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Más allá del petróleo: los recursos estratégicos de Venezuela en el radar de Trump

Detrás del ataque militar que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, no está solo la retórica contra el narcotráfico o la lucha por la democracia, sino también la ambición de Estados Unidos de asegurar beneficios estratégicos ligados al petróleo y otros recursos naturales de Venezuela.

En una rueda de prensa desde su complejo turístico de Mar‑a‑Lago, el presidente Donald Trump afirmó que grandes compañías energéticas estadounidenses invertirán «miles de millones de dólares para reconstruir y revitalizar la industria petrolera venezolana«, una infraestructura que ha sufrido décadas de deterioro. Trump se refirió a la intención de regresar a una relación bilateral similar a la de hace ochenta años, cuando Caracas era uno de los principales proveedores de crudo para las refinerías estadounidenses en la Costa del Golfo.

Este planteamiento contrasta con el giro político y económico implementado por Hugo Chávez y continuado por Maduro, que tensó las relaciones con Washington y estuvo acompañado por un marcado deterioro del sector petrolero estatal.


La administración Trump ha dejado claro que la captura de Nicolás Maduro estaba vinculada a las vastas reservas de petróleo de Venezuela. No obstante, se desconoce cómo podrían acceder a ellas las empresas estadounidenses, o incluso si realmente desean hacerlo.


El contexto

Venezuela posee las mayores reservas de crudo del mundo, pero no puede explotarlas plenamente porque las políticas de nacionalización, introducidas por Chávez en la segunda mitad de la década de 2000 y continuadas por Maduro, dejaron al país falto de infraestructuras y capital humano: tras décadas de mantenimiento deficiente, las plantas se encuentran en condiciones precarias, mientras que los directivos de las empresas y los técnicos cualificados han huido al extranjero. Y las sanciones internacionales han agravado aún más el panorama.

EE UU ya no necesita el petróleo venezolano como antaño, convertido en el mayor productor de hidrocarburos del planeta. Pero las refinerías que dominan el Golfo de México están diseñadas para procesar una variedad de crudo «más pesado» que el nacional, como el betún canadiense y el petróleo venezolano. Por tanto, restablecer el comercio con Caracas sería ideal para el negocio de los operadores de estas plantas. Y no solo eso, sino que supondría una importante contribución al diseño de Trump para el dominio energético.

No hay certeza de que las empresas estadounidenses estén dispuestas a asumir los enormes costos de reestructuración del sector petrolero venezolano, como anuncia Trump: la inestabilidad política desincentiva la inversión y los bajos precios del crudo aplazan el momento del retorno económico. Sin embargo, existen otros recursos en el subsuelo venezolano que la Casa Blanca considera más críticos que el petróleo: los minerales. La intervención de EE UU en el país sudamericano responder también al objetivo de asegurar el acceso a estos preciados yacimientos, que ya están en el centro de las discusiones sobre Groenlandia y Ucrania.

Los metales preciosos y minerales bolivarianos

En 2019, el Gobierno de Maduro presentó un plan quinquenal destinado a reactivar el sector minero tras la fallida experiencia de la nacionalización, con el objetivo de garantizar al país una fuente de ingresos alternativa al petróleo. Desde entonces, Caracas no ha publicado datos precisos sobre los niveles de producción, aunque el potencial, aunque no perfectamente estimado, sigue siendo significativo. Venezuela cuenta con abundantes yacimientos de oro (644 toneladas), carbón (731 millones de toneladas), mineral de hierro (casi 15,000 millones de toneladas) y bauxita (321 millones de toneladas), materia prima del aluminio.

No obstante, los minerales que más llaman la atención de Estados Unidos son los considerados «críticos», por ser esenciales para los sectores de defensa, energía y electrónica. La importancia de estos elementos radica también en que China controla de manera muy significativa su extracción y, sobre todo, su refinado. Trump busca evitar depender de su rival, por ello trabaja en la creación de una cadena de suministro alternativa, tanto dentro como fuera del país. En este contexto, Venezuela, rica en recursos y geográficamente cercana, podría contribuir al plan para reducir la dependencia de Pekín, al menos en potencia.

Según un mapa gubernamental publicado en 2021, se estima que el subsuelo venezolano alberga yacimientos de antimonio, plata, coltán, magnesio, molibdeno, cobre, titanio, wolframio, uranio y zinc. Todos ellos son elementos críticos: el cobre, por su alta conductividad eléctrica y térmica, es muy demandado en centros de datos; la plata, cuyos precios podrían duplicarse hacia 2025, se emplea en paneles solares; el níquel se utiliza en baterías; el uranio es esencial para la energía nuclear; el titanio, para la industria aeroespacial; el antimonio y el wolframio, en la fabricación de municiones; y el coltán, cuyos principales yacimientos se concentran en el Congo, tiene múltiples aplicaciones en la industria electrónica.

Cómo es el sector minero hoy en día

No está claro si los yacimientos venezolanos son vastos o si los recursos que contienen son fácilmente recuperables; lo que sí es seguro es que Estados Unidos necesita esos minerales. El Ejército estadounidense está considerando incluso la posibilidad de construir minirrefinerías de antimonio y, posiblemente, de wolframio. China extrae casi la mitad de la producción mundial. En agosto, el gobierno estadounidense aprobó un préstamo de 465 millones de dólares para el desarrollo de una mina de tierras raras en Brasil, otra nación sudamericana, también con el objetivo de reducir la dependencia de Pekín.

«A pesar de las repetidas declaraciones de abundancia de minerales, Venezuela nunca ha desarrollado la capacidad institucional, la base industrial ni el entorno empresarial necesarios para transformar los recursos del subsuelo en una producción sostenible a gran escala», explicó Gracelin Baskaran, director del programa de Seguridad de Minerales Críticos del think tank estadounidense CSIS. En concreto, el país no es la reserva de materias primas que la Casa Blanca desearía.

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Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://es.wired.com/articulos/mas-alla-del-petroleo-los-recursos-estrategicos-de-venezuela-en-el-radar-de-trump

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