EE.UU. quiere iluminar la noche con un espejo en el espacio y ya recibió autorización para intentarlo

Durante miles de años hubo una regla que parecía imposible de romper: cuando el Sol desaparecía detrás del horizonte, comenzaba la noche. No importaba cuánto avanzara la tecnología ni cuántas ciudades aprendieran a iluminarse con electricidad: el cielo seguía obedeciendo el mismo ciclo.
Lo curioso es que hace más de un siglo alguien decidió preguntarse si eso realmente tenía que ser así. El físico alemán Hermann Oberth imaginó un enorme espejo en el espacio capaz de reflejar la luz del Sol hacia la Tierra para iluminar regiones específicas incluso después del atardecer. En aquella época la idea sonaba a ciencia ficción; no existían satélites, ni cohetes capaces de llegar al espacio, ni la tecnología para construir algo parecido.
Hoy ese viejo sueño está un paso más cerca de ponerse a prueba. La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos autorizó el lanzamiento de Eärendil-1, un satélite experimental desarrollado por Reflect Orbital que intentará demostrar si es posible reflejar la luz solar desde la órbita para iluminar puntos concretos del planeta durante la noche.
Cuando viajar al espacio todavía era un sueño
La historia no comenzó con SpaceX ni con los satélites modernos. Comenzó en 1923, cuando Hermann Oberth, considerado uno de los padres de la astronáutica, imaginó enormes espejos orbitando la Tierra.
Su idea era sencilla sobre el papel: usar esas estructuras para reflejar la luz solar hacia ciudades, campos de cultivo o regiones donde las horas de iluminación fueran limitadas.
La propuesta sonaba descabellada para su época, pero desde el punto de vista de la física tenía sentido. El problema nunca fue la ciencia, sino la ingeniería. Simplemente no existía la tecnología para construir ni desplegar un espejo de esas dimensiones.
La Unión Soviética demostró que la idea no era tan descabellada
Hubo que esperar casi 70 años para que alguien intentara comprobar si Oberth tenía razón. En 1993, Rusia lanzó Znamya 2, un reflector espacial de unos 20 metros de diámetro que logró desplegarse en órbita y proyectar un haz de luz sobre una franja de Europa. Su brillo era comparable al de una Luna llena.
Era la primera demostración de que el concepto funcionaba. El siguiente intento, Znamya 2.5, terminó muy distinto. El reflector quedó atorado durante el despliegue y la misión fracasó, pero después de eso, la idea volvió a guardarse en un cajón durante años.
Ahora Estados Unidos quiere intentarlo otra vez
Más de un siglo después de los primeros bocetos de Oberth, Reflect Orbital cree que la tecnología actual puede resolver los problemas que antes parecían imposibles.
Su satélite Eärendil-1 utilizará un reflector de 18 metros para redirigir la luz del Sol hacia zonas específicas durante algunos minutos. Y aquí está el detalle importante: no producirá luz propia. Simplemente reflejará la que ya genera el Sol.

Según la empresa, el sistema podría servir para apoyar operaciones de búsqueda y rescate, facilitar trabajos de construcción nocturnos o proporcionar iluminación temporal en lugares donde resulte necesaria.
Si las pruebas funcionan, el siguiente paso sería desarrollar toda una constelación de satélites capaces de ofrecer iluminación bajo demanda.
El reto ya no es tecnológico
Pero resolver el problema de la ingeniería nunca fue el único desafío; ahora la discusión es otra. Astrónomos y organizaciones dedicadas a proteger los cielos oscuros llevan años advirtiendo que cualquier aumento artificial de la iluminación puede afectar las observaciones científicas y alterar los ciclos naturales de muchas especies.
El cielo nocturno también es una herramienta de investigación. Cada nueva fuente de luz dificulta observar galaxias, nebulosas o exoplanetas y agrava un problema que ya preocupa a la comunidad científica: la contaminación lumínica.
Por eso la pregunta ya no es únicamente si podemos iluminar la noche, sino si realmente vale la pena hacerlo, y la preocupación no es menor. De acuerdo con el World Atlas of Artificial Night Sky Brightness, más del 80 % de la población mundial vive bajo cielos afectados por la contaminación lumínica.
En Europa y Estados Unidos la cifra supera el 99 %. En ese contexto, cualquier tecnología capaz de añadir más luz al cielo nocturno inevitablemente abre un nuevo debate entre quienes buscan innovar y quienes intentan conservar la oscuridad.
México también entra en esta conversación
Puede parecer un proyecto muy lejano, pero el debate también alcanza a México. El país alberga uno de los observatorios astronómicos más importantes del mundo: San Pedro Mártir, en Baja California.
La oscuridad de su cielo, la estabilidad de su atmósfera y la gran cantidad de noches despejadas lo convierten en uno de los mejores lugares del planeta para observar el universo.


