la ciencia explica cómo lo detecta

Puedes llegar a casa después de un día horrible sin contarle a nadie qué pasó; tal vez estás cansado, hablas menos de lo normal o simplemente te sientas en el sillón. Tu perro no sabe que tuviste una junta complicada, que recibiste una mala noticia o que llevas todo el día bajo presión. Pero eso no significa que no haya notado que algo cambió.
La ciencia lleva varios años estudiando precisamente esa capacidad y la explicación es mucho menos misteriosa de lo que parece: los perros pueden obtener información sobre nuestro estado a partir de señales que nosotros ni siquiera percibimos. Lo interesante es que la relación podría ir más allá de detectar que algo anda mal en un momento determinado.
El primer detector está en su nariz
Una de esas señales está en nuestro olor. En 2022, investigadores de la Queen’s University Belfast realizaron un experimento con 36 personas y cuatro perros entrenados para averiguar si los animales podían distinguir el olor de una persona antes y después de atravesar una situación estresante.
Los participantes entregaron muestras de aliento y sudor antes y después de realizar una tarea diseñada para provocar estrés. Después, los perros tenían que distinguir entre tres muestras: la obtenida antes de la prueba, la recogida después y una muestra en blanco; en conjunto, acertaron en el 93.75% de 720 pruebas. De manera individual, su precisión se situó entre 90% y 96.88%.
Eso no convierte a cualquier perro en un detector de estrés con 94% de precisión. Los animales del experimento habían sido entrenados y trabajaron bajo condiciones controladas.
Lo relevante es otra cosa: el estrés psicológico puede producir cambios en los compuestos que liberamos a través del aliento y el sudor. Y ahí los perros tienen una ventaja que nosotros no: su nariz puede encontrar señales que para una persona simplemente no existen.
Pero no todo pasa por la nariz
El olor es solamente una parte de la historia. En un estudio publicado en 2016 en Biology Letters, investigadores mostraron a varios perros imágenes de rostros humanos y caninos acompañadas de vocalizaciones con diferentes cargas emocionales.
Los animales pasaban más tiempo mirando las imágenes cuando la expresión del rostro coincidía con la emoción transmitida por el sonido. Es decir, podían relacionar información visual y auditiva.
En México, Alberto Tejeda Perea, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, también ha explicado que los perros utilizan elementos como el tono de voz, el lenguaje corporal y nuestra actitud para interpretar lo que ocurre a su alrededor.
El experimento mide atención y asociación entre diferentes señales, no una comprensión de las emociones idéntica a la humana. Pero ayuda a explicar algo mucho más cotidiano: cuando llegas a casa y hablas con una voz diferente, cambias tu expresión facial o te comportas de manera inusual, tu perro tiene más de una pista para interpretar lo que ocurre.

El estrés también puede aparecer a largo plazo
Hasta aquí hablamos de lo que ocurre en un momento determinado, pero hay investigaciones que han llevado la pregunta mucho más lejos. En 2019, un estudio publicado en Scientific Reports analizó las concentraciones de cortisol en el pelo de 58 perros y sus dueñas. Las muestras fueron tomadas en dos momentos distintos, durante el verano e invierno.
Los investigadores encontraron una correlación entre los niveles de cortisol de los perros y los de sus propietarias. También observaron asociaciones entre algunos rasgos de personalidad de las dueñas y las concentraciones encontradas en los animales.
El resultado es interesante porque el cortisol acumulado en el pelo permite observar periodos más largos que una muestra tomada en un momento específico. La correlación tampoco demuestra que los perros simplemente «absorban» nuestro estrés.
El estudio encontró una asociación, no una relación directa de causa y efecto, y además trabajó únicamente con border collies y pastores de Shetland. Lo interesante es que esta conexión podría ir más allá de una reacción puntual: la convivencia entre humanos y perros puede estar relacionada con patrones fisiológicos que permanecen durante periodos más largos.
En México también se estudia el estrés de los perros
Y el cortisol tampoco es una medida exclusiva de los estudios sobre la relación entre perros y humanos. En 2023, investigadores de la Universidad Veracruzana y la UNAM lo utilizaron para estudiar qué ocurre con los perros bajo distintas condiciones. Compararon los niveles de cortisol salival de perros guía con los de animales que habían recibido entrenamiento similar, pero que terminaron viviendo como perros de compañía.
Durante el experimento, los animales permanecieron solos y fueron expuestos a un sonido de 110 decibeles. Los investigadores tomaron varias muestras de saliva para medir el cortisol y encontraron niveles más altos en los perros guía durante toda la prueba.
El estudio no analizó la relación entre los perros y sus dueños. Su aporte para esta historia es otro: muestra que el estrés canino también puede estudiarse a partir del cortisol y no únicamente por la conducta que vemos a simple vista.
Esto ayuda a entender por qué el cortisol aparece en investigaciones sobre perros y humanos. Cuando los científicos quieren saber qué ocurre con un animal bajo determinadas condiciones, también pueden buscar la respuesta dentro de su propio cuerpo.


La relación tampoco termina en el estrés
Pero el estrés es solo una parte de la relación. Los perros y los humanos también producen cambios fisiológicos durante interacciones mucho más agradables. Un estudio publicado en Science en 2015 encontró que el contacto visual entre perros y sus dueños estaba relacionado con cambios en los niveles de oxitocina, una hormona involucrada en procesos de vínculo social.
Los investigadores observaron una especie de circuito: cuanto más tiempo se miraban perros y humanos, mayores podían ser los cambios de oxitocina asociados con esa interacción.
Años después apareció otra señal todavía más curiosa. En 2022, investigadores encontraron que el volumen de lágrimas de los perros aumentaba significativamente cuando se reencontraban con sus dueños después de varias horas de separación. El mismo efecto no apareció de la misma manera cuando los animales se encontraban con una persona conocida que no era su propietario.
Los investigadores también observaron que la oxitocina podía aumentar la producción de lágrimas. El hallazgo habla de una respuesta fisiológica medible, no de que los perros lloren de felicidad exactamente como lo hacemos nosotros y aun así, muestra que incluso volver a ver a su dueño puede producir cambios en el organismo de un perro.
Tu perro no necesita saber qué te pasó
Nada de esto significa que un perro pueda reconstruir cómo estuvo tu día. No sabe que tuviste problemas en el trabajo, que discutiste con alguien o que llevas horas preocupado por algo; tampoco necesita saberlo.
Los perros cuentan con varias fuentes de información para interpretar lo que ocurre a su alrededor: nuestra voz, nuestros movimientos, las expresiones del rostro, las rutinas y hasta sustancias que liberamos a través del cuerpo. Algunas pueden revelar cambios inmediatos. Otras parecen estar relacionadas con periodos mucho más largos de convivencia.
Así que la próxima vez que llegues a casa después de un día terrible y tu perro se quede mirándote antes de que hayas dicho una palabra, probablemente no sabe qué ocurrió, pero tiene muchas formas de saber que algo cambió.
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