el archivo desclasificado por Trump es un tesoro de testimonios redactados y fotos borrosas

Buzz Aldrin vio “una fuente de luz muy brillante” desde la cabina del Apolo 11, un astronauta del Apolo 17 vio “partículas como fuegos artificiales” y un tripulante del Gemini VII avisó a Houston de “un bogey a las 10”. Más recientemente, en 2023, el FBI investigó el testimonio de un operador de drones que describió “un objeto gris metálico sin alas ni formas aparentes de propulsión”, que cruzó el cielo a 1,500 metros de altura y despareció en medio de una luz blanca.
Esos son algunos de los relatos que recoge un nuevo lote de archivos sobre lo que todavía llamamos ‘ovnis’ -pero que organizaciones como la NASA y el Pentágono ahora proponen denominar FANI (Fenómenos Anómalos No Identificados)- que el Pentágono comenzó a publicar hoy, en una medida sin precedentes que la administración del presidente estadounidense Donald Trump presentó como un ejercicio de transparencia y sus críticos calificaron como una mal disimulada cortina de humo.
Porque, pese a la pompa que rodeó el anuncio y a lo llamativo que parece que el Gobierno libere 161 archivos que permanecieron por años en el más absoluto secreto, lo cierto es que en ellos abundan las luces borrosas, los testimonios cruzados y los tachones negros sobre millones de folios.

‘¿Qué diablos está pasando?’
«Mientras que las administraciones anteriores no han sido transparentes sobre este tema, con estos nuevos documentos y videos la gente puede decidir por sí misma: ‘¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO?’ Diviértanse y disfruten”, escribió Trump escribió Trump en una entrada en su red Truth Social.


Formalmente, la publicación hace parte del proyecto PURSUE, el Sistema Presidencial de Desclasificación y Reporte para Encuentros con FANI, según sus siglas en inglés. Sigue la estela de otras desclasificaciones recientes de la actual administración -igualmente anticlimáticas- como documentos del asesinato de John F. Kennedy o el misterio de Amelia Earhart.
Por eso, pese al interés público por visitar el sitio web, ya hay algunas voces reclamando que se liberen más archivos. El congresista Tim Burchett, republicano de Tennessee, celebró la publicación de los archivos pero dijo que es apenas «un gran comienzo». La republicana Anna Paulina Luna, congresista de Florida, le dijo a la BBC que la revelación es «un primer paso enorme en la dirección correcta».
Los archivos desclasificados
Los 161 archivos dados a conocer forman un primer paquete denominado Release01. En ellos se recogen más de 400 incidentes, en su mayoría inexplicados, que se remontan a las misiones espaciales de los años 60 y 70 y llegan incluso, a los primeros meses de este año. Al examinarlos se deduce rápidamente que “inexplicado” no quiere decir “extraterrestre”.


Según relató la revista Wired, «algunas de las imágenes incluyen una forma parecida a una ameba capturada por el Comando Indo-Pacífico de EEUU. en 2024, una forma redonda brillante filmada por el Comando Central de EEUU. en 2024 y luces no identificadas en una fotografía tomada por la tripulación del Apolo 17 desde la superficie de la Luna».
Pero, de hecho, otros encuentros más terrenales han conducido a explicaciones perfectamente razonables, que eliminan el elemento alienígena de la ecuación. Eso incluye casos como el ocurrido en los Países Bajos en septiembre de 1948, cuando pilotos militares reportaron un objeto a 30,000 pies que subía y aceleraba de una forma imposible para la época. Tras meses de investigación, descubrieron que era un jet convencional con cohetes de asistencia para el despegue, lo que viene siendo, en el contexto histórico, un caso de tecnología experimental.


Hay, sin duda, algunos clips intrigantes, como el de una luz volando entre las turbinas de un parque eólico, pero la mayoría de las fotos no son sino borrones, y otras están mal recortadas. Todo esto subraya el mayor problema de la inteligencia revelada por el Pentágono: la enorme diferencia en la calidad de los datos. Gran parte de la evidencia visual desclasificada son simplemente puntos negros o manchas de calor vistas desde una cámara en movimiento. El valor documental que debería darles provenir de una fuente oficial choca con la realización de que, prácticamente en todos los casos, se trata de reportes desde un único punto de vista y, en muchos casos, previamente conocidos.
‘Va a haber gente insatisfecha’
Por eso, expertos como Sean Kirkpatrick, el primer director de la Oficina de Resolución de Anomalías de Todos los Dominios (AARO) del Departamento de Defensa de EEUU., que investiga los objetos voladores no identificados, lamentaron la noticia como una oportunidad perdida. El investigador le dijo a CBS News que liberar millones de documentos crudos sin análisis previo no ayuda a la transparencia y puede, en cambio, abonar el terreno para la conspiración y la pseudociencia.
“Vas a tener un montón de gente que seguirá gritando ‘conspiración’, dirán que hay un encubrimiento. En otras palabras, va a haber gente insatisfecha», dijo Kirkpatrick. Por eso, aseguró, “es difícil no ver todo el asunto como una distracción”.
Por su parte, Jare Dysakman, el administrador actual de la NASA, aplaudió el esfuerzo de “democratizar” esos datos. Para muchos, incluso si no se revela una “prueba reina”, la evidencia publicada ayuda a eliminar opciones y considerar posibles explicaciones.
Es la posición que defiende Avi Loeb, astrofísico de Harvard que lidera la búsqueda de tecnología extraterrestre mediante el Proyecto Galileo. Hace una semana, en una entrevista con Rob Astorino, del programa Saturday Agenda de Newsmax, Loeb dijo: “Si vemos objetos en el cielo que no podemos comprender completamente y que los miembros de las agencias de inteligencia del Pentágono no pueden descifrar, hay dos posibilidades: o bien las naciones adversarias están usando tecnologías de las que no somos conscientes, o tal vez estamos tratando con algo más allá de esta tierra, o con objetos hechos por no humanos, en cuyo caso podemos aprender sobre nuevas tecnologías”.
Pero, por decepcionante que sea la colección de fotos borrosas y pruebas no concluyentes que liberó el Pentágono, lo cierto es que el paradigma del secreto se ha roto. Con todos sus fallos y limitaciones, los datos ahora son públicos. Lejos de los cajones cerrados y los pasillos oscuros de los Archivos X, esta vez la humanidad entera tiene acceso a al menos una parte de la información gubernamental. Con eso, el reto pasa a ser otro: ya no conseguir los datos, sino tener la capacidad -computacional o colectiva- para extraer de ellos alguna clase de información útil sobre los misterios del universo.
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