La esquizofrenia no surge de un solo gen: un nuevo estudio descubrió una red de 766 genes

La esquizofrenia plantea uno de los mayores desafíos de la genética moderna. A diferencia de enfermedades causadas por una única mutación, este trastorno parece surgir de la combinación de cientos de variantes genéticas, cada una con efectos pequeños sobre distintos procesos del cerebro. Algunas influyen en el desarrollo neuronal, otras alteran la comunicación entre neuronas o la organización de las conexiones cerebrales. En conjunto, contribuyen al riesgo de desarrollar la enfermedad.
Comprender esa compleja arquitectura genética exige algo más que identificar una sola raíz del problema. Los científicos también necesitan entender cómo interactúan los genes entre sí y si forman redes biológicas capaces de amplificar el riesgo. Para responder esa pregunta, deben reconstruir con modelos computacionales la actividad coordinada de miles de genes dentro del cerebro humano.
Ahora, un estudio publicado en Nature Genetics aporta una de las imágenes más detalladas hasta la fecha. El equipo identificó 766 genes asociados con la esquizofrenia, incluidos 641 que no habían aparecido en análisis transcriptómicos anteriores. Muchos de ellos emergieron gracias a señales de regulación genética que actúan a distancia, una evidencia que refuerza la idea de que los genes implicados en la enfermedad funcionan como una red interconectada más que como elementos aislados.
Los investigadores comparan el hallazgo con encender las luces de todo un vecindario. Hasta ahora solo podían observar algunas casas iluminadas, y ahora distinguen una porción mucho mayor del mapa genético de la enfermedad. En lugar de actuar por separado, las variantes parecen coordinarse y contribuir conjuntamente al riesgo de desarrollar esquizofrenia. Con parte de la base revelada, ahora los científicos pueden investigar de manera más precisa el comportamiento de la enfermedad y sus posibles tratamientos.
El trabajo analizó datos genéticos de más de 102,000 personas, así como muestras de tejido cerebral procedentes de seis regiones del cerebro obtenidas de cientos de donantes. En el proyecto participaron investigadores del Instituto Lieber para el Desarrollo Cerebral, la Universidad de Bari y decenas de centros psiquiátricos de distintos países.
La Organización Mundial de la Salud estima que la esquizofrenia afecta a unos 23 millones de personas en todo el mundo, aproximadamente una de cada 345. Aunque los especialistas reconocen desde hace tiempo la importancia de la genética, todavía desconocen cómo interactúan los numerosos factores biológicos que contribuyen al trastorno. Tener antecedentes familiares aumenta el riesgo, pero no lo determina. Algunas personas con familiares cercanos afectados nunca desarrollan la enfermedad, mientras que otras reciben el diagnóstico sin antecedentes conocidos.
La enfermedad altera la percepción de la realidad y suele manifestarse mediante alucinaciones y delirios. También puede provocar aislamiento social, falta de motivación, problemas de atención, dificultades de memoria y alteraciones del pensamiento. Para muchos investigadores, esa diversidad de síntomas refleja precisamente la complejidad de los mecanismos biológicos que la originan. No parece existir un único gen responsable, sino una extensa red de procesos que interactúan entre sí.
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