La política migratoria de Trump está causando estragos en la Copa Mundial 2026

Incluso antes del inicio, la Copa Mundial de Fútbol de 2026, que se celebrará del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, Canadá y México, ya está definiendo a ganadores y perdedores fuera del terreno de juego. Concretamente, en la frontera, en el control de pasaportes, en las oficinas consulares y en las salas de espera de los aeropuertos estadounidenses. Entre visados denegados, controles exhaustivos y entradas impugnadas, se está gestando una competición paralela donde los derechos humanos están en juego.
Este Mundial estaba concebido como una celebración global del fútbol en Norteamérica. Por primera vez en la historia, el torneo se celebraba en tres países diferentes, con la intención de unir a todo un continente y convertirlo en un evento aún más inclusivo e internacional.
Pero las restricciones impuestas por la administración del presidente Donald Trump están obstaculizando esos objetivos. Jugadores, entrenadores y árbitros se enfrentan a duras realidades incluso antes de saltar al campo. Actualmente, 39 países tienen prohibido viajar a Estados Unidos, total o parcialmente, y cuatro de ellos, Haití, Irán, Senegal y Costa de Marfil, participarán en la Copa del Mundo. Hasta el momento, los incidentes relacionados con la entrada a Estados Unidos de participantes de Irán, Irak y Somalia están generando controversia y planteando dudas sobre la capacidad de la FIFA para organizar un torneo con igualdad de acceso para todos los participantes.
Las organizaciones de derechos humanos ya han expresado su preocupación por el impacto de las políticas migratorias y el endurecimiento de los controles en los países anfitriones, advirtiendo que el torneo corre el riesgo de convertirse en una prueba (que hasta ahora no parece estar saliendo bien) del respeto a las libertades fundamentales.
Irán, obligado a vivir el Mundial como un viajero
Los casos más emblemáticos de inmigración en EE UU que han salido a la luz hasta ahora involucran a Irán. Tras meses de conflicto y tensiones geopolíticas entre Washington y Teherán, la selección nacional iraní se enfrenta a restricciones de movimiento y a un estricto control durante sus viajes a los estadios estadounidenses para disputar partidos.
Si bien el equipo iraní obtuvo las visas necesarias para sus jugadores, las condiciones fueron particularmente restrictivas. Según el embajador iraní en México, Abolfazl Pasandideh, los miembros del equipo solo podrán ingresar a Estados Unidos el día de los partidos, con la obligación de abandonar el país inmediatamente después del pitido final.
Esta condición para participar obligó a la federación iraní a trasladar su campo de entrenamiento a Tijuana, México, en lugar de la sede inicialmente prevista en Tucson, Arizona. La selección nacional solo podrá cruzar la frontera para disputar los partidos de la fase de grupos, regresando inmediatamente a territorio mexicano una vez finalizados los encuentros.
La situación se complica aún más por el hecho de que no a todos los miembros de la delegación se les ha concedido el permiso de entrada. Quince funcionarios y empleados federales parecen seguir esperando sus visados, mientras que a otros ya se les ha denegado.
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