una caña de pescar y un carro con misiles teledirigidos

La guerra en Ucrania sigue mostrando inventos inesperados en el campo de batalla. En los últimos días, imágenes difundidas por brigadas ucranianas revelaron dos métodos poco convencionales para enfrentar los drones rusos: un dron interceptor equipado con lo que parece una caña de pescar y un vehículo ligero armado con misiles guiados.
Ambas soluciones, aunque muy distintas, están demostrando ser efectivas contra los ataques aéreos rusos. Mientras el dron con cordón logra enredar y derribar cuadricópteros y drones de ala fija, el buggy todoterreno con lanzadores móviles ha conseguido abatir más de veinte Shaheds en plena operación nocturna.
Un dron con caña de pescar y un buggy con misiles
Lo que a primera vista parece un invento improvisado es en realidad una estrategia pensada para contrarrestar drones resistentes a la guerra electrónica. La 46ª Brigada Aeromóvil Separada de Ucrania mostró cómo un dron propio llevaba montada una caña con un cordón colgante, similar a un paracord, que se enredaba en las hélices de los drones rusos.
La técnica es simple pero efectiva: basta con sobrevolar el objetivo y dejar que el hilo haga el trabajo. No requiere explosivos ni precisión quirúrgica, solo aprovechar la física para provocar la caída. En un escenario donde los drones rusos se han vuelto más difíciles de bloquear con software, esta solución mecánica devuelve protagonismo a lo básico: si una hélice deja de girar, el dron se desploma.

El segundo sistema es mucho más sofisticado. Ucrania desplegó un vehículo ligero estadounidense, conocido como Tempest, equipado con un lanzador doble de misiles similares al AGM-114 Hellfire. Su misión es interceptar drones Shahed, que vuelan a más de 160 km/h y suelen lanzarse en grandes cantidades para saturar defensas.
La movilidad del buggy permite a las tripulaciones moverse rápidamente, colocarse en el punto ideal y disparar antes de que el dron escape. Según el Comando Aéreo de Ucrania, una sola unidad ya ha derribado al menos 21 drones rusos, convirtiéndose en una herramienta de “cierre rápido del cielo” sin necesidad de grandes infraestructuras.


Cada sistema parece diseñado para un objetivo distinto. El buggy con misiles se enfoca en los drones de ala fija, rápidos y persistentes, que suelen usarse en ataques masivos. La caña de pescar, en cambio, es más útil contra cuadricópteros que operan cerca del frente, ya sea para espiar, corregir fuego o lanzar pequeñas cargas explosivas. Esta combinación de ambos métodos refleja la necesidad de soluciones flexibles y de bajo costo en un conflicto donde Rusia ha multiplicado el uso de drones.
Innovación en medio de una costosa y longeva guerra
La guerra moderna no solo se mide en bajas, también en costos. Las municiones y sistemas de defensa son caros, y cada innovación que permite derribar drones con menos recursos representa un alivio estratégico. En este contexto, inventos como la caña de pescar aérea o el buggy Tempest muestran cómo la improvisación y la tecnología pueden convivir (y hasta dar ventaja) en el mismo campo de batalla.
El futuro de la guerra aérea apunta a escenarios aún más complejos: drones capaces de superar la velocidad de un Fórmula 1, armas láser capaces de cortar metal o incluso sistemas que pueden cegar equipos enemigos. En ese panorama, las soluciones ucranianas son un recordatorio de que, a veces, lo más simple puede ser lo más efectivo.
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