La masculinidad tóxica existe, pero no define a la mayoría de los hombres, según la ciencia

El debate en torno a la masculinidad tóxica y su impacto en la sociedad ha adquirido una creciente relevancia en los últimos años. No obstante, la evidencia científica que analiza este concepto es limitada, lo que dificulta su definición precisa, la identificación de su prevalencia real y la evaluación rigurosa de su influencia en distintos problemas sociales y de salud.
Con el objetivo de atender estas carencias, un equipo de investigadores de la Universidad de Auckland analizó a más de 15,800 hombres neozelandeses para determinar si existe un patrón identificable de masculinidad problemática y estimar qué tan extendido podría estar este fenómeno en la población masculina.
El concepto de masculinidad tóxica fue acuñado en la década de 1980 para describir un conjunto de rasgos asociados de forma estereotipada con lo masculino, como la agresividad, la dominancia y la supresión de las emociones. Estas características se han vinculado con consecuencias negativas que afectan tanto a los hombres como a las mujeres y a la sociedad en su conjunto.
De acuerdo con los especialistas, tras el surgimiento del movimiento #MeToo el término adquirió nuevas connotaciones y comenzó a utilizarse para abarcar una amplia variedad de actitudes y conductas problemáticas. Estas van desde la violencia y los delitos de género hasta expresiones más cotidianas, como la resistencia masculina a compartir las tareas domésticas o las responsabilidades de crianza.
Los autores advierten que “la dependencia excesiva de un concepto poco definido, aunque universalmente condenado, de masculinidad tóxica resulta especialmente preocupante, dada la creciente literatura que muestra que los hombres —en particular los jóvenes y los niños— enfrentan dificultades significativas en múltiples indicadores de salud y bienestar”. Según explican, este modelo hegemónico de masculinidad puede influir en el desarrollo de trastornos mentales como la ansiedad, la depresión y el aislamiento social, además de favorecer la aparición de distintas adicciones en pacientes masculinos. Añaden que insinuar que todos los hombres presentan rasgos problemáticos por definición desincentiva la adopción de modelos de masculinidad alternativos, más constructivos y saludables.
Para abordar las deficiencias, la investigación publicada en la revista Psychology of Men & Masculinities analizó las respuestas de más de 15,000 participantes del Estudio de Actitudes y Valores de Nueva Zelanda correspondiente al periodo 2018-2019, identificados como hombres heterosexuales, con edades que iban de los 18 a los 99 años. Los investigadores evaluaron la información a partir de ocho indicadores psicológicos y sociales con el fin de definir la relación de cada individuo con su entorno y con su identidad, y así cuantificar el grado de toxicidad presente en sus comportamientos.
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Ocho rasgos de masculinidad tóxica
En el plano intrapersonal, los científicos analizaron la centralidad de la identidad de género, es decir, el peso que cada persona otorga a su género al construir su autoestima. También evaluaron rasgos como el narcisismo, el prejuicio sexual y la desagradabilidad, entendida como una dimensión de la personalidad que puede derivar en conductas ofensivas, hostiles o conflictivas hacia otras personas.
El análisis distinguió, además, entre dos tipos de sexismo. Por un lado, el sexismo hostil, caracterizado por actitudes abiertamente negativas y agresivas hacia las mujeres y, por otro, el sexismo benévolo, que aunque suele presentarse como una postura protectora o positiva, refuerza visiones estereotipadas y limitantes sobre el género femenino.
Finalmente, los autores evaluaron la oposición a las iniciativas de prevención de la violencia doméstica, así como la orientación a la dominación social, un constructo que describe la preferencia ideológica por jerarquías de poder y por el dominio de determinados grupos sobre otros.
Cinco perfiles de masculinidad tóxica
A través de modelos estadísticos avanzados y rigurosos, el equipo identificó cinco perfiles de masculinidad en función de su nivel de toxicidad. El grupo más numeroso, representado por el 35.4% de los participantes, fue clasificado como “Atóxico”, ya que mostró niveles bajos en los ocho indicadores analizados.
El segundo perfil, denominado “Moderado tolerante LGBT”, correspondió al 27.2% de la muestra. En esta categoría, los hombres presentaron niveles de bajos a moderados en todos los indicadores, con puntuaciones particularmente reducidas en la dimensión de prejuicio sexual. El tercer grupo, identificado como “Moderado anti-LGBT”, mostró características similares al anterior, aunque con mayores expresiones de narcisismo y prejuicio sexual.
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