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busca desesperadamente a la persona que era antes

Volver a jugar ese título que marcó la infancia suele venir con una promesa silenciosa: sentir lo mismo otra vez. Pero no pasa. El juego arranca, reconoces cada sonido, cada nivel y aun así algo no encaja. La emoción ya no es la misma que cuando se presentó por primera vez.

El problema no es el juego, ni las gráficas, ni las mecánicas. Según la psicología, lo que realmente cambia es la persona que ahora está frente al control y eso podría volverse una verdad incómoda, pero alguien lo tenía que decir.

No estás recordando, estás intentando volver

La teórica cultural Svetlana Boym definía la nostalgia como un anhelo por un hogar que ya no existe o que quizá nunca existió realmente. No es un recuerdo fiel, sino una reconstrucción emocional del pasado, y ahí podría estar el verdadero conflicto.

Cuando alguien vuelve a jugar un título de la infancia, no solo intenta recordar. Intenta recrear una sensación específica. Pero en el momento en que esa ilusión se enfrenta con la realidad, algo se rompe.

Tu cerebro convirtió esa etapa en algo irrepetible

Parte de la explicación está en la memoria. Existe un fenómeno llamado reminiscence bump, una tendencia psicológica a recordar con mayor intensidad lo vivido durante la adolescencia y la adultez temprana. Reportes en Psychology Today explican que esa etapa concentra recuerdos especialmente fuertes porque coincide con el momento en que las personas construyen su identidad.

Videojuegos Adultos

Eso cambia por completo la experiencia de jugar. Porque no solo se recuerda el videojuego, también se recuerda la persona que era cuando se jugaba. Y además, el cerebro hace algo más: suaviza lo negativo, exagera lo positivo y termina convirtiendo esa experiencia en algo mucho más poderoso de lo que probablemente fue.

El verdadero problema: ya no puedes jugar igual

Parte de la razón por la que esos juegos ya no se sienten igual tiene que ver con algo más profundo que la nostalgia. El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi llamó flow al estado mental en el que una persona queda completamente absorbida por una actividad. El tiempo desaparece, la atención es total y todo se siente natural.

Eso era jugar cuando uno era niño. Pero el flow depende de un equilibrio muy específico: el reto debe estar alineado con tu nivel de habilidad. Cuando se es pequeño, todo es nuevo y todo representaba un desafío. Hoy ya no; los adultos entienden patrones, anticipan mecánicas y saben cómo funcionan los juegos antes de que llegue la sorpresa.

Ninos
Ninos

Además, la atención ya no es la misma. Ahora existen preocupaciones, trabajo, cansancio y distracciones externas que antes no estaban presentes. El resultado no es que el juego haya perdido magia. Es que entrar a ese estado mental ya no es tan sencillo.

En México, el gaming cambió de forma importante durante los últimos años; según datos de The CIU, apuntan a que más del 82% de los gamers en el país juega desde smartphones, mientras que jugar en consolas pasó a ser el centro de atención de la experiencia a compartir espacio con formatos mucho más rápidos y fragmentados.

Eso también cambia la relación con los videojuegos. Antes, jugar implicaba sentarse durante horas frente a una consola conectada a la televisión. En la actualidad, gran parte del consumo ocurre en sesiones cortas y principalmente desde el celular. 

Volver a jugar también es una forma de refugio

Aquí es donde todo termina de hacer sentido. El neurocientífico Endel Tulving distinguía entre recordar información y revivir experiencias. Cuando se piensa en ese juego, no se está recordando solo niveles o mecánicas, sino tardes sin responsabilidades, amigos que ya no se ven y una etapa donde todo parecía más simple. Por eso, regresar se siente extraño.

El juego sigue ahí, el momento no. La psicología de la memoria deja en claro que recordar no es lo mismo que revivir. Según Encyclopaedia Britannica, la memoria no reproduce el pasado como un archivo intacto. Lo reconstruye de forma constante.

Videojuegos
Videojuegos

Eso significa que ese juego que se recuerda tampoco existe como se tiene en la cabeza. Es una versión filtrada por el tiempo, las emociones y la nostalgia.

Investigaciones publicadas, como en el Journal of Computer-Mediated Communication, apuntan a que muchas personas regresan a los videojuegos antiguos no solo por entretenimiento, sino por el vínculo emocional que representan.

Porque esos títulos terminaron asociados a una etapa irrepetible de sus vidas. Y quizá por eso volver nunca se siente exactamente igual. No porque el juego haya cambiado demasiado, sino porque la persona también lo hizo.

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