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México construyó esta gigantesca sombrilla hace casi 60 años y todavía parece una obra del futuro

Quienes han visitado el Museo Nacional de Antropología casi siempre recuerdan la misma escena. Una enorme cubierta de concreto que parece flotar sobre el patio central mientras una cortina de agua cae desde una sola columna y a primera vista parece imposible.

Desde abajo desafía la gravedad. Desde arriba parece una gigantesca sombrilla colocada justo en el corazón del museo, pero lo más sorprendente es que esta estructura fue inaugurada en 1964. Buena parte de las herramientas de diseño, simulación y cálculo estructural que hoy parecen indispensables todavía no existían: se llama «El Paraguas» y detrás de él existe una historia que cambió para siempre la arquitectura mexicana.

Todo comenzó con una pregunta poco común

A principios de los años sesenta, el gobierno mexicano decidió construir un museo que estuviera a la altura de la riqueza arqueológica e histórica del país. El proyecto quedó en manos del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, quien ya era reconocido por combinar funcionalidad, simbolismo y modernidad en una misma obra.

Pero el reto iba mucho más allá de diseñar salas de exhibición. El museo necesitaba un espacio que funcionara como su corazón: un punto de encuentro donde los visitantes hicieran una pausa antes de comenzar el recorrido por las distintas culturas de México.

Solo había un problema. Ciudad de México es conocida tanto por sus lluvias intensas como por un sol que durante buena parte del año puede resultar implacable. La solución más sencilla habría sido levantar una cubierta sostenida por varias columnas y Ramírez Vázquez decidió hacer exactamente lo contrario.

Entonces encontró la respuesta en algo que todos conocemos

La inspiración apareció en un elemento presente prácticamente en cualquier paisaje mexicano: un árbol. El arquitecto imaginó una enorme cubierta capaz de proteger a los visitantes del sol y de la lluvia, mientras una sola columna funcionara como el tronco desde donde descendiera una cascada permanente.

La lluvia artificial nunca fue un simple adorno. Representaba el agua como origen de la vida para las civilizaciones mesoamericanas y la columna tampoco era únicamente un soporte estructural.

Museo Paraguas

Era el eje que unía ingeniería, arte e identidad nacional y así nació «El Paraguas», una estructura que hasta hoy sigue siendo el elemento más reconocible del Museo Nacional de Antropología.

Lo más increíble no es su tamaño, sino cómo se sostiene

A simple vista, parece que toda la estructura desafía las leyes de la física. Y quizá por eso tantas personas creen que el techo está sostenido por arte de magia, pero la realidad es todavía más interesante. La enorme cubierta pesa alrededor de 2,000 toneladas, mide aproximadamente 84 metros de largo por 54 de ancho y protege una superficie cercana a los 4,500 metros cuadrados.

Sin embargo, desde el patio parece descansar sobre una única columna: el secreto está donde casi nadie puede verlo. El techo se sostiene gracias a un complejo sistema de vigas de acero distribuidas radialmente y tensores que reparten el peso hacia una profunda cimentación oculta bajo el patio.

Gran parte de esa estructura permanece completamente escondida y eso provoca una ilusión óptica muy interesante. Como el visitante únicamente ve una columna central, el cerebro interpreta que toda la cubierta está suspendida sobre un único punto de apoyo. Y esa sensación sigue sorprendiendo exactamente igual que hace más de sesenta años.

Por qué parece desafiar la gravedad

Lo interesante es que parte del asombro que provoca «El Paraguas» no tiene que ver únicamente con la ingeniería. También tiene que ver con la forma en que nuestro cerebro interpreta lo que ve.

Antropologia
Antropologia

En la psicología de la percepción existe un principio conocido como Ley de Prägnanz, propuesto por la Gestalt. La idea es sencilla: el cerebro intenta organizar la información visual de la manera más simple posible, incluso cuando la realidad es mucho más compleja.

Eso es exactamente lo que ocurre bajo la enorme cubierta del Museo Nacional de Antropología. Como la mayor parte de las vigas, los tensores y la cimentación permanecen ocultos, nuestro cerebro termina concentrando casi toda la atención en la única columna visible.

El resultado es una ilusión muy poderosa. Parece que las más de dos mil toneladas de concreto descansan únicamente sobre ese punto; en realidad, ocurre exactamente lo contrario.

El peso se distribuye mediante una compleja estructura de acero y una cimentación profunda que permanecen fuera de la vista del visitante. Como esos elementos desaparecen del campo visual, la sensación de que el techo «flota» sigue sorprendiendo igual que hace más de seis décadas.

Quizá por eso la primera reacción de muchas personas al entrar al patio no es buscar una pieza arqueológica: es levantar la vista e intentar descubrir cómo es posible que una estructura tan grande parezca desafiar la gravedad.

