si un trabajador se considera experto, lo despedimos, nadie se considera un experto si conoce realmente su trabajo

«Solo sé que no sé nada». La máxima de Sócrates nos habla sobre cómo aceptar la propia ignorancia es el primer paso para aprender. Por ello, el auténtico peligro surge cuando, al saber un poco de un tema, asumimos que ya lo dominamos por completo. Se trata de un error histórico recurrente para el cual Henry Ford tenía una solución radical: «nos deshacemos de él».
Es bien sabido que Henry Ford era un hombre de ideas muy particulares. Revolucionó la industria al crear el primer automóvil producido en masa, el Ford Model T, gracias a la implementación de la línea de ensamble. Este sistema dependía por completo de una especialización extrema por parte de sus trabajadores.
Para lograrlo, no dudó en superar a su competencia al ofrecer mejores sueldos y repartir los beneficios de la empresa al final del año. El trato era simple: la mitad para los empleados y la mitad para él. La estrategia tuvo tanto éxito que, al día siguiente del anuncio, las afueras de la fábrica colapsaron debido a la cantidad de personas que buscaban la oportunidad de ganar mucho más dinero en la línea de montaje.
La producción en cadena funciona bajo un engranaje tan sencillo como delicado. Cada pieza debe estar en el lugar y momento exactos. Y cada operario debe cumplir rigurosamente con su tarea. En aquella época, el ausentismo laboral y las faltas injustificadas eran tan comunes que Ford ideó este incentivo económico. Al ofrecer un salario muy superior al del mercado, se aseguró de que nadie faltara a su puesto.
En este esquema, si un eslabón de la cadena falla, todo el sistema se ve afectado. Si fallan dos, la producción se detiene. Por ello, el escenario ideal en una línea de montaje es que cada persona trabaje siempre de la misma forma y mantenga el ritmo mediante movimientos repetitivos. Cualquier distracción se traduce en pérdida de tiempo. Y el tiempo es dinero.
Podríamos pensar que estos operarios se convertían en verdaderos expertos en su área. Sin embargo, Ford tenía una postura muy clara al respecto: la puerta de salida. Según se relata en el libro I Invented the Modern Age: The Rise of Henry Ford, de Richard Snow, a Ford le molestaba que sus empleados le contradijeran y, peor aún, que creyeran que ya no tenían nada más que aprender.
«Ninguno de nuestros hombres es un ‘experto’. Lamentablemente, hemos decidido despedir a cualquier hombre en cuanto se cree un experto, porque nadie que realmente conozca su trabajo se considera a sí mismo como tal… En el momento en que alguien adopta la mentalidad de ‘experto’, una gran cantidad de cosas se vuelven imposibles».
El autor explica que la intención de Ford era dejar en claro que la última palabra siempre le correspondía a él. Esto se debía a que era el único con una visión global de la compañía. Y lo cierto es que, por más descabelladas que parecieran sus órdenes, casi todo lo que intentó funcionó.
Esa disposición para experimentar era precisamente lo que Ford valoraba en su equipo. De hecho, el libro menciona que Ford rechazó las críticas de quienes lo acusaron de inflexible: no descartaba ninguna propuesta sin antes analizar todas las alternativas.
Es muy probable que esta filosofía tuviera su origen en su propia formación autodidacta. Según se cuenta, Ford siempre prefirió la experimentación práctica sobre el aprendizaje teórico de los libros.
Foto | Wikimedia
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