La verdadera forma de los ángeles: la Biblia no los describe como en TikTok, ni como seres alados

El historiador Ignacio Anaya, en su colaboración para el programa El Dedo en la llaga, analizó la evolución histórica y teológica de la representación de los ángeles.
Durante su cápsula Momentos de la historia de El Heraldo Radio, el especialista aclaró que la imagen popular de estos seres, así como los recientes fenómenos virales en internet sobre su supuesta apariencia real, suelen distar de lo que dictan los textos sagrados.
Según Anaya, la iconografía que conocemos hoy es el resultado de soluciones artísticas y decisiones eclesiásticas tomadas siglos después de la redacción de la Biblia, con el fin de establecer jerarquías claras dentro del cristianismo primitivo.
El mito del ángel bíblicamente «correcto»: no eran seres alados con miles de ojos
En la actualidad, diversos contenidos en redes sociales difunden la idea de que los ángeles son en realidad seres compuestos por características como las siguientes:
- Anillos.
- Miles de ojos.
- Alas gigantes.
Sin embargo, Anaya precisó que estas figuras, aunque presentes en las escrituras, no corresponden a los mensajeros celestiales. Estas descripciones provienen de las visiones del profeta Ezequiel, quien se refiere a ellas como ruedas y no como ángeles.
«Estas criaturas de anillos y ojos sí aparecen en la Biblia, pero no son ángeles.»
El historiador señaló que la Biblia ofrece muy pocas descripciones físicas de los ángeles y, cuando lo hace, suelen ser identificados como varones comunes que destacan principalmente por su brillo.
«El meme que presume de exactitud bíblica comete justo el pecado que denuncia: le atribuye a la escritura algo que la escritura no dice.»

¿Por qué se pusieron alas a los ángeles?
La incorporación de las alas en la figura del ángel no fue un capricho estético, sino una respuesta a un conflicto teológico en el siglo IV. Tras la legalización del cristianismo, surgió el problema de que los fieles comenzaban a adorar a los ángeles como si fueran deidades.
Para frenar esta práctica, el Concilio de Laodicea prohibió su culto. La historia del arte muestra que, para diferenciar a los ángeles de los seres humanos, de Cristo o de Dios, se adoptó el modelo de la Niké griega.
«Había que demostrar visualmente que el ángel no era un hombre, no era Cristo y no era un dios.»
Las alas permitieron ubicar a estos seres en un plano superior al terrenal, pero al mismo tiempo los emparentaron con las criaturas del mundo natural, como las aves, reafirmando su posición inferior en la jerarquía divina.
Esta transformación visual también implicó la eliminación de rasgos masculinos como la barba, buscando representar espíritus sin género definido, tal como se menciona en el Evangelio de Lucas. A partir del siglo V, la imagen del humano alado e imberbe se consolidó como la norma iconográfica que ha perdurado hasta nuestros días, alejándose de las representaciones más antiguas de las catacumbas de Roma, donde los ángeles eran retratados simplemente como hombres con túnicas.
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