hay misiles, drones y barcos kamikazes en un punto crucial del planeta

La guerra en Irán tiene repercusiones en distintos frentes, y el comercio no es la excepción. Por ello, que estalle un conflicto bélico en el punto más crucial del planeta para la transacción de bienes es algo alarmante. Más aún cuando esto podría derivar en actos suicidas como bloquear el paso de cargamentos o, peor, atacarlos con misiles, drones y barcos kamikaze. Un efecto que va mucho más allá del Golfo.
A simple vista, este lugar podría parecer solo un canal de agua que separa la península arábiga de Irán. Sin embargo, es aquí donde se sostiene una parte fundamental del comercio mundial. Su papel es tan crucial que cada a día decenas de buques petroleros y portacontenedores lo atraviesan para transportar materias primas y productos esenciales a escala global: el Estrecho de Ormuz.
Con apenas 34 kilómetros de ancho en su punto más angosto, el Estrecho de Ormuz figura como un punto geográfico crítico para el sistema económico internacional. Por esta franja marítima pasan miles de barcos cada mes, los cuales conectan el Golfo Pérsico con el resto del mundo. Su importancia es tal que por allí circula una quinta parte del petróleo, gas natural, así como fertilizantes y productos químicos.
De esta manera, puede decirse que esta zona funciona como una arteria económica por la que se sostienen los mercados energéticos, los campos agrícolas, la industria química y los supermercados. Y si se interrumpe esta ruta todo lo anterior se tambalea. Justo es ese escenario donde nos encontramos. En tan solo cuestión de días, el tráfico por el estrecho ha llegado a un punto crítico: casi cero.

El conflicto militar entre Estados Unidos, Israel e Irán ha hecho que varias embarcaciones sufran ataques. Tanto buques petroleros como comerciales. Al quedar en medio del fuego y ser alcanzados por proyectiles o drones, ha dado pie a que el precio del petróleo sufriera una fuerte alza. Esto dado que compañías navieras comenzaron a cancelar pólizas e incluso elevar el seguro contra guerras.
En medio de este escenario, las medidas correspondientes se han tornado no exageradas, sino drásticas. Por un lado, los barcos atraviesan el estrecho con sistemas de localización apagados a fin de minimizar la probabilidad de ser identificados como objetivo. En cambio, el gobierno de Estados Unidos ha planteado una estrategia mayor: escoltar los barcos con ayuda de la Marina estadounidense.
Al tiempo en que Trump busca ofrecer garantías financieras y seguros políticos para apaciguar a las compañías, se busca evitar una parálisis energética a escala global. El problema con esto, más allá de realizar un complejo despliegue de recursos militares, es que los buques continuarán su trayecto en medio de espacios hostiles. A su vez, recuerda a un episodio similar durante la Guerra Fría en Oriente Próximo: la «guerra de petróleos».


Como explican en Financial Times, durante la década de los ochenta se vivió la guerra entre Irán e Irak. En aquel periodo el conflicto escaló a estrategias de control marítimo en el cual ambos países atacaron buques a lo largo del Golfo por medio de minas navales y ataques aéreos. Básicamente, una batalla kamikaze por haber eliminado parte esencial del comercio. Como resultado, más cuatrocientos barcos comerciales quedaron dañados o hundidos.
Fue así que Estados Unidos se animó a escoltar convoyes y proteger barcos petroleros, aunque con muy poco éxito. Ahora, todo parece indicar que este escenario está por repetirse aunque con una diferencia radical: la presencia de drones y barcos kamikaze. Así, el punto más crucial del planeta nuevamente pende de un hilo. Solo que en esta ocasión el arsenal de Irán ha evolucionado a drones armados, submarinos diésel y embarcaciones con la capacidad de atacar en enjambre.
En medio de vehículos no tripulados de superficie y barcos cargados de explosivos, el riesgo de paralizar el tráfico marino se hace cada vez más latente. Con ello, se incrementa la posibilidad de que los incidentes contra los navíos puedan provocar un despunte en los costos de transporte, así como la búsqueda de rutas alternas. Más largas, por supuesto. De esta manera, los fletes petroleros comienzan a duplicar los precios del transporte marítimo ante la posibilidad de ataques.
Eso sí, el cierre de Ormuz también puede tener consecuencias directas para Irán ya que dependen de exportar su propio petróleo a otros territorios como China. Una estrategia que pone en vilo el sistema económico global al poner en jaque un pequeño estrecho, pero el cual puede provocar un petróleo disparado, fertilizantes escasos y alimentos más caros. En resumen: los países están tentados a usar la energía como arma.
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