los celulares baratos ya no son tan baratos

Durante años, el mercado de smartphones en México creció impulsado por la promesa de que cada vez era más fácil acceder a un celular funcional sin gastar demasiado. Sin embargo, ese equilibrio parece haberse roto en 2026.
Los celulares económicos eran los que movían las ventas, pero hoy enfrentan un escenario distinto, donde los precios ya no son tan accesibles y los consumidores empiezan a pausar sus compras.
El mercado mexicano venía de un momento de relativa estabilidad. De acuerdo con The Competitive Intelligence Unit (The CIU), durante 2025 se comercializaron 35 millones de smartphones en el país, lo que representó un crecimiento anual de 7%.
Sin embargo, entre enero y febrero de 2026, las ventas de smartphones en el país cayeron 9% interanual, en un contexto donde la presión económica y el encarecimiento de componentes clave están frenando el mercado.
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Los celulares baratos ya no cumplen su promesa y eso está frenando las ventas
El problema no está en la falta de interés por los smartphones, sino en la transformación del segmento más importante del mercado: el de la gama de entrada. En México, los dispositivos por debajo de los 250 dólares (alrededor de 4,200 a 4,500 pesos) representan cerca del 64% de las ventas, lo que los convierte en el principal motor del mercado, según Counterpoint Research.
Sin embargo, este segmento es también el más vulnerable. La memoria —uno de los componentes clave en cualquier smartphone— ha experimentado un incremento de precios significativo debido a la escasez global y a la creciente demanda impulsada por la inteligencia artificial.
De acuerdo con Counterpoint Research, el costo de la memoria podría dispararse hasta 130% en 2026 y aumentar alrededor de 15% adicional en el segundo trimestre del año, una presión que ya se está trasladando al precio final de los smartphones.

En 2025, la configuración más popular en México fue de 8 GB de RAM y 256 GB de almacenamiento, con el 37% del mercado total, según datos de Counterpoint Research. Este cambio marca una diferencia clara frente a años anteriores, cuando la configuración de 4 GB de RAM y 128 GB era suficiente para la mayoría.
Este cambio no es menor. Más memoria significa mejor rendimiento, más aplicaciones abiertas al mismo tiempo y una mayor vida útil del dispositivo. También responde a sistemas operativos más exigentes y aplicaciones más pesadas.
La IA está detrás del aumento en los precios de los smartphones
Detrás de este encarecimiento hay una causa estructural más profunda dentro de la industria tecnológica a nivel global. La creciente demanda de infraestructura para inteligencia artificial está reconfigurando la cadena de suministro de componentes clave.
En este contexto, los fabricantes de memoria están priorizando productos más rentables y estratégicos para IA, como DDR5 y memoria de alto ancho de banda (HBM), utilizados en centros de datos y en el entrenamiento de modelos. Esto ha desplazado la producción de otros tipos de memoria, como la LPDDR que utilizan los smartphones.


Aunque los celulares no usan la misma memoria que los sistemas de inteligencia artificial, todos dependen del mismo proceso de fabricación basado en obleas de silicio. Esto genera una competencia por recursos que reduce la disponibilidad de componentes para dispositivos móviles.
A medida que la producción se concentra en memorias más rentables, la oferta de LPDDR disminuye y los costos aumentan. Este efecto se traslada a los fabricantes de smartphones, que enfrentan mayores costos de producción en un componente esencial.
Así están reaccionando Xiaomi, Motorola y otras marcas ante la crisis de memoria
Ante este escenario, los fabricantes también están ajustando su estrategia. Algunas marcas reducen la variedad de modelos, priorizan dispositivos más rentables o incluso recortan especificaciones para mantener precios competitivos.
Analistas de Counterpoint Research señalan que marcas como Samsung y Apple tienen mayor capacidad para resistir la presión, mientras que fabricantes enfocados en gama media y baja —como Xiaomi, Oppo, Motorola, Honor y realme— enfrentan mayores desafíos para asegurar suministro y mantener precios competitivos.
Con el aumento en los costos de producción, las marcas están tomando decisiones más conservadoras. Una de las principales es la reducción en la variedad de modelos dentro de la gama de entrada. En lugar de lanzar múltiples versiones con pequeñas diferencias, ahora priorizan portafolios más compactos que maximicen la rentabilidad.


Además, algunas compañías están ajustando especificaciones para contener precios. Esto puede implicar reducir ciertos componentes —como cámaras secundarias, calidad de pantalla o incluso velocidad de carga— para compensar el aumento en el costo de la memoria.
A su vez, los distribuidores están extendiendo plazos de financiamiento o ajustando esquemas de pago para mantener el volumen de ventas. En México, donde el crédito es un factor clave en la compra de tecnología, esto permite que dispositivos más caros sigan siendo accesibles, al menos en el corto plazo.
Pero incluso ese modelo enfrenta presión. A medida que los precios suben, también lo hacen las mensualidades o la duración de los pagos, lo que puede desincentivar las compras impulsivas.
Los mexicanos ya no cambian de celular tan seguido: más reparaciones, reacondicionados y mercado gris
Del lado del consumidor, el impacto es igual de evidente. Con precios más altos y un entorno económico incierto, los usuarios están modificando su comportamiento.
Una de las principales tendencias es la extensión del ciclo de vida de los dispositivos. En lugar de cambiar de celular cada uno o dos años, muchos optan por conservarlos por más tiempo. Esta decisión no solo responde al costo, sino también a una percepción de que las mejoras entre generaciones ya no justifican el gasto inmediato.


Además, el mercado de dispositivos reacondicionados comienza a ganar relevancia. Se proyecta que este segmento crezca entre 10% y 15% anual en México, superando incluso el ritmo global. Esto sugiere que los consumidores están buscando alternativas más económicas sin necesariamente renunciar a un buen desempeño.
Otra consecuencia directa es el aumento en la reparación de dispositivos. Antes de comprar un equipo nuevo, los usuarios evalúan si vale la pena reparar el actual.
A este escenario se suma un fenómeno que suele crecer en contextos de presión económica: el mercado gris. Ante el encarecimiento de los dispositivos en canales oficiales, algunos consumidores optan por comprar equipos importados o sin distribución formal, atraídos por precios más bajos.
Si bien esta alternativa puede representar un ahorro, también implica riesgos en garantía, compatibilidad y soporte, lo que evidencia hasta qué punto el precio se ha convertido en el factor decisivo en la compra de smartphones en México.
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