El ragebait funciona: por qué nos encanta ver las cosas que odiamos
Los circuitos que buscan depredadores también analizan a los concursantes de reality shows y a figuras polémicas en busca de esa misma señal. Y en lo que respecta al Mundial de este año, cualquier árbitro en el terreno de juego encaja perfectamente en el ciclo anticipatorio que describe Chandler: “La ira puede resultar psicológicamente útil porque da energía a las personas”.
En esencia, cuando ves con aversión a tu equipo rival, el desprecio te da algo que hacer con ello, ya sea reaccionar, predecir o discutir, y “eso puede crear una sensación temporal de control o implicación”, añade.
El debate moral sobre el gusto
Si la neurociencia explica por qué las personas ven contenidos que odian, la sociología explica por qué lo hacen juntas (y por qué el video resumen o la sección de comentarios, y no el programa en sí, es a menudo lo que realmente se consume aquí).
Un estudio cualitativo publicado en First Monday, titulado “El camino hacia la superioridad moral estaba pavimentado con el hate-watching”, reveló que la inmensa mayoría de los participantes veían con aversión programas de reality o a figuras políticas y periodísticas, y lo hacían para sentirse mejores que la persona que aparecía en pantalla.
El investigador principal del estudio, T. Phillip Madison, explica a WIRED Middle East que sus participantes “se sentían mejor consigo mismos al menospreciar el mal comportamiento, el mal gusto o las malas políticas que veían en pantalla”.
Varios participantes describieron que veían programas de reality sensacionalistas, o el discurso de un político, específicamente para “comentarlos” con amigos y familiares. Esto les proporcionaba “una sensación de claridad moral” y, fisiológicamente, “una descarga de adrenalina”, y varios participantes se sentían “enfurecidos” y energizados al odiar algo de forma deliberada.
El estudio también reveló que los espectadores que despreciaban a un presentador seguían estableciendo lo que Madison denomina “relaciones parasociales orientadas al conflicto”, que consisten en un sentimiento hostil, pero muy real, de conexión con una persona a la que nunca conocerán.
“El desprecio crea un vínculo inusual porque combina emoción, moralidad y comparación social”, explica, lo cual es especialmente cierto en el discurso de Love Island, ya que los espectadores participan activamente en críticas generalizadas sobre los comportamientos reales de los concursantes. La edición all-stars de este año de Love Island UK recibió más de 11,000 quejas ante la OfCom, lo que rápidamente pasó de la pantalla a la acción real.
Esto significa, en la práctica, que cuando la conversación es tan intensa y tiene tantas repercusiones, no ver el programa (y, por tanto, no formarse una opinión) se convierte en una forma de irresponsabilidad social.
“Descubrir que un desconocido comparte tu leve aversión hacia alguien o algo puede hacer que te caiga mejor que descubrir que comparten un mismo entusiasmo”, señala Alhaddadeh.
Quizá lo que está impulsando este cambio, argumenta la Dra. Ruta Vaidya, profesora titular de Periodismo y Medios Digitales en la Universidad de Middlesex en Dubái, es que “el público actual parece sentirse más atraído por el realismo que por el puro escapismo. Parte de ello se debe a la enorme cantidad de contenido disponible. Como resultado, la gente suele sentirse atraída por historias que parecen auténticas o que reflejan los problemas que ven a su alrededor. La desventaja es que este tipo de contenido también puede provocar emociones intensas, como ira, frustración y desacuerdo”.
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