Will merecía un final mejor en Stranger Things. Noah Schnapp pidió a los creadores una escena con Mike, pero el resultado no ayudó mucho

Es momento de aceptarlo: el final de Stranger Things es tibio y anticlimático. Por más que los fans quieran defender la última tanda de capítulos, éstos no estuvieron a la altura de lo que se esperaba. Entre relleno, cabos sueltos, subtramas al aire, una conclusión apresurada y un epílogo tedioso, no es algo que se pueda enmarcar. El ejemplo más claro: el final de Will.
A estas alturas sabemos lo divisivo que fue el último episodio de la serie. Sin embargo, el verdadero problema se arrastró desde el séptimo, el peor calificado en la historia del programa. Lo anterior radica en el arco de Will que no solo trajo consigo una reacción negativa en masa por parte de los espectadores, sino que el propio Noah Schnapp tuvo que recurrir a los creadores para una tener escena con Mike. El resultado no ayudó mucho.
Vamos por partes. Si recapitulamos, el capítulo siete titulado El Puente tiene una de las revelaciones que, en papel, es de lo más emotivo: el personaje de Will se declara abiertamente gay. Lo conflictivo de ello no es el tema o la propia intención, es la ejecución. Dado que Will es uno de los protagonistas con mayor peso dentro de la trama, se sobreentiende que una «salida del clóset» tendría que tener relevancia narrativa.
He ahí la cuestión: no aporta nada relevante y tampoco se le da una continuidad. La escena se reduce a una explicación frente al grupo sobre que «no le gustan las chicas». Situación que se siente como una intención forzada en lugar de un clímax emocional. Lo peor: a partir de ahí no se le concede un espacio para vivirlo o procesarlo. Una transformación que no solo sea su dolor reprimido.

Un momento que muchos sentimos que pasa sin pena ni gloria. No obstante, según los hermanos Duffer fue concebida desde un inicio bajo la premisa de cómo las personas deben aceptarse a sí mismas para enfrentar tanto sus miedos como a la vida misma. En entrevista para Variety, explicaron que, al final, sí tiene relevancia.
«La escena de la salida del armario es algo que llevamos nueve años preparando. Fue una escena muy importante para nosotros y para Noah, no solo desde el punto de vista temático, sino también narrativo».
«Esta serie siempre se ha centrado en la superación del mal por parte de nuestros personajes, y para ello, Vecna, de muchas maneras, representa todos los pensamientos oscuros y la maldad de la sociedad. Y para que nuestros personajes superen eso, se trata de aceptarse a sí mismos, y luego también de aceptarse mutuamente y unirse«.


Una explicación pomposa si nos remitimos a lo visto en pantalla. En realidad, Will parece atado a solo servir como metáfora. Un mensaje propositivo y emotivo, pero desigual. Las contradicciones de lo dicho por los Duffer a lo plasmado en el programa se encuentra en que si Will es tan importante, siempre se quedó relegado frente al de los demás con solo una escena donde realmente brilló.
Para rematar, a pesar de que lo Duffer insistieron en que «Will es la clave», fue el actor Noah Schnapp quien insistió en darle cierto hilo narrativo a su relevación en el capítulo final. Es decir, los guionistas ni siquiera se tomaron la molestia de darle cierta claridad a la «salida del clóset» en el escrito original.
Esto se sabe ya que, como recaban en Los Angeles Times, Schanpp solicitó la escena entre su personaje y el de Mike en la torre de radio. Un momento en el que se sinceran al decirse que siempre se querrán como amigos. Lo que sin duda, tampoco fue lo óptimo al sentirse como mero trámite al entregar una secuencia desabrida que solo recoge las semillas que se dejaron a lo largo del camino.
«Esa escena en la torre es breve, pero sentía que, con la escena de la salida del armario, no hubo suficiente cierre entre Will y Mike. […] La escena de la salida del armario se centró tanto en los sentimientos de Will que no hubo tiempo para que tuvieran una conversación por separado, así que pensé que era necesario que cerraran su capítulo juntos. Lo he sentido muy de cerca en muchas situaciones de mi vida en las que tuve un mejor amigo del que me enamoré, y que terminó siendo heterosexual y aún me sigue queriendo. No hace las cosas raras. Es muy auténtico.»
Al final, por mucho que se quiera mantener a Stranger Things dentro de un estatus sobre el reflejo de la aceptación, valentía y amor propio, podemos decir que se ha quedado a medias tintas. Un producto genérico que merecía más en su final del cual, lastimosamente, los mismos creadores se han apoyado en la interpretación del espectador.
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