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El creador de Internet Explorer encontró un nuevo reto después de Microsoft: revolucionar el mouse

Existen inventos que duran décadas sin cambiar demasiado: el mouse es uno de ellos. Desde que apareció a finales de los años sesenta, ha cambiado de forma, perdió la bola mecánica, se volvió inalámbrico y sumó nuevos botones, pero la idea sigue siendo prácticamente la misma: mover la mano para mover un cursor.

Thomas Reardon cree que ese modelo ya llegó a su límite. Lo curioso es que no se trata de cualquier ingeniero. Hace más de 30 años fue una de las personas que ayudó a desarrollar Internet Explorer, el navegador con el que millones de personas descubrieron Internet, y ahora intenta protagonizar otra revolución tecnológica: sustituir el mouse por una pulsera capaz de interpretar las señales que el cerebro envía antes de que la mano llegue a moverse.

Antes ayudó a cambiar Internet

A principios de los años noventa, Internet todavía era un lugar reservado para universidades, centros de investigación y unos cuantos entusiastas. Navegar por la web no era precisamente sencillo y Microsoft sabía que, si quería competir en ese nuevo mercado, necesitaba un navegador propio.

Ahí apareció Thomas Reardon. Como uno de los principales responsables del desarrollo de Internet Explorer, participó en la creación del navegador que durante años dominaría la web y protagonizaría la famosa «guerra de los navegadores» frente a Netscape Navigator.

Su trabajo no se limitó al navegador. También participó en la adopción de tecnologías como CSS, HTML y XML, estándares que siguen siendo la base de millones de páginas web.

Para muchas personas en México, Internet Explorer fue la primera puerta de entrada a Internet. Era el navegador que venía instalado en la computadora familiar, el que abrían en los cibercafés o el que muchos usaron para crear su primera cuenta de correo electrónico, pero mientras el navegador seguía creciendo, Reardon ya estaba pensando en otro problema.

El ingeniero que dejó Microsoft para estudiar el cerebro

Muchos esperaban que, después de Internet Explorer, fundara otra empresa de software o permaneciera en Microsoft, pero hizo exactamente lo contrario. Dejó la compañía y regresó a la universidad. Primero estudió Clásicas en la Universidad de Columbia y después inició un doctorado en neurociencia computacional.

Explorer

Imagen | Pexels

El cambio parecía extraño para alguien que había dedicado buena parte de su carrera al desarrollo de software. Sin embargo, Reardon estaba convencido de que el siguiente gran salto tecnológico no dependería de un programa más rápido ni de una computadora más potente, sino de entender cómo el cerebro se comunica con el cuerpo, y esa idea terminaría convirtiéndose en su siguiente proyecto.

El mouse casi no ha cambiado en más de medio siglo

Lo curioso del mouse es que ha sobrevivido prácticamente a todas las revoluciones tecnológicas. Douglas Engelbart presentó el primer prototipo en 1968. 

Desde entonces desapareció la bola mecánica, llegaron los sensores ópticos, la conexión inalámbrica y nuevos botones, pero la forma de usarlo sigue siendo la misma: mover la mano para mover un cursor. 

Reardon cree que ese modelo ya alcanzó su límite. Por eso fundó CTRL-labs, una empresa dedicada a desarrollar una nueva forma de controlar las computadoras.

La idea es controlar una computadora antes de mover la mano

Antes de que una persona levante un dedo, el cerebro ya envió la orden para hacerlo. Ese instante dura apenas una fracción de segundo y normalmente pasa desapercibido.

La tecnología de CTRL-labs intenta leer precisamente esas señales neuromusculares antes de que el movimiento ocurra. Para lograrlo no hace falta una cirugía ni implantar un chip en el cerebro. El sistema utiliza una pulsera que se coloca en la muñeca y detecta la actividad eléctrica que viaja desde el cerebro hacia los músculos.

Si consigue interpretar esas señales correctamente, bastaría con la intención de mover un dedo para controlar una computadora. Es un cambio de paradigma: el dispositivo no espera a que el movimiento ocurra, sino que intenta anticiparlo.

Meta vio el potencial antes que nadie

La idea llamó la atención de Facebook, hoy Meta. En 2019 la empresa compró CTRL-labs por una cifra estimada entre 500 y 1,000 millones de dólares e incorporó a Reardon y a su equipo a la división encargada del desarrollo de tecnologías para realidad aumentada.

Ctrl Labs
Ctrl Labs

Desde entonces, Meta ha mostrado distintos prototipos capaces de reconocer pequeños gestos de la mano e incluso la intención de realizarlos. La apuesta es que, en el futuro, gafas inteligentes, computadoras y otros dispositivos puedan controlarse sin necesidad de usar un mouse tradicional.

No busca hacer lo mismo que Neuralink

Cuando se habla de controlar computadoras mediante señales del cuerpo, es fácil pensar en Neuralink; sin embargo, ambos proyectos siguen caminos muy distintos. La empresa de Elon Musk apuesta por implantes cerebrales que requieren una cirugía para comunicarse directamente con el cerebro.

La propuesta de Reardon evita cualquier procedimiento invasivo. En lugar de leer la actividad cerebral, interpreta las señales neuromusculares que viajan hacia la mano antes de que ocurra el movimiento.

El objetivo es parecido: hacer que la interacción con las computadoras sea más natural. Lo que cambia por completo es la forma de conseguirlo.

¿El mouse tiene los días contados?

Probablemente no. Después de todo, sigue siendo uno de los dispositivos más precisos, baratos y fáciles de usar que existen, pero la historia de la tecnología demuestra que ninguna interfaz dura para siempre.

Los teclados físicos dejaron de ser indispensables en los teléfonos inteligentes. Las pantallas táctiles cambiaron la forma de usar los dispositivos móviles y los asistentes de voz comenzaron a reemplazar algunos comandos tradicionales, y Reardon cree que el siguiente paso consiste en eliminar otro intermediario: el movimiento físico.

Mouse
Mouse

Imagen | Pexels

De ayudar a entrar a Internet a cambiar la forma de usar una computadora

La carrera de Thomas Reardon tiene un patrón curioso. Primero ayudó a que millones de personas encontraran una forma sencilla de navegar por Internet.

Tres décadas después, intenta resolver otro problema cotidiano: que mover un mouse deje de ser la principal manera de controlar una computadora. Todavía es pronto para saber si esa apuesta terminará convirtiéndose en el siguiente gran cambio de la industria, pero si ocurre, la historia de Reardon tendrá un detalle difícil de ignorar.

Habrá participado en dos momentos muy distintos de la computación: uno ayudando a millones de personas a descubrir Internet y otro intentando que, algún día, el mouse se convierta en una pieza de museo, igual que ocurrió con los disquetes o los módems telefónicos.

Imagen | Wikimedia, CTRL-Labs

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