¿México le debe su Independencia a Napoleón Bonaparte?

La invasión de Napoleón Bonaparte a la Península Ibérica en 1808, que resultó en la abdicación de Carlos IV y Fernando VII, funcionó como el detonante fundamental para el proceso de independencia en la Nueva España.
Este evento coyuntural alteró la estabilidad de los virreinatos en América, al imponerse una nueva autoridad en la corona española que generó incertidumbre y rechazo entre los habitantes locales, incluyendo a figuras como Miguel Hidalgo e Ignacio Allende.
El historiador y divulgador cultural Enrique Ortiz explica que este conflicto externo obligó a las autoridades virreinales a exigir mayores recursos económicos para financiar la resistencia en España, lo que intensificó el descontento social. Ante la crisis de legitimidad monárquica, surgieron posturas políticas que cuestionaban la soberanía.
«Cuando el rey abdica y que no debe de abdicar, porque ese es su trabajo, ser rey, esa es su responsabilidad, la soberanía regresa al pueblo», dijo en entrevista para El Heraldo Radio.
El ambiente político permitió que se diera el levantamiento armado
Este pensamiento, impulsado por figuras como fray Melchor de Talamantes y Primo de Verdad y Ramos, planteaba que la representación del pueblo debía ejercerse a través de juntas o congresos, sentando las bases ideológicas para el movimiento insurgente.
El impacto de las ideas liberales y la influencia de la Revolución francesa, junto con la independencia de las 13 colonias, transformaron el panorama político de inicios del siglo XIX.
En la Nueva España, el virrey Iturrigaray intentó establecer juntas, pero fue destituido mediante un golpe de Estado encabezado por Gabriel de Yermo, quien impuso a Pedro de Garibay para proteger los intereses de los peninsulares.

Conspiraciones y estrategia: el dilema del Monte de las Cruces
La conspiración de Querétaro, descubierta en septiembre de 1810, aceleró los planes de los insurgentes. Tras la captura de Epigmenio González y la advertencia a los líderes del movimiento, Miguel Hidalgo asumió el mando político y militar.
«Hijos míos, únanse conmigo, ayúdenme a defender la patria. Los gachupines quieren entregar a los impíos franceses. Se acabó la opresión, se acabaron los tributos. Al que me siga a caballo le daré un peso y a los de a pie un tostón», es la frase atribuida al personaje.
El inicio de la lucha armada estuvo marcado por decisiones estratégicas complejas, como la determinación de no tomar la Ciudad de México tras la batalla del Monte de las Cruces. Según el análisis histórico, esta decisión, influenciada por el temor a una masacre similar a la ocurrida en la Alhóndiga de Granaditas y la falta de un ejército regular, pudo haber extendido la duración del conflicto a 11 años.
A pesar de los errores tácticos, el movimiento liderado por Hidalgo destacó por su carácter social y su propuesta de igualdad ante Dios, una idea revolucionaria para la época.
«Él mismo ordenó la ejecución de varios españoles en Guadalajara y él no podía controlar esta muchedumbre, porque Allende pensaba que fuera un alzamiento político y lo que Miguel Hidalgo hizo fue un alzamiento social.»
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