El museo comenzaba antes de entrar a una sola sala

Pedro Ramírez Vázquez tenía una idea muy clara. El museo no debía empezar cuando el visitante llegara a la primera pieza arqueológica, sino que debía comenzar desde el momento en que cruzara la entrada. Por eso «El Paraguas» ocupa el centro del edificio. No es únicamente un techo, es la primera gran pieza del recorrido.

Antes de encontrarse con la Piedra del Sol, la Coatlicue o los atlantes de Tula, el visitante ya está dentro de una obra donde la propia arquitectura cuenta una historia.

Mexico Paraguas
Mexico Paraguas

Una columna que también funciona como una enorme obra de arte

La columna central no solo sostiene miles de toneladas de concreto, también sostiene un enorme relato sobre México. Los artistas José Chávez Morado y Tomás Chávez Morado la recubrieron con un gran relieve de bronce titulado «Imagen de México».

Aparecen referencias a las culturas prehispánicas, la Conquista, el mestizaje, el trabajo, la agricultura, la industria, la educación, la ciencia y el desarrollo del país.

Incluso puede verse un átomo, incorporado como símbolo del conocimiento y del futuro tecnológico que México aspiraba a construir durante aquellos años. La intención era sencilla: que la arquitectura también enseñara y que el museo comenzara mucho antes de entrar a una vitrina.

Levantar el museo tomó apenas 19 meses

Quizá uno de los datos menos conocidos es la velocidad con la que fue construido. Las obras comenzaron en febrero de 1963 y solo diecinueve meses después, el Museo Nacional de Antropología ya estaba terminado.

En ese tiempo no solo se levantó el edificio. También se trasladaron miles de piezas arqueológicas desde el antiguo Museo Nacional de la calle Moneda, se diseñaron las salas permanentes y se coordinó el trabajo de arqueólogos, ingenieros, artistas, escultores y museógrafos. Hoy, una obra de esa escala probablemente tardaría bastante más.

Arquitectura Antropologia
Arquitectura Antropologia

Basta pensar en cualquier gran proyecto de infraestructura actual para darse una idea de lo extraordinario que fue ese ritmo de construcción. El museo abrió sus puertas el 17 de septiembre de 1964 y desde entonces sigue siendo uno de los proyectos culturales más importantes en la historia de México.

El Paraguas también habla del México que quería mirar hacia el futuro

La estructura nació durante el llamado Milagro Mexicano, una etapa de crecimiento económico en la que el país apostó por grandes obras públicas para proyectar una imagen de modernidad.

Durante esos años también surgieron proyectos que hoy forman parte del paisaje nacional. Pedro Ramírez Vázquez participó posteriormente en el diseño del Estadio Azteca, escenario de dos finales de la Copa del Mundo, y de la Nueva Basílica de Guadalupe, inaugurada en 1976.

Más que edificios aislados, todas esas obras compartían una misma idea: demostrar que México podía desarrollar arquitectura capaz de competir con cualquier proyecto internacional.

Una obra colectiva

Aunque suele asociarse únicamente con Pedro Ramírez Vázquez, el museo fue el resultado del trabajo conjunto de arquitectos, ingenieros, arqueólogos, museógrafos, escultores, pintores y diseñadores.

Paraguas Museo
Paraguas Museo

Además de los hermanos Chávez Morado, participaron artistas como Rufino Tamayo, Raúl Anguiano, Manuel Felguérez, Leonora Carrington, Miguel Covarrubias y Jorge González Camarena.

No se trataba únicamente de construir un edificio para guardar piezas arqueológicas. El propio museo debía convertirse en una obra de arte. Y pocas construcciones mexicanas han logrado integrar de forma tan natural arquitectura, escultura, ingeniería y patrimonio cultural.

Un símbolo que sigue sorprendiendo

Más de seis décadas después de su inauguración, el Museo Nacional de Antropología continúa siendo el museo más visitado de México y uno de los más importantes de América Latina.

Cada año recibe a millones de personas. Y curiosamente, la primera fotografía del recorrido rara vez se toma frente a una pieza arqueológica, pues casi siempre ocurre debajo de esa enorme cubierta suspendida sobre el patio central.

Es fácil entender por qué. Mientras muchos edificios construidos en los años sesenta revelan inmediatamente la época en la que fueron diseñados, «El Paraguas» sigue viéndose sorprendentemente contemporáneo: no porque esconda un complejo sistema de ingeniería, ni porque pese dos mil toneladas, sino porque consigue algo que muy pocas construcciones logran. 

Hace que millones de personas levanten la vista y se hagan la misma pregunta: ¿Cómo es posible que un techo tan enorme parezca flotar sobre una sola columna?

Y esa es la mayor virtud de la obra. No solo protege de la lluvia, también recuerda una época en la que México apostó por la ingeniería, el arte y la arquitectura para construir espacios capaces de contar una historia incluso antes de entrar a una sola sala.

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