de la opinión pública está también la presencia, confirmada o presunta, de otros aparatos de seguridad que no se consideran precisamente modélicos.

Lo que pasa en la ciudad (en Milán y alrededores)

El ping pong de ICE

Todo empezó con un artículo en Il Fatto Quotidiano del 24 de enero. Una fuente anónima, vinculada al Departamento de Seguridad estadounidense, anunciaba la llegada de ICE a Italia con motivo de los Juegos Olímpicos de Invierno para ayudar a gestionar la seguridad y el orden público.

Tras los asesinatos de Renee Nicole Good y Alex Pretti en el espacio de un par de semanas en Minneapolis; el primero a manos de Enforcement and Removal Operations –ERO–, el brazo del ICE que opera sobre el terreno con redadas y detenciones, el segundo a manos de agentes de Customs and Border Protection –CBP–, la agencia federal que se ocupa de los controles policiales fronterizos. La noticia no ha pasado desapercibida. La idea de que los encapuchados y violentos que causan estragos en Estados Unidos, con el beneplácito del presidente Donald Trump, puedan venir a Italia a exportar su muy cuestionable modelo de gestión de la seguridad ha creado descontento ciudadano y tensiones políticas.

Primero el ministro del Interior, Matteo Piantedosi, declaró no saber nada de la presencia de ICE en Milán, subrayando sin embargo que no veía nada malo en ello. Después, la agencia de prensa Ansa publicó unas declaraciones del presidente de la Región de Lombardía, Attilio Fontana, en las que confirmaba la presencia de ICE. A continuación le tocó el turno al alcalde de Milán, Beppe Sala, que comentó que ICE no era bienvenido en Milán. Hubo incluso preguntas parlamentarias de los partidos Alleanza Verdi y Sinistra e Azione. La primera ministra, Giorgia Meloni, por su parte, ha permanecido en silencio, atrapada en ese limbo de excelentes relaciones con Donald Trump, quien, sin embargo, cuenta él mismo con un bajísimo consenso en Italia.

Cómo están las cosas

Al final, Estados Unidos se encargó de aclarar el asunto, desenredando la enmarañada y confusa madeja creada por el Gobierno. El Departamento de Seguridad Nacional estadounidense, del que depende Ice, ha confirmado la presencia de agentes federales. No, sin embargo, los agentes de campo, esa milicia brutal que hemos llegado a conocer por las imágenes de Minneapolis y otras ciudades estadounidenses. Sino su rama investigadora, la Homeland Security Investigations (HSI), dedicada a operaciones de inteligencia. El ministro Piantedosi se reunió entonces con el embajador de Estados Unidos en Roma, Tilman J. Fertitta, quien emitió un comunicado confirmando lo que había dicho el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense.

Tras una semana de declaraciones y desmentidos, la versión oficial es que Ice estará en Italia durante los Juegos Olímpicos de Invierno. No de la forma que se temía, en el sentido de que no formará parte del enorme dispositivo de seguridad y orden público establecido por el Ministerio del Interior, que incluye más de seis mil efectivos de las fuerzas del orden. En resumen, no habrá agentes encapuchados, armados con sprays aturdidores y pistolas a menudo fuera de sus fundas, que en los últimos meses han sembrado el pánico en Estados Unidos, sino figuras de traje y corbata que trabajarán desde la embajada y los consulados estadounidenses para frustrar posibles delitos contra el nutrido contingente estadounidense, tanto deportivos como políticos (está prevista la participación olímpica del vicepresidente JD Vance y del secretario de Estado Marco Rubio).

No se trata, pues, de algo fuera de lo común. El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos tiene varias oficinas en todo el mundo, incluida Italia, dentro de la embajada en Roma. La sección de investigación de ICE, precisamente porque se ocupa entre otras cosas de delitos transnacionales, también opera normalmente en el extranjero, especialmente durante grandes acontecimientos y manifestaciones con participación estadounidense, como los Juegos Olímpicos de Invierno. Los funcionarios de ICE, en resumen, siempre han estado allí, incluso recientemente. Probablemente también fue el caso el pasado mes de abril, cuando la Ciudad del Vaticano acogió el funeral del Papa Francisco, al que también asistieron Donald Trump y JD Vance. Lo que ha cambiado, sin embargo, es la forma en que la opinión pública, especialmente la internacional, ha empezado a ver a la agencia federal antiinmigración estadounidense. Y esto podría tener repercusiones en el futuro.

Una alerta para el futuro

La presencia del ICE en Italia, aunque en su rama investigadora y no operativa sobre el terreno, ha causado gran descontento e indignación. Incluso la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) se ha pronunciado al respecto, manifestando su preocupación por la presencia de ICE en el país. Periódicos de todo el mundo, incluidos los de Estados Unidos, han cubierto el asunto en profundidad.

No es poca cosa para Estados Unidos. Washington está acostumbrado a tener casi siempre carta blanca en la gestión de las cuestiones de seguridad en el extranjero, y a menudo el intercambio de información con los distintos gobiernos amigos sobre quién va a operar en sus países es limitado y deficiente, por el simple hecho de que Estados Unidos goza de una vía diplomática privilegiada. La polémica sobre la presencia de ICE en Italia, la confusa forma en que el gobierno de Meloni ha manejado el asunto en términos de comunicación, las barricadas de la sociedad civil y la oposición, podrían tener repercusiones en futuros acontecimientos y manifestaciones.

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