El futuro de la IA podría depender de si te atreverías o no a cruzar un puente de madera construido sobre la palabra de Sam Altman

Una batalla legal histórica, con el potencial de redefinir las reglas sobre el control y la ética en el sector de la inteligencia artificial, entró en su recta final en una corte de California.
Nueve jurados deberán decidir, la próxima semana, si Sam Altman y otros mandos de OpenAI engañaron a Elon Musk para que cofundara y financiara a la organización con el pretexto de desarrollar una tecnología “para el bien del mundo”.
La decisión, que pasará, en todo caso, a manos de la jueza Yvonne Gonzalez Rogers, decidirá el destino de 134,000 millones de dólares y, quizás, de algo mucho más valioso: la reputación de algunos de los nombres más influyentes del paisaje de la IA.
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La batalla: Musk v. OpenAI
Musk es la parte demandante. En noviembre de 2024 presentó 26 cargos distintos, pero un par de días antes de que comenzara el juicio los retiró casi todos. Así, el proceso terminó limitado a los señalamientos de enriquecimiento injusto y violación de fideicomiso benéfico.
Musk y Altman cofundaron OpenAI en 2015, pero Musk abandonó la empresa en 2018, en términos no muy amigables. El argumento legal de la acusación es que Altman y Greg Brockman, cofundador de OpenAI, llevaron a Musk a invertir millones de dólares con la pretensión de estar impulsando una organización sin fines de lucro, que dedicaría sus hallazgos en materia de IA al beneficio de la humanidad.
Para Musk, los ejecutivos de OpenAI traicionaron su misión original al aceptar miles de millones de dólares de Microsoft y reestructurarse para seguir desarrollando su IA, pero con fines de lucro.
La metáfora del puente
Los alegatos finales transcurrieron sin la presencia de Musk, que viajó a China con el presidente Donald Trump. El alegato final de la defensa se centró señalar que Musk sabía desde 2017 que la empresa estaba planteándose crear una entidad con ánimo de lucro y que, de hecho, él mismo trató de quedarse el control de la compañía.
La abogada de OpenAI, Sarah Eddy, llevó el caso al ámbito personal cuando dejo sobre el CEO de Tesla: “Ni siquiera la madre de sus hijos, puede respaldar su versión”. Aludía a Shivon Zilis, una socia comercial de Musk con quien el hombre más rico del mundo tiene cuatro hijos.
Por su parte, la parte acusadora contraatacó cuestionando no los hechos, sino la reputación de Sam Altman. “Una organización sin fines de lucro dedicada al desarrollo seguro de la IA para el beneficio de la humanidad. Se supone que tenemos que creernos eso”.
El abogado de Musk, Steven Molo, que durante el juicio presionó constantemente a Altman acerca de su honestidad, pidió a los miembros del jurado imaginar que, al recorrer una campiña, llegan a un puente de madera sobre un barranco de 30 metros. Junto a él, indicó, está una mujer qué les dice: “Tranquilos, este puente se construyó sobre la noción de verdad de Sam Altman”. Entonces preguntó: “¿Se animarían a cruzar el puente con solo esa garantía?”.
Por eso, la estrategia de Musk fue apartarse de la letra menuda de los estatutos y los contratos e, incluso, más allá de los millones de dólares que cambiaron de mano. La pregunta que la acusación le pidió resolver al jurado es si es posible confiar en Sam Altman. Y para demostrar que no, subió al estrado a cinco ex directivos que calificaron a su ex jefe, directamente, de mentiroso.
Es una apuesta osada, que sumada al retiro de los cargos de fraude sugiere que Musk no ve una base legal sólida para su alegato. El problema es que, bajo ese enfoque, demostrar el engaño premeditado es el único motor viable para la demanda. Sin eso, Musk no tiene una conspiración, sino una mala decisión de negocios.
¿Demasiado tarde para Musk?
Como sea, el proceso tiene el potencial de ponerle palos a la rueda justo en momentos en que OpenAI prepara una salida bolsa, que podría situar su valoración de mercado en la absoluta locura de más de un billón de dólares. Los accionistas de la firma están inquietos, y según The Wall Street Journal lo han estado por algún tiempo. El diario los cita diciendo que “las inversiones personales de Altman siguen siendo opacas mientras OpenAI se acerca a su salida a bolsa este año”.


Es posible que Musk haya debilitado su alegato esperar demasiado tiempo para presentar su demanda. Es posible que el jurado concluya que su aporte aunque significativo, no fue esencial para el éxito de OpenAI. Es una esperanza embebida en el alegato de William Savitt, abogado principal de la defensa, que dijo: “El señor Musk puede tener el toque de Midas en algunos ámbitos, pero no en la IA». Para tener éxito en la IA, resulta que todo lo que el señor Musk puede hacer es acudir a los tribunales”.
Es una manera inteligente de recordarles a todos que Musk no es un simple observador imparcial, sino el dueño de una empresa de inteligencia artificial, xAI, que compite directamente con OpenAI… y que va atrás en la carrera. De hecho, jugadas recientes como la alianza con Anthropic demuestran que la IA de Musk tiene mucho que ofrecer en hardware… pero poco más.
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