El James Webb sorprende con una imagen ultradetallada de la nebulosa de la Hélice

La nebulosa de la Hélice, conocida por su llamativo aspecto anular, es una de las nebulosas planetarias más reconocidas desde su descubrimiento a principios del siglo XIX. Su distancia relativamente cercana a la Tierra, unos 650 años luz, la convierte en un valioso objetivo de investigación para los astrónomos, que pueden observar con gran detalle las etapas finales de la vida estelar.
La nebulosa de la Hélice se ha observado continuamente durante las últimas décadas con telescopios terrestres y espaciales. En este contexto, el telescopio espacial James Webb ha logrado tomar la imagen infrarroja más detallada de la historia de las observaciones.
Columna de gas claramente visible
Las nebulosas planetarias son grandes cantidades de gas desprendidas por estrellas de baja masa que terminan su vida sin explosiones de supernova en su transición de estrellas gigantes rojas a enanas blancas. Brillan en el cielo nocturno, iluminadas por la radiación ultravioleta emitida por la enana blanca central. William Herschel, el astrónomo del siglo XVIII que descubrió Urano, le dio el nombre de «nebulosa planetaria» porque parece un planeta verdoso cuando se observa a través de un telescopio. Se trata de un cuerpo celeste que encarna los ciclos de la materia en el Universo.
Esta imagen, captada por la cámara de infrarrojo cercano NIRCam del telescopio espacial James Webb, muestra claramente una larga cola de densas columnas de gas similares a las de los cometas. Estas estructuras se crearon cuando vientos extremadamente calientes que soplaban a gran velocidad desde una estrella moribunda chocaron contra una capa de polvo y gas fríos que en su día habían sido expulsados. Así se forma el complejo aspecto de la nebulosa.
En comparación con las imágenes suaves y brillantes captadas en su día por el telescopio espacial Hubble, las imágenes del telescopio espacial James Webb muestran los pequeños cúmulos de gas y polvo con mucha más claridad. También pone de relieve un claro cambio de temperatura, desde el gas más caliente cerca del centro hasta material mucho más frío más alejado.
El tono azul muestra gas caliente energizado por una intensa radiación ultravioleta, las zonas amarillas son regiones frías donde los átomos de hidrógeno se combinan para formar moléculas, y el tono rojo muestra el material más frío, donde el gas se ha adelgazado y el polvo ha empezado a tomar forma.
El destino del Sol
En el centro de la nebulosa de la Hélice hay una estrella enana blanca. Se trata del núcleo de una estrella que ha perdido sus capas exteriores y ha quedado al descubierto, y su intensa radiación energiza el gas circundante. El núcleo está envuelto por gas caliente ionizado, mientras que fuera de él se extiende una región fría rica en hidrógeno molecular.
Más lejos, comienzan a formarse moléculas más complejas en regiones protegidas por nubes de polvo. Estos diversos entornos contienen el material básico que, con el tiempo, servirá para construir nuevos planetas en otros sistemas estelares.
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