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Así se construyó el negocio millonario en torno a la perimenopausia

Advertencia: esta historia incluye referencias a ideas suicidas.

Lisa Schrenk aún no lo sabía, pero su vida estaba a punto de cambiar.

Avanzaba con dificultad por un camino de tierra el pasado agosto. Había salido tarde la noche anterior con su grupo de senderismo, trepando por la montaña Old Rag, en Virginia, en plena oscuridad. Llegaron a la cima justo a tiempo para ver salir el sol sobre la cordillera Blue Ridge. Después, las mujeres se hicieron fotos. En una de ellas, Schrenk contempla el horizonte con su larga melena oscura recogida en una cola. La imagen transmite una sensación engañosa de triunfo. En realidad, había estado pensando en suicidarse.

Schrenk, especialista en tecnologías de la información con una larga trayectoria en el gobierno federal, había empezado a apartar pertenencias para amigos y familiares, a organizar sus asuntos financieros y a vaciar su despacho.

Cambio de planes

Su momento de revelación no se produjo en la cima. Comenzó durante el descenso, cuando escuchó por casualidad a sus compañeras de excursión hablar sobre la terapia hormonal. Una de ellas describió cómo había sufrido una ira intensa, ansiedad y agotamiento hasta que comenzó un tratamiento hormonal que suele recetarse en la menopausia. Ahora, se sentía plenamente realizada. “Pensé: ‘Dios mío’”, recuerda Schrenk. Estaba escuchando cómo se enumeraban algunos de sus propios síntomas. ¿Podría ser esta también la respuesta a sus problemas?

Schrenk ya había intentado convencer a su médico de cabecera de que considerara la terapia hormonal, porque sospechaba que sus problemas de estado de ánimo, resistentes al tratamiento, podrían estar relacionados con un desequilibrio hormonal. Al estar en sus treinta, era posible que se estuviera acercando a la perimenopausia o que ya se encontrara en ella. Es una etapa en la que los ovarios dejan de producir gradualmente hormonas reproductivas y los niveles de estrógeno suelen fluctuar de forma errática a lo largo del proceso. Hasta hace poco, la terapia hormonal se conocía comúnmente como terapia de reemplazo hormonal o TRH.

Pero Schrenk ya tomaba uno de los tratamientos más habituales para los síntomas de la perimenopausia: un anticonceptivo oral que contenía versiones sintéticas de las hormonas progesterona y estrógeno. Su médico descartó la idea de cambiarla a una terapia hormonal, que a veces administra versiones “bioidénticas” de las mismas hormonas, a menudo en dosis más bajas. Sin desanimarse, Schrenk acudió entonces a dos ginecólogos diferentes. “Un ´no´ automático”, recuerda. Uno de ellos accedió a cambiarle la marca de anticonceptivos. No sirvió de nada. La depresión se agravó.

Sin embargo, tras enterarse de la experiencia de su compañera de senderismo, Schrenk empezó a buscar en internet “médicos que acepten la TRH cerca de mí”. Encontró Midi, una startup de telesalud especializada en la atención a las mujeres en la mediana edad, y se inscribió para una consulta por video. “Lloré durante toda mi primera cita, sollozando mientras los mocos y las lágrimas me caían por la cara”, cuenta Schrenk. Su enfermera especializada se mostró dispuesta a cambiar su anticonceptivo por una terapia hormonal, al reconocer que las dosis más bajas y los diferentes tipos de estrógeno y progesterona podrían tener un efecto distinto al de la píldora. Schrenk por fin se sintió escuchada.

Durante los cinco meses siguientes, se reunieron con regularidad para ajustar las dosis y la forma de administración de los medicamentos con el fin de minimizar los efectos secundarios. Schrenk atribuye al tratamiento un cambio radical en su salud mental. “Ya no estoy planeando mi propio funeral”, asegura. En cambio, pasa tiempo con su querido perro, hace muchas rutas de senderismo y se siente notablemente más feliz incluso cuando se queda atrapada en el tráfico de Washington D.C.

El regreso de la terapia de reemplazo hormonal

Por la época en que Schrenk tuvo su revelación personal sobre la perimenopausia, se estaban produciendo grandes cambios en la forma en que la población general accedía a este tipo de medicamentos. La terapia hormonal había caído en desuso durante años, después de que un estudio de 2002 llevara a las mujeres que de otro modo habrían solicitado el tratamiento a sobreestimar los posibles riesgos de cáncer. Los médicos comenzaron entonces a prescribirlo con menos frecuencia. Pero al final de la administración Biden, prácticamente todo el mundo (profesionales médicos, feministas liberales, el movimiento Make America Healthy Again –MAHA–) consideraba un desastre esa nueva tendencia de prescripción. Potencialmente millones de mujeres menopáusicas vivían con cambios de humor, sofocos y sudores nocturnos, y no tenía por qué ser así.

El otoño pasado, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE UU eliminó las advertencias que se aplicaban a la terapia hormonal. En una conferencia de prensa para anunciar la medida, Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud y Servicios Humanos, declaró: «Estamos desafiando ideas obsoletas y reafirmando nuestro compromiso con la medicina basada en la evidencia». Poco después, Alicia Jackson, directora de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Salud del departamento, subió al podio. Jackson, fundadora de la empresa de telesalud Evernow, se había incorporado a la administración Trump menos de un mes antes. «Hoy tenemos la oportunidad de añadir hasta una década de vida saludable a cada mujer que ustedes aman», afirmó.

DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://es.wired.com/articulos/asi-se-construyo-el-negocio-millonario-en-torno-a-la-perimenopausia

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