Después de 30 años dándole a ‘Cancelar’, cada vez más gente está pagando por WinRAR y ya no es posible negar que su estrategia fue una genialidad

WinRAR ha sido, por más de tres décadas un heraldo de la historia de internet, a medias entre un chiste y una leyenda por recordar con frecuencia a sus usuarios que ya se acabó su periodo de prueba… pero sin llegar jamás a cortar el acceso a sus servicios. Millones de personas alrededor del mundo lo han utilizado por años y, si bien no le han dado nunca su dinero, sin duda lo han recompensado con su simpatía.
En caso de que sea menester una presentación, hablamos de una popular herramienta de software utilizada principalmente para comprimir y descomprimir archivos. Funciona agrupando múltiples documentos o carpetas en un solo archivo más pequeño, lo que facilita su almacenamiento, envío por correo electrónico o transferencia a través de internet. Ahora, al anunciar el lanzamiento de su actualización 7.23, WinRAR reveló que esa buena fe ha dado, por fin, beneficios financieros.

Según lo relató Cybernews, la firma con sede en Berlín aprovechó el lanzamiento para celebrar, como lo hace a menudo en sus redes sociales, a los clientes que de hecho han llegado a pagar por su producto.


El periodo de prueba eterno
Hubo una época, antes de que la economía de la suscripción se apoderara de nuestras billeteras en un huracán interminable de micro-pagos eternos, en la que el software se compraba una sola vez. Necesitabas una herramienta, pagabas por ella, la usabas y te olvidabas del asunto… al menos hasta que saliera una versión radicalmente mejor. En ese ecosistema de propiedad real, el equivalente digital a la era de los dinosaurios, nació WinRAR.
Lo que mucha gente desconoce (o convenientemente elige ‘olvidar’) es que, en rigor, WinRAR no es un programa gratuito, sino que oficialmente funciona con una licencia de «prueba» de 40 días. Lo que sucede es que, pasado ese tiempo, el programa muestra un recordatorio de pago, pero sigue funcionando de forma indefinida. Así ha sido desde 1995.
Hoy en día, la distribución corre a cargo de una pequeña compañía alemana llamada win.rar GmbH. Hablamos de un equipo diminuto, moviendo un software maduro que apenas requiere mantenimiento y que no gasta un solo centavo en publicidad (porque internet y los memes ya hacen ese trabajo gratis). En otras palabras, sus costos fijos son ridículamente bajos.
¿Alguien ha pagado alguna vez por WinRAR?
Sí, y más gente de la que crees. Para empezar, es necesario decir que mientras miles de usuarios individuales le daban clic a «Cancelar», una corporación o un gobierno no pueden permitirse el lujo de tener software no licenciado con avisos de advertencia saltando en miles de pantallas, así sea por cuestiones de auditoría, legalidad y cumplimiento. Las empresas compran licencias por volumen y esas licencias cuestan miles de dólares.


Pero lo notable es la confirmación del número creciente de usuarios individuales que, tras 10, 15 o 20 años de servicio fiel y silencioso en sus computadoras, deciden pagar los aproximadamente 29 dólares de la licencia como un acto de pura gratitud y nostalgia… y luego publican orgullosos la evidencia en sus redes. En 2024 cuatro personas pagaron la licencia y la compañía salió, en broma, a decir que acababa de tener “la mejor semana de su historia”.
Hoy muchos reconocen la genialidad del modelo. Al permitir que los usuarios comunes lo usen gratis, el formato .rar se convirtió en el estándar de internet. Y a medida que más y más gente lo usaba para descomprimir sus archivos, se movía de forma indirecta al resto del mundo a mantenerlo instalado. Es el triunfo de la insistencia amable frente a la monetización agresiva.
Al ser una empresa privada, no están obligados a publicar sus auditorías. Sin embargo, analistas de la industria estiman que WinRAR genera entre 20 y 40 millones de dólares anuales. En ese sentido, es un modelo de negocio brillante, probablemente irrepetible, que entendió que, a veces, la mejor forma de ganar millones es dejar que la gente use tu producto gratis.
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