Hace tres meses, Elon Musk llamó «malvada» a Anthropic. Hoy les entregó las llaves de su mayor supercomputador

“La carrera por la IA se pone rarísima”. Con ese titular, la revista Wired registró el acuerdo entre SpaceX y Anthropic para que esta última utilice los recursos informáticos de xAI, la empresa de IA de Elon Musk. Es, para decirlo sin adornos, una alianza con profundas implicaciones en el competido paisaje de la IA.
Básicamente, porque es la definición de sorpresiva, si se considera que hace apenas tres meses el multimillonario escribió en X que Anthropic era «malvada», «misantrópica» y que su IA “odiaba a los blancos y a los asiáticos, especialmente a los chinos, los heterosexuales y a los hombres”.

Pero, además, porque le da a Anthropic uno de los activos más valiosos de la IA de Musk: acceso al supercomputador más grande del mundo.
El coloso de Musk
Según lo explica xAI, Colossus 1 es “uno de los superordenadores más rápidamente desplegados del mundo”, construido en poco más de tres meses -y a un costo de 7,000 millones de dólares- en una antigua fábrica de Electrolux en Paul Lowry Road, al suroeste de Memphis, Tennessee. Numerosas fuentes coinciden en señalarlo como el supercomputador de IA más grande del mundo.


En el sitio web del proyecto se lee: “Colossus ofrece una escala sin precedentes para cargas de trabajo de IA para entrenamiento, ajuste fino, inferencia y computación de alto rendimiento. Cuenta con más de 220,000 GPU NVIDIA, incluyendo despliegues densos de aceleradores H100, H200 y de nueva generación GB200. El clúster ofrece un rendimiento paralelo extremo para grandes modelos de lenguaje, sistemas multimodales, simulaciones científicas e inteligencia artificial generativa a escala de vanguardia”.
Hasta ahora, el objetivo principal de Colossus era entrenar al chatbot de xAI, Grok. Además, brindar soporte informático a la plataforma de redes sociales X y a otros proyectos de Elon Musk, como SpaceX. Ahora que Anthropic ha acordado alquilar toda la capacidad de computación en Colossus 1 (sin incluir los centro de datos de Colossus 2 y otras expansiones), SpaceX -que tras absorber, este año, a xAI formó una subsidiaria llamada SpaceX AI- se asegura unos ingresos anuales de entre 3,000 y 4,000 millones de dólares al año.
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La carrera por la potencia de cómputo
En este punto, cabe preguntarse: ¿qué fuerza es tan poderosa como para llevar a Anthropic al corazón de la operación de quien hace apenas unos meses los insultaba con toda clase de calificativos? La respuesta solo puede ser: la desesperación.
La severa escasez de potencia de cómputo es la responsable de esta cooperación. Anthropic ha formado un equipo de desarrollo de software de talla mundial y va camino de generar 40,000 millones de dólares en ingresos este año. El gran problema en su estrategia es, simplemente, que no posee suficiente hardware. De allí que recientemente haya tenido que apelar a medidas impopulares entre su base de clientes, como limitar la velocidad y el uso de Claude Code, una de sus herramientas más potentes.
Por su parte, SpaceX ve en este contrato multimillonario una jugada para fortalecer su perfil financiero de cara a una inminente salida a bolsa, y una oportunidad para posicionarse como un proveedor crítico de infraestructura para uno de los nombres de referencia de la industria.


De allí que Musk haya cambiado de opinión y ahora diga, en su cuenta de X: «Pasé mucho tiempo la semana pasada con miembros de alto nivel del equipo de Anthropic para entender lo que hacen para asegurar que Claude es bueno para la humanidad y quedé impresionado». Agregó: «Nadie activó mi detector de maldad».
Cómputo orbital
Según informa Reuters: «El acuerdo duplicará los límites de cinco horas de solicitudes de Claude Code para suscriptores Pro, Max, Team y Enterprise, eliminando las restricciones en horas punta para las cuentas Pro y Max. Los límites de tasa de API para los modelos Claude Opus también aumentarán, permitiendo un mayor rendimiento para los desarrolladores».
En otras palabras, el cielo es el límite. O, quizá, ni siquiera eso, porque en su carrera por la supremacía técnica Anthropic y SpaceX han puesto sus ojos más allá de las nubes y han expresado su interés en colaborar en proyectos de “IA orbital” que podría involucrar a miles de satélites con centros de procesamiento alimentados por paneles solares.
Este enfoque ubicaría gigavatios de poder de cómputo en la órbita terrestre para superar los límites terrenales en materia de potencia, refrigeración y suelo. Para concretar esa visión primero habrá que resolver monumentales obstáculos de ingeniería, pero si hay una firma con, al menos, un punto de partida para enfrentarlos, uno pensaría que debería ser SpaceX, que acumula la cadencia de lanzamientos y la experiencia necesarias para convertir la computación orbital en un programa de ingeniería a corto plazo.
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