Su calidad es tal que fue uno de los sitios evaluados para albergar el Thirty Meter Telescope (TMT), uno de los telescopios más ambiciosos del mundo. Aunque finalmente no fue elegido, la candidatura dejó claro el enorme valor científico que tiene conservar cielos libres de contaminación lumínica.
Por eso proyectos como el de Reflect Orbital también despiertan interés entre investigadores mexicanos.
Mientras unos quieren iluminar el cielo, otros intentan mantenerlo oscuro
La discusión resulta todavía más interesante porque México lleva años trabajando en sentido contrario. Astrónomos e instituciones científicas han impulsado iniciativas para reducir la contaminación lumínica alrededor de observatorios como San Pedro Mártir y otros centros de investigación.
El objetivo es proteger la oscuridad natural del cielo, indispensable para realizar observaciones de alta precisión y conservar ecosistemas nocturnos. En otras palabras, ambos proyectos buscan cosas completamente distintas.
Mientras Reflect Orbital quiere aprovechar la luz solar para extender artificialmente el día durante unos minutos, buena parte de la comunidad astronómica trabaja para conservar la noche tal como la conocemos.
Un sueño que tardó más de cien años en salir del papel
Hay un detalle que vuelve esta historia todavía más llamativa. Cuando Hermann Oberth imaginó estos espejos espaciales, el ser humano ni siquiera había puesto un satélite en órbita.
Faltaban más de tres décadas para el Sputnik y casi medio siglo para la llegada del Apolo 11 a la Luna. Su propuesta parecía pertenecer más a una novela que a un laboratorio.
Hoy ya existe una empresa dispuesta a probarla, una autorización oficial para hacerlo y la tecnología necesaria para averiguar si aquella idea realmente funciona.


La pregunta ya no es si podemos hacerlo
Durante más de un siglo, el mayor obstáculo fue la tecnología. Hoy, por primera vez, ese problema parece estar mucho más cerca de resolverse: si Eärendil-1 demuestra que es posible reflejar la luz del Sol desde el espacio, la conversación dejará de girar alrededor del «¿podemos hacerlo?» para centrarse en otra mucho más incómoda: «¿deberíamos hacerlo?»
Porque la idea nunca consistió únicamente en iluminar la Tierra unos minutos más. También obliga a preguntarnos hasta qué punto estamos dispuestos a modificar uno de los ciclos naturales más antiguos del planeta.
Y esa, más que una decisión tecnológica, probablemente será una conversación que involucre a científicos, gobiernos y a cualquiera que alguna vez haya levantado la vista para mirar un cielo completamente oscuro.
En Xataka México | La Tierra viajó a su velocidad más lenta y tú no lo notaste: el Sol es el culpable de todo
En Xataka México | Corea del Sur ha hecho algo inédito: un «sol artificial» que puede ser 7 veces más caliente que nuestro sol… por 30 segundos
DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://www.xataka.com.mx/espacio/ee-uu-quiere-iluminar-noche-espejo-espacio-recibio-autorizacion-para-intentarlo




