Cuando internet se apaga, la verdad se va con ella

«Matar periodistas significa matar y silenciar la verdad», alerta Alaqad. Según su experiencia, esta estrategia funciona a varios niveles: matar a periodistas significa que hay menos gente informando desde el terreno, pero, a la vez, convierte a los periodistas en una amenaza para el pueblo. «También se envía a la gente el mensaje de que todos los periodistas son una amenaza, que no hablen con periodistas, que se mantengan alejados de los periodistas», explica.
Recuerda a su madre rogándole que no se pusiera el chaleco y el casco de prensa. En lugar de significar neutralidad y proteger a los periodistas sobre el terreno, la hacían sentir como un objetivo. «Se supone que protege, pero al contrario, en realidad pone en riesgo tu vida e incluso la de tus seres queridos y quienes te rodean», explica.
Alaqad dice que no siempre fue así. Al principio, la gente saludaba a los periodistas, les ofrecía comida y les agradecía su trabajo. «Al cabo de un par de meses, cuando vieron que los periodistas eran objeto de ataques, los palestinos empezaron a tratarlos de forma diferente», explica.
Informar en Gaza era trabajar dentro de un paisaje en el que el propio tiempo era inestable y no estaba garantizado. Los planes rara vez se prolongaban más allá de la luz del día. Las conversaciones terminaban abruptamente. Las direcciones se convertían en memoriales de la noche a la mañana. «La única certeza en Gaza es la incertidumbre», manifiesta Alaqad.
Recuerda haber entrevistado a familias y haber planeado volver al día siguiente, solo para descubrir que las personas con las que había hablado habían muerto en ataques aéreos.
Desde entonces ha abandonado Gaza y cursa un máster en medios de comunicación en la Universidad Americana de Beirut. Ha recibido la beca Shireen Abu Akleh Memorial Endowed, que lleva el nombre de la periodista palestina asesinada por las fuerzas israelíes en mayo de 2022.
El frágil poder de la verdad digital
Convertirse en viral en las redes sociales la ayudó a llegar a la gente, pero también la puso en peligro. «Mostró a millones de personas de todo el mundo lo que está ocurriendo en Gaza, pero ¿a qué precio? Estar en Gaza puede costarte la vida, especialmente como periodista», añade.
A pesar del alcance de la información digital, no confía en su permanencia. Las cuentas desaparecen, los mensajes se eliminan y los videos se pierden. Lo que está disponible hoy puede desaparecer mañana.
Esto hace que la información digital sea a la vez poderosa y precaria. Cuando existe acceso, puede acercar al público a la realidad vivida. Cuando se corta, como en el apagón de Irán, crisis enteras corren el riesgo de deslizarse hacia la incertidumbre. «En la práctica, esto se traduce en que oímos hablar de masacres en Irán, pero no tenemos forma de obtener cifras, testimonios, fotos o imágenes», explica Dagher.
Sin imágenes ni testimonios, incluso la violencia a gran escala puede quedar sin verificar, impugnada o ignorada. «Perdemos las voces sobre el terreno y perdemos la verdad», comenta Alaqad.
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