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la ciencia lleva 60 años debatiendo si eso realmente sirve

«En nuestra casa hay algo innegociable: que al menos uno de los dos debe estar siempre con ellos«. Así lo declaró Javier Bardem en una entrevista para Esquire durante la promoción de El ser querido, cinta de Rodrigo Sorogoyen en la que interpreta, paradójicamente, a un padre ausente.

Aunque se trata de celebridades de talla internacional que buscan no pasar semanas enteras lejos de sus hijos, asegurar que «uno de los dos debe estar siempre con ellos» remite de inmediato a un viejo concepto de la psicología moderna: los padres helicóptero.

El origen de la etiqueta. En 1969, el psicólogo Haim Ginott publicó Between Parent & Teenager, una obra construida a partir de testimonios de adolescentes. En uno de ellos, un joven describió a su madre como un «helicóptero» que sobrevolaba su vida sin tregua. La analogía se popularizó para señalar un modelo de crianza en el que los adultos nunca se despegan de los menores.

La sobreprotección no es una sola conducta. En 2024, investigadores de la Universidad de Griffith junto a varias universidades europeas plantearon una hipótesis clave: ¿la sobreprotección constituye un solo comportamiento? La respuesta científica fue negativa.

A través de análisis factoriales, los investigadores lograron separar dos formas muy distintas de «estar presente»: la dimensión demandante, basada en el control, la imposición y la toma de decisiones por el menor, y la dimensión receptiva, enfocada en la disponibilidad y el respaldo emocional.

Los resultados fueron contundentes: el estilo demandante se asoció con una menor autonomía en los hijos y con más ansiedad y desgaste emocional en los padres. Por el contrario, la presencia receptiva mostró los beneficios opuestos. Pese a ello, durante años ambas actitudes se agruparon de manera indiscriminada.

Qué dice la evidencia sobre la crianza intrusiva. La revista Clinical Child and Family Psychology Review publicó un metaanálisis que recopiló datos de más de 150,000 participantes para evaluar el impacto de los estilos intrusivos. La correlación con problemas internalizantes, como ansiedad y depresión infantil, se ubicó en 0.24.

Es aquí donde surgen matices interesantes: el factor con peor impacto es el control psicológico (la manipulación afectiva y la invalidación emocional), seguido por la sobreprotección general y la falta de apoyo a la autonomía. La crianza helicóptero como tal quedó en el último puesto de incidencia. En resumen: el impacto no radica en la cantidad de tiempo presente, sino en lo que se hace mientras se acompaña a los hijos.

Mike Scheid 0iqkntlw93a Unsplash
Mike Scheid 0iqkntlw93a Unsplash

El mito de las horas compartidas. Esta conclusión ya había sido documentada en estudios previos. En 2015, científicos midieron el tiempo directo que los menores pasaban con sus progenitores. Encontraron que, en la infancia temprana, el volumen de tiempo materno no presentaba correlación con problemas de conducta, desajustes emocionales ni caídas en el desempeño académico. 

En adolescentes únicamente se halló un vínculo leve entre la dedicación materna y una reducción en conductas delictivas, con un efecto estadísticamente marginal. Los efectos más favorables aparecieron cuando ambos padres coincidían compartiendo actividades con los menores, reflejándose en mejor conducta, notas más altas en matemáticas y menor probabilidad de abuso de sustancias. 

Además, desde el año 2000, los investigadores Häkan Stattin y Margaret Kerr demostraron en una publicación en Wiley que el factor de protección central en la adolescencia no es la vigilancia paterna exhaustiva, sino que los jóvenes sientan la confianza para abrirse voluntariamente. Importa el cómo, no el cuánto.

¿Por qué genera tanta inquietud el tiempo en familia? Paradójicamente, porque hoy los adultos pasan más tiempo con sus hijos que en cualquier época anterior. Una investigación de Giulia Dotti Sani y Judith Treas documentó que, entre 1965 y 2012, el cuidado diario directo de las madres se incrementó de 54 a 104 minutos, mientras que el de los padres subió de 16 a 59 minutos.

Como explicaron José César Perales y Fátima García, la gran transformación de la crianza radica en que la sociedad actual se preocupa de forma genuina por los niños, mucho más que antes. Esa atención intensificada provoca que cualquier malestar en la infancia resuene con fuerza en los adultos.

Una alarma con poco sustento. Al revisar la literatura, la conclusión principal es que las variaciones entre estilos de crianza tienen magnitudes mínimas y muestran una enorme heterogeneidad. Por lo tanto, una vez garantizado buen un nivel de cuidado, las diferencias entre métodos dejan de ser determinantes para el desarrollo. Al final, lo fundamental es acompañar lo mejor posible con los recursos disponibles.

Imagen | IMDb